DOI: 10.18441/ibam.26.2026.91.289-337

 

 

 

 

RESEÑAS IBEROAMERICANAS

IBEROAMERICAN REVIEWS

Xosé Manuel Dasilva / Enrique García Santo-Tomás / Mónica Albizúrez / Inmaculada Plaza-Agudo / Germán Alburquerque / Francisco Morales Ardaya / Carmen Ruiz Barrionuevo / Paul R. Merchant / Ricardo Robledo / Pedro Barruso Barés / José Luis Rodríguez Jiménez / Juan Solas Corbacho / Marcos Fernández García / Sebastián Baeza Navarrete / José Zanca / Fernando Pairican Padilla

1. LITERATURA IBÉRICAS: HISTORIA Y CRÍTICA

Tobias Brandenberger y Alexander Altevoigt (eds.): Censura. Manifestações da repressão cultural através do tempo. Göttingen: Göttingen University Press 2025. 189 páginas.

Con carácter previo es necesario consignar que el origen de este estimulante volumen se halla en un evento académico de índole internacional, bautizado con el mismo nombre, que tuvo lugar hacia el final de la primavera de 2023, bajo la organización de la Cátedra José de Almada Negreiros de la Universidad de Göttingen, el cual puso el foco en el impacto altamente significativo de la censura en diversas muestras culturales. El propósito del referido coloquio se dirigió con preferencia a profundizar en esta aciaga actividad como instrumento de persecución política y social, desplegado por el poder político y religioso más que nada, con el fin en su mayor parte de obstaculizar, a menudo con un proceder bastante expreso y otras veces de manera un poco más sutil, los variados productos emanados con libertad de sus creadores. Ahora, en estas páginas, el plural conjunto que se ofrece, con una apariencia notablemente atractiva, acoge un mosaico de diez trabajos pertenecientes a autores principalmente vinculados a la institución anfitriona y a diferentes centros académicos portugueses, como la Universidade de Coimbra, la Universidade de Lisboa y la Universidade Nova de Lisboa.

Conviene reparar detenidamente, en primer término, en algunas de las sugestivas ideas plasmadas en el trabajo preliminar de Tomas Brandenberger, con el título “Formas e momentos da censura: do Index librorum prohibitorum aos sensitivity readers”, que sirve de pórtico adecuado a las propuestas restantes. De inicio, se trae a colación aquí la existencia hoy en día de marcadas sensibilidades, distintas a simple vista de las manifestaciones tradicionales que se reconocen en la práctica de la censura, pero que amparan al fin y al cabo inequívocas señales análogamente coercitivas en razón de algunas semejanzas. Después, se acomete con perspicacia la valoración profunda del concepto inherente de censura, puesto que acostumbra a encerrar, como en absoluto no se ignora, un complejo espectro semántico que se impone delimitar de forma idónea. En tercer lugar, Brandenberger proporciona una perspectiva sintética bastante iluminadora, de naturaleza predominantemente histórica, a la actuación censoria en sí que se desarrolló en el mundo portugués.

En este apartado concreto, se avanza con un criterio ordenado desde evidencias flagrantes correspondientes a la Edad Media hasta el período más reciente. En particular, se reserva una extensión acertada a la trascendencia que alcanzó la organización de los comportamientos fiscalizadores en el siglo xvi, tras la celebración del Concilio Tridentino, donde el papa Pablo V impulsó con implacable decisión el primer Index librorum prohibitorum, actualizado desde entonces con rigor inflexible. Se hace hincapié, de tal suerte, en las inevitables consecuencias fundamentalmente de género adverso que tuvo la persistente vigilancia, afectando con severidad al ejercicio sin trabas de la lectura. En ese sentido, no se deja de poner el acento en que el deplorable repertorio, que llegó a incluir nada menos que alrededor de seis millares de referencias todavía en su versión de 1948, solamente sería objeto de derogación en 1966, bajo el pontificado, tal vez no por mera casualidad como bien cabe conjeturar, del papa Pablo VI.

Todos los textos reunidos exhiben, en condición de aspecto común, la consideración de la censura en el ámbito restringidamente lusitano en distintas etapas, si bien comparecen en un porcentaje estimable las contribuciones centradas en el Estado Novo. Se detecta una solitaria excepción desde el punto de vista temático, la cual está localizada en la visión global “Represión lingüística durante o franquismo: o caso do galego”, de Paula Bouzas. Esta aportación también representa una salvedad de categoría lingüística, ya que supone la única que no está redactada en portugués, siendo su vehículo de expresión la lengua gallega. En dicho trabajo, se profundiza con un enfoque pormenorizado en las múltiples modalidades a través de las cuales se reveló, en los primeros años del régimen franquista, el acoso ejercido en el territorio de Galicia con relación a su lengua propia. Entre ellas, se presta atención a la denominada opresión paralegal, a las fórmulas institucionalizadas de hostigamiento y, finalmente, a la coacción aplicada por medio de agentes ideológicos heterogéneos como la prensa, la escuela y la Iglesia.

Es preciso señalar que, por lo general, la mirada crítica se despliega sobre esferas dispares más allá de la dimensión estrictamente editorial. En efecto, aparecen igualmente el campo musical, el molde fotográfico y el espacio cinematográfico. En el primer caso, resulta pertinente mencionar el estudio “Um ‘olhar’ sobre jazz e censura em Portugal durante o Estado Novo (1933-1974)”, de Pedro Cravinho, mientras que en lo concerniente a lo segundo hay que citar la exploración “Quando o exílio começa antes da partida: Fernando Lemos e os seus retratos do tempo da censura”, de Bruno Marques y José Gomes de Oliveira. En la última parcela, es indispensable hacer alusión a las siguientes investigaciones: “Afinal, quem censurou os filmes estrangeiros...? Os papéis de distribuidoras, censores e tradutores no contexto ideológico do Estado Novo em Portugal”, de Katrin Pieper; “A censura salazarista e o aprimoramento do discurso colonial em Chaimite –A Queda do Império Vátua (1953)”, de Luiz Felipe Florentino; e “Censura ao corpo e erotismo nos filmes franceses durante a ditadura portuguesa (1926-1974)”, de Ana Bela Morais y Eurydice da Silva.

En cuanto a la dedicación singular que se reserva entre los contenidos del libro a los testimonios de tipo propiamente literario, se impone recordar para empezar el cuidadoso análisis, realizado por Luis Henrique Menezes Fernandes, de la meritoria traducción de la Biblia a su lengua nativa de João Ferreira de Almeida, destacada personalidad dentro del panorama que depara el protestantismo portugués a lo largo del peculiar marco ideológico que presidió el siglo xvi. Asimismo, es forzoso resaltar la interesante indagación de Alexander Altevoigt en torno a las actitudes restrictivas de signo antifeminista perceptibles, con mayor o menor visibilidad, en un dilatado arco cronológico que comprende desde el siglo xviii hasta nuestros días. Por último, no se debe omitir la curiosa revisión efectuada por Oliver Zimmermann en lo relativo al elocuente inventario de materiales reprobados, con rango más bien interno, para todas las personas integrantes de la conocida prelatura personal Opus Dei.

Ya para terminar, en calidad de principal valor del presente tomo, es oportuno poner de relieve justamente que entraña una aportación enriquecedora, en estimable medida, para continuar completando el fragmentario conocimiento de los efectos perniciosos del control institucional en sucesivas fases de la historia lusa. Esto comporta un importante valor, sin ninguna clase de duda, sobre todo en lo que atañe específicamente a la época autoritaria tan sombría de Oliveira Salazar, cuya evaluación sistemática arroja un escenario de cariz desfavorable, aún en la actualidad, en comparación con el balance fértil que arrojan las aproximaciones al pertinaz asedio implantado sin remisión en el curso de la dictadura franquista, especialmente en lo que tiene que ver con el sector editorial. Se trata esta circunstancia, desde luego, de una lamentable situación que encuentra su causa determinante, en grado nada menor, en la azarosa preservación que experimentó toda la documentación existente al respecto en los archivos portugueses, por desgracia objetivo de turbulentas agitaciones en los primeros pasos de la Revolución de los Claveles, las cuales derivaron en el asalto espontáneo, con fatales secuelas difícilmente subsanables, de la sede oficial en la que se resguardaban hasta ese momento.

Xosé Manuel Dasilva
(Universidade de Vigo)

Harrison Meadows: Wild Theater: Staging the Margins of Baroque Ideology in the Spanish Comedia. Nashville: Vanderbilt University Press 2025. 336 páginas.

Wild Theater: Staging the Margins of Baroque Ideology in the Spanish Comedia offers a nuanced and fresh approach to the figure of the wild man in early modern Spanish theater by exploring notions of monstrosity and otherness at the intersection of political ideology, gender, class, and race. It is divided into an Introduction (“Situating the Baroque Wild Figure in Western Genealogies of Wildness”), five chapters (“The Battle of Carnival and Lent: Premodern Antecedents of the Baroque Wild Figure”, “Wildness as Monstrosity in the Comedias of Lope de Vega”, “Wild History: Fashioning National Identity in the Mythological Past”, “Of Text and Textile: Gendering Wildness in the Spanish Comedia”, and “Exceptional Wildness in the Skeptical Theater of Calderón de la Barca”), a “Conclusion”, and a thoughtful “Epilogue” titled “Framing Bigfoot: A Genealogy of Savage Misdirection from Segismundo to Sasquatch”. Departing from anthropological and literary studies on the subject such as those by Oleh Mazur, Roger Bartra, and Fausta Antonucci, and complicating some traditional approaches that had somewhat simplistically deployed wildness as an umbrella term to encompass the Wildman (salvaje), the barbarian (bárbaro), and indigenous Americans (indios), Meadows opts for a different path. He argues that wildness is not a problem innate to the nature of a specific theatrical character, but rather a momentary state of being that can only be resolved through the poetics of desengaño by uncovering hidden truth behind the veil of appearances. This resolution is defined by three characteristics, which are its virtualization in theatrical space, the poetics of disillusionment as a function of the discovery of wild figure’s real identity hidden behind their appearance, and the ideological message bound up in said revelation. As a result, this creation becomes a cautionary spectacle in the comedia, whose existence has no space within the civilized order –its domestication is, in the author’s convincing claim, “a thing to be watched” (p. 6)–.

After a preliminary review of the theoretical concepts that will be employed throughout the study including those of desengaño, Baroque, and coloniality –the analysis deploys a fresh, yet sophisticated overview of the practice of staging the salvaje. Through several well-crafted close readings, Meadows argues that the symbolic flexibility of the wild man was an important vehicle to present a world that was undergoing a deep crisis of knowledge, as its very presence posed a threat to the order that created it for the sole purpose of subsequently disavowing its existence. In the Baroque, natural landscapes in which the wild figure lived were no longer imagined as a pastoral locus amoenus, but rather an untamed wilderness that begged to be harnessed under the technical control of the artist (ars). To delimit these spatial dynamics, Meadows’ approach seeks to explain the ideology of the Baroque from its margins, “where the wild figures of the Spanish comedia inhabit the borderlands of containment and embody cultural forces at these sites where dominant and resistant ideological discourses are contested” (p. 16). The wild figure thus provides insight into a “history of unthought” (p. 60) where the borderlands of the culture of the Spanish Baroque are demarcated. For the author, in sum, the parameters defining the humanity of the salvaje are ideologically and dramatically constructed, as are the values projected onto their personae.

As the leading innovator of early modern comedy, it was Lope de Vega (1562-1635) who maximized the ideological, economic, and theatrical possibilities of the virtualized space of the salvaje, when the features and plot devices that characterized his wild characters became the conventions of the genre later copied or reworked by his followers throughout the seventeenth century. The book examines an assortment of paradigmatic texts in which these identities are related to notions of monarchical authority, the honor code, femininity and masculinity, and the performance of empire. As Meadows carefully and methodically argues, the wild figures, usually portrayed as characters wearing animal skins, display few signs of monstrosity in their actions, and are almost never wild –or, as he rightly writes, the wild monsters are not especially monstrous–. In the case of Lope de Vega, for instance, what is at stake in the wild figure plays is precisely the erasure of the space between appearance and reality: “However primitively it may have been displayed in the set design of Lope’s generation” writes Meadows, “the establishment of a physical ‘set’ goes hand in hand with modern theatrical practice (absent from premodern ritualistic carnival practice). In the demarcated space of the stage (coinciding more broadly with the connotation of the corral as an ‘enclosed space’), marginal landscapes are spaces to be harnessed under the playwright’s dramatic control where the wild things that lie within them are domesticated” (p. 57).

Meadows’ argumentative line is supported with excellent micro-analyses. I particularly liked how the author examines three comedias that employ representations of wildness to construct notions of Spanish national identity, and in particular the attention he pays to lesser-known pieces of the Novator period such as Bances Candamo’s La piedra filosofal (1693) or even secondary pieces by canonical authors like Lope de Vega’s El nacimiento de Ursón y Valentín, El animal de Hungría, and El hijo de los leones –picked from three different phases of the playwright’s long career–. When the wild figure is inscribed within the bounds of baroque theatricality, writes Meadows, it simultaneously becomes modern, serving the purposes of popular entertainment that establish and reproduce the ideological commitments of a hegemonic social order: “Then, as now, for ideology to be sustained and reproduced, it requires the cognitive dissonance of a body of adherents to mistake the performative for the innate, natural and, inalienable. That is precisely what is at stake in the gendered performance of wildness in these plays, and I do not seek to make direct claims about the likelihood of original audiences’ perception of the contradictions underpinning their theatrically performed content” (p. 129). Rather, Meadows’ goal is to “reverse engineer the ideological blueprint of this dramatic enterprise and the theatrical mechanisms that make it function”, offering examples that “recover the agency of a set of characters resisting wildly, even as the dominant structures of power in place sought to neutralize the force of their opposition” (p. 129).

Meticulously researched (with over 500 footnotes that cover over seven decades of scholarship) and persuasively written, this excellent and stimulating study is destined to become essential reading for all those interested in the dialogue between identity and performance in the Spanish Baroque. While there exists a relatively solid body of scholarship on the wild figure in early modern Spanish literature that succeeds in properly cataloguing and theorizing its reach as a literary phenomenon, this line of work has insufficiently covered the symbolic depth that wild folk offer towards understanding the ideological parameters of the culture of the time: “the wild figure has a penchant for getting away from its author causing excesses and deformity” (p. 295), as it “does more than lurk in the woods; it protagonizes thought and ways of thinking about a society’s delinquents and its princes, its history and its future, its men and its women, and the value system that underpins it all” (p. 200). Wild Theater reminds us that cultural transgression created a breach in the Baroque, out of which novel and provocative dramatic personae such as the monster were born. “It is then required that it be sufficiently dealt with”, concludes Meadows, “and that breach be closed satisfactorily” (p. 180). This study achieves such goals with flying colors.

Enrique García Santo-Tomás
(University of Michigan, Ann Arbor)

Francisca Vilches-De Frutos / Pilar Nieva-De la Paz (eds.): María de la O Lejárraga (1874-1974). Teatro, feminismo y vanguardia. Madrid: Guillermo Escolar 2025. 302 páginas.

En el espectro de los variados esfuerzos por visibilizar y analizar la autoría de mujeres en las primeras décadas siglo xx se sitúa el libro María de la O Lejárraga (1874-1974). Teatro, feminismo y vanguardia, editado por Francisca Vilches-De Frutos y Pilar Nieva-De la Paz, quienes tienen una trayectoria sostenida en el estudio de las literaturas, las artes escénicas y el género. El libro se compone de once artículos que abordan la obra polifacética de María de la O Lejárraga (1874-1974), nacida en San Millán de la Cogoya, España, y quien tuvo residencias en distintas ciudades hasta encarar el exilio luego de la Guerra Civil, primero en Francia y luego en México y Argentina.

El primer artículo “María de la O Lejárraga (1874-1974), 50 años después: claves para la pervivencia de una autora pionera”, escrito por las editoras, sirve como introducción, dando cuenta de los ejes en que se organiza el libro. En él se plantea una cuestión fundamental para comprender la identidad de María de la O Lejárraga: su invisibilidad autorial al haber desarrollado mucha de su labor literaria bajo la firma de su marido Gregorio Martínez Sierra. De tal manera, cuando el concepto moderno de autoría se extendía globalmente con los consiguientes reconocimientos sociales y económicos, el caso de María de la O Lejárraga plantea el peso de la construcción identitaria femenina relacionada con la comunidad de afectos familiares, ya sea como hijas, madres o esposas, a pesar de las ideas vanguardistas de sus textos. Alda Blanco, estudiosa de la obra de Lejárraga, apunta la posibilidad de entender la firma “Gregorio Martínez Sierra” como una estrategia para realizar la vocación literaria frente a las murmuraciones y presión social.1 Julio Enrique Checa Puerta, en “María Lejárraga: palimpestos y ficción reparadora”, impulsa la visión de las colaboraciones autoriales como un procedimiento contemporáneo a Lejárraga y Martínez Sierra, como sería el caso de los hermanos Machado y Quintero (p. 236).

El libro se encuentra dividido en dos grandes partes. La primera de ellas, bajo el título “Canon, identidad y escrituras del yo”, puede entenderse desde dos perspectivas fundamentales. La primera abarca una contextualización de la vida de la autora y un balance de las iniciativas por reivindicar su presencia en la historia de la vida cultural y literaria española, incluido el exilio. Además del primer artículo referido, el titulado “María de la O Lejárraga a la luz del siglo xxi” es de utilidad para el lector que se inicia en el conocimiento de la obra de Lejárraga porque se hace un recuento de las distintas ediciones y reediciones de obras clave a la luz de los momentos epocales de su escritura. Una puntualización efectuada por los autores, Juan Aguilera Sastre e Isabel Lizarraga Vizcarra, me parece importante: las “colaboraciones” entre Lejárraga y Martínez Sierra no deben entenderse desde una uniformidad, sino las mismas adquirieron distintas formas y márgenes de negociación a lo largo del tiempo.

La segunda perspectiva de la primera parte del libro se lee desde la indagación de los actos, las declaraciones y los gestos que modelan la identidad de María de la O Lejárraga. Los cuatro nudos temáticos son: la maternidad como tema de reflexión, la progresiva transición de la autora hacia una independencia intelectual y afectiva interrelacionando vida y obra, las cartas como experiencia privada de amistad y las cartas como un complejo género escritural que, desde el remanente de privacidad y la función pedagógica, conecta con un público femenino que excede fronteras nacionales y culturales. Respecto de lo dicho, me parecen relevantes dos planteamientos. El primero, tratado por Pilar Nieva-De la Paz, se refiere a cómo Lejárraga, desde el irrenunciable valor maternal asignado a las mujeres en aquella primera mitad del siglo xx, logra ampliar tal valor más allá del concepto del biologismo clásico hacia madres de acogida, adoptivas y madrastras y también hacia una experiencia de parentalidad que prefigura la corresponsabilidad entre hombres y mujeres. Con ello se pueden conectar las reflexiones de Lejárraga con las discusiones actuales sobre los significados del cuidado, los espacios y las comunidades de afectos, en el marco del llamado “giro emocional o de los afectos”. En tal sentido, lo afirmado por Pilar Nieva-De la Paz entra en diálogo con el artículo de María del Carmen Alfonso García centrado en un fragmento de la vida de Lejárraga en 1906, cuando tiene lugar la crisis de la relación con Gregorio Martínez Sierra y la estancia en soledad en Bruselas que permiten a Lejárraga una mayor autonomía en pensar una feminidad menos normativa para la época, como se evidencia en la escritura de la novela Tú eres la paz (1906). Es decir, la novela funciona como un texto especular sobre los trayectos hacia una independencia afectiva en Lejárraga.

El segundo planteamiento radica en lo medial, particularmente en la carta. Francisca Montiel Rayo rastrea la comunicación de Lejárraga con Eugenio d’Ors, la cual atraviesa distancias geográficas, políticas e ideológicas, fundando una relación de amistad masculina y femenina. A propósito, se cita a Lejárraga: “Para mí la amistad es la mayor forma de relación humana” (p. 133), declaración esta que apela de nuevo a los afectos como condición de vida y sobrevivencia. Pero la palabra carta que preside dos obras fundamentales de Lejárraga Cartas a las mujeres de España (1916) y Nuevas cartas a las mujeres (1932) permite a Annette Paatz abrir las perspectivas teóricas entre aquel formato escritural –la carta– y el éxito de una recepción lectora trasatlántica. Ya sea por la labor promocional impulsado por Gregorio Martínez Sierra o por reproducciones sin autorización en publicaciones periódicas, los textos circulan en Hispanoamérica –particularmente Argentina–, a tal punto que otras obras, como Cartas a las mujeres argentinas (1935) de la argentina Herminia Brumana guardan en palabras de Paatz “una deuda muy directa con la producción intelectual de María de la O Lejárraga” (p. 156).

La segunda parte del libro se articula en torno al teatro, bajo el título “Lejárraga/Martínez Sierra en la escena contemporánea: entre la tradición y la vanguardia”. Al respecto, pueden reconocerse tres asuntos: el estudio del carácter vanguardista en la composición teatral –la técnica– en diálogo con la representación de roles de género; la recuperación de la figura de María de la O Lejárraga en obras de teatro del siglo xxi; y la escenificación y recepción del teatro Lejárraga / Martínez Sierra en el marco del exilio. En el primer asunto se ubican claramente los artículos de Francisca Vilches-De Frutos y de Inmaculada Plaza-Agudo, quienes no obstante la focalización en obras distintas, coinciden en el carácter renovador de un teatro gestado en la primera del siglo xx, a través de procedimientos como la fantasía, el hibridismo con la poesía, la incorporación de fragmentos narrativos, el uso de la pantomima hasta la introducción de partituras e ilustraciones líricas, como en la obra “Pastoral”, que forma parte de Teatro de ensueño (1905). Es decir, se trata de un teatro que rompe con el canon realista y que propone algunas relecturas de roles tradicionales femeninos. Sin embargo, como ilustra Inmaculada Plaza-Agudo, se advierten diálogos e incluso acotaciones que revelan un tono patriarcal. Particularmente, para la construcción de la memoria de la violencia de género, cabe mencionar en la obra “Saltimbaquis”, que también forma parte de Teatro de ensueño, el asesinato de Cecilia a manos de Puck en un acto de posesión extrema.

La recuperación de la figura de María de la O Lejárraga en el teatro contemporáneo se estudia, primero, en el artículo de Julio Enrique Checa Puerta, quien utiliza la nomenclatura “ficción reparadora” (p. 241) para sintetizar la visibilización de la autora en el marco de la ficción contemporánea, específicamente en el teatro. Se nota, en tal sentido, un interés de Checa Puerta en confrontar el discurso ficcionalizador con fuentes documentales, como ocurre con la obra Firmado Lejárraga (2023) de Vanesa Montfort detectando lo que él llama distorsiones y por lo tanto “dificultades para que pueda ser interpretada en el ámbito de la realidad, menos aún en el de la verdad” (p. 250). El artículo de Luisa García-Manso, por su parte, se centra en la obra de teatro María tres veces amapola, María… (2002) de Maite Agirre. Calificándola de teatro documental, García Manso emplea con acierto el enfoque de la estudiosa Carol Martin (“Bodies of Evidence”, The Drama Review, 2006: 1.3, pp. 8-15) sobre cómo en este tipo de teatro el trabajo creativo radica en el proceso de selección, edición, reorganización y presentación de aquellos recursos documentales. Del artículo de García Manso se destaca el análisis de los recursos metateatrales, intertextuales –especialmente respecto de La hora del diablo (1926)– y metamnemónicos para ofrecer una visión personal y poética de la vida y obra de Lejárraga.

El libro se cierra con el artículo de Yasmina Yousfi López sobre la representación de la obra Canción de cuna en Paraguay en 1941 y en Perú en 1948. Además de la recuperación de fuentes hemerográficas que permiten dar cuenta de la exitosa recepción de las representaciones, en este artículo se plantea el imperativo de explorar las literaturas de los exilios en lugares “al margen de movimientos diaspóricos” (p. 279). Esta perspectiva resulta iluminadora, no solo para las literaturas del exilio español, sino para otras acaecidas en el siglo xx porque permite recomponer la cartografía de redes y diálogos trasatlánticos e interregionales. En tal sentido, como sostiene Yousfi López, la representación de Canción de cuna en Paraguay solo es posible por la presencia y el trabajo institucional de los intelectuales españoles Gerardo Oca del Valle y Josefina Plá. En el caso de Lima, la gira de la compañía de teatro de Margarita Xirgu sedimenta, junto a la figura de Edmundo Barbero en el trabajo institucional local, aquella puesta en escena.

María de la O Lejárraga (1874-1974). Teatro, feminismo y vanguardia no solamente representa una cuidadosa edición que se une al trabajo reivindicativo de la polifacética autora española, sino propone ejes de reflexión útiles para otras mujeres españolas e hispanoamericanas que escribieron en la primera mitad del siglo xx desde lugares de enunciación problemáticos respecto del concepto de “autoría” y que se movieron a través de distintas fronteras nacionales y culturales. Traerlas de nuevo al canon –refundarlo– representa entonces una tarea historiográfica que se nutre del análisis desde distintos vectores espaciales y esfuerzos interdisciplinarios. En tal sentido, este libro cumple con bastante eficacia esa tarea.

Mónica Albizúrez
(Universität Hamburg)

Diego Santos Sánchez / M. Serrano Aguilar (eds.): “El niño mirará al mundo, la niña mirará al hogar”. Literatura y género bajo el franquismo. Madrid / Frankfurt: Iberoamericana / Vervuert 2024 (La casa de la Riqueza. Estudios de la Cultura de España, 80). 443 páginas.

El volumen que aquí se presenta, editado por Diego Santos Sánchez y M. Serrano Aguilar, ofrece una lectura amplia y abarcadora de diversas manifestaciones literarias generadas bajo el franquismo desde los presupuestos de los estudios de género. Tal y como nos recuerdan los editores en el capítulo introductorio (“De la norma a la disrupción: género, literatura y franquismo”) que precede a los quince trabajos que conforman el libro, destaca, en primer lugar, la pluralidad de perspectivas desde la que se aborda el hecho literario, que incluyen la crítica literaria feminista, los estudios de la masculinidad, los estudios LGBT y las aportaciones de la teoría queer. Resulta, por lo demás, todo un acierto, así como un enfoque novedoso, el hecho de que se atienda no solo a las producciones literarias en el interior del país, sino también a las generadas en el marco del exilio republicano, que permitió una marcada continuidad con los modelos del periodo de preguerra. Santos y Serrano inciden, asimismo, en cómo en el volumen se presta atención a textualidades fuera del canon, como las que conforman la literatura popular, que desempeñaron un papel clave en la conformación de las identidades de género, a la vez que resaltan el carácter diacrónico de la mirada ofrecida, que toma en cuenta los cambios que se fueron produciendo a lo largo de la dictadura.

La primera sección del volumen, “Mandatos”, está conformada por cinco capítulos que abordan modelos de identidad masculina y femenina en creaciones literarias afines a los presupuestos del régimen. En el primero de ellos, “Género, nación y virilidad en el primer franquismo: algunas propuestas para el análisis”, Zira Box indaga en cómo la concepción de la nación durante el franquismo estuvo estrechamente vinculada a un modelo de virilidad entendida como fuerza, valentía y arrojo, pero también como autocontrol y austeridad, y al que se oponía el llamado afeminamiento, que se vinculaba con la España de la República. Destaca asimismo las ventajas que se derivan del uso de la virilidad como categoría analítica, frente a la noción de masculinidad, plural y cambiante. En “Representaciones falangistas de la virilidad en La fiel infantería, de Rafael García Serrano”, Javier Sánchez Zapatero analiza las imágenes de la virilidad en La fiel infantería, novela del escritor falangista Rafael García Serrano, que recrea, en clave ficcional, la propia experiencia del autor durante la Guerra Civil. En la obra, se lleva a cabo una sublimación de lo militar y castrense, conformándose una representación de la virilidad que incide en la camaradería entre los combatientes falangistas y en la que se exaltan sobre todo la violencia y el arrojo de quienes se muestran dispuestos a morir por la defensa de sus ideales. En “Novios de la muerte: el sentido colonial de las masculinidades durante el primer franquismo”, Anna Crespo Lázaro estudia la construcción de las masculinidades conservadoras durante el franquismo desde una perspectiva decolonial, que destaca el vínculo que dicho proceso guarda con los modelos de masculinidad generados en el marco de los conflictos coloniales en las primeras décadas del siglo xx. A su vez, se resaltan las raíces noventayochistas de las prácticas necropolíticas del régimen, lo que conecta con el papel relevante que en el imaginario nacionalcatólico se dio a la figura del legionario.

En “La doma de la mujer: metáforas animales en el discurso de la Sección Femenina durante la dictadura franquista”, Irene Rodríguez López ahonda en la animalización que la ideología del régimen llevó a cabo de los sujetos femeninos. Particularmente se centra en cómo la Sección Femenina de Falange utilizó, en manuales, textos escolares, revistas, etc., una amplia gama de metáforas de origen animal asociadas a las mujeres para subrayar su naturaleza pasional y su inferioridad intelectual, lo que redundaba, por un lado, en la consideración de la maternidad como la finalidad fundamental de su existencia, y, por otro, en la necesidad de “domarlas” para refrenar sus instintos, llegándose incluso a justificar la violencia. En “Género e ideología en la narrativa de Mercedes Formica”, Susana Bardavío Estevan plantea una revisión de la narrativa de Mercedes Formica desde un enfoque de género, con el fin de indagar en sus posicionamientos ideológicos con respecto a la situación social de las mujeres en el franquismo. Del estudio de una serie de novelas que la escritora gaditana publicó en las décadas cuarenta y cincuenta, Bardavío extrae interesantes conclusiones que contribuyen a matizar la posición feminista de Formica, que, en su narrativa, plasmó ideas que, en lo que se refiere a la subalternidad de las mujeres, están próximas a las del falangismo más clásico.

La sección “Posibilismos”, conformada por cinco trabajos que analizan propuestas que muestran visiones implícitamente disidentes con respecto a la ideología del régimen, la abre el ensayo “‘…Y además sabe guisar’. Imaginarios en torno a la escritura y la autoría femenina en España (1940-1960)”, en el que Isabel Clúa analiza la imagen autorial femenina proyectada en la prensa generalista de las décadas cuarenta y cincuenta. Va desgranando, así, diferentes estrategias empleadas para minusvalorar la creación narrativa de unas autoras que estaban ganando algunos de los premios más prestigiosos del momento. Incide también en la tensión que implicaba la construcción de una imagen pública de la escritora que resultara asumible y compatible con el sistema de género tradicional imperante, lo que, con frecuencia, llevaba a entrevistadores, críticos e incluso a las propias novelistas a insistir en dimensiones de su identidad conectadas con la domesticidad. Finalmente, se resalta cómo, en ocasiones, el éxito de las autoras se vinculó con la devaluación del sistema editorial. En “La escritura volandera de Carmen Laforet. ‘Puntos de vista de una mujer’ (Destino, 1948-1953)”, Blanca Ripoll Sintes analiza los artículos que, bajo el marbete “Puntos de vista de una mujer”, Carmen Laforet publicó en el semanario Destino entre 1948 y 1953. En su artículo, Ripoll atiende a cuestiones relacionadas con la autoimagen ofrecida por la autora, la construcción de la cotidianeidad o los/as lectores/as implícitos/as, pero sobre todo a aspectos conectados con la reflexión sobre la escritura o con impresiones de lectura, autores/as admirados, etc. En “Las escritoras en la colección La Novela Popular (1965-1967): Clara Janés, Dolores Medio, Caty Juan, María Luisa Picklesimer, Carmen Nonell y Carmen Saint-Martin”, Carmen María Pujante Segura estudia las novelas cortas de autoría femenina publicadas en dicha colección. Entre las narradoras que colaboraron, junto a figuras consolidadas y con una importante trayectoria previa, como Dolores Medio o Carmen Nonell, están escritoras jóvenes, como Clara Janés, o María Luisa Picklesimer. Lejos del canon de la narrativa del franquismo, se encuentran también las otras dos autoras que engrosan la nómina: Caty Juan, conocida sobre todo como pintora, y Carmen Saint-Martin, que tiene casi setenta años cuando publica.

En “Concentrar la mirada en la homofobia: la tensión secreta en ‘Hombres’ de Jesús Fernández Santos”, Santiago López-Ríos analiza las diferentes versiones del relato “Hombres”, de Jesús Fernández Santos, con el fin de indagar en el tratamiento que se da a la homofobia y la homosexualidad masculina. Presta, así, especial atención a la primera edición del texto, aparecida en Revista Española en 1953, y a la segunda de 1958 en el volumen Cabeza rapada, y va contrastando las diferencias entre una y otra en lo que se refiere a la perspectiva que el narrador testigo va ofreciendo del personaje central, detrás de cuyo asesinato subyace una velada homofobia y cuya orientación homosexual es tan solo sugerida pero no confirmada. López-Ríos subraya el carácter elusivo del relato para salvar la censura, de manera que su interpretación debe correr a cargo de los lectores. En “Las traducciones de To the Lighthouse (1927) de Virginia Woolf durante y después de la dictadura franquista”, Gora Zaragoza Ninet realiza un recorrido por las diez traducciones al español de Al faro, de Virginia Woolf, prestando atención asimismo a los paratextos que las acompañan, a los comentarios y notas. En su análisis, la autora constata cómo una de las traducciones más aplaudidas es la que Carmen Martín Gaite realizó en el año 1978, al tiempo que apunta a cómo durante el franquismo la novela no se vio afectada por la censura, si bien, en algunos de los paratextos a las traducciones editadas en ese periodo, se omitieron determinadas palabras, así como cualquier referencia al compromiso feminista de la autora y del texto.

La tercera sección, “Márgenes”, consta de cinco ensayos, en los que, partiendo de un concepto amplio de marginalidad, se visibilizan representaciones y creaciones alejadas de los ideales hegemónicos y/o en las afueras del campo literario o en un contexto como el exilio. En “Mujeres y trabajadoras: discursos y representaciones en la narrativa bajo el franquismo”, Cristina Somolinos Molina analiza la representación de las mujeres trabajadoras en una serie de novelas de autoría femenina publicadas en distintos momentos de franquismo. Se abordan, en este sentido, dos grandes grupos de obras: de un lado, aquellas en las que el acceso de las mujeres al trabajo remunerado aparece como telón de fondo pero son otras las temáticas centrales (es el caso de Muchachas que trabajan, de Ángeles Villarta; Primero derecha, de Rosa María Cajal, y Taller, de Mercedes Ballesteros); de otro, dos novelas que representan desde una perspectiva realista la cuestión del trabajo femenino, con referencias a las problemáticas por las que se veía afectado en la época (son El pez sigue flotando, de Dolores Medio, y La madama, de Concha Alós). En “Romper las amarras: las Fátimas, Aixas y Zohras de la narrativa española del franquismo (1939-1975)”, Yasmina Romero Morales ahonda en las imágenes de las mujeres marroquíes en la narrativa popular de autoría femenina publicada en el franquismo, desde una perspectiva basada en un doble enfoque, poscolonial y de género. Romero López aglutina en cuatro grandes grupos estas representaciones estereotipadas: la mora-paisaje, en la que se enfatiza su indumentaria y muy específicamente el velo; la mora-sherezade, de la que se subrayan su atractivo físico y su capacidad de seducción; la mora-bestia, en la que se resalta su duro trabajo en el campo, y la mora-bruja, de la que se resaltan sus capacidades adivinatorias y mágicas. En “El exilio como isla o lugar de lo posible en la poesía de Ana María Martínez Sagi”, Lucía Cotarelo Esteban estudia cómo el exilio en Estados Unidos, por sus especiales circunstancias, hizo posible la pervivencia del modelo de la “mujer moderna” que muchas autoras encarnaron en el primer tercio del siglo xx, de manera que, en el país norteamericano, pudieron con frecuencia ejercer profesiones liberales altamente cualificadas y escribir y publicar unas obras transgresoras. Es el caso de la poeta Ana María Martínez Sagi, cuya poesía se analiza desde el punto de vista de la plurisignificación de la imagen de la isla, que le permite la expresión de un deseo de índole homoerótica. En “El ensayo feminista censurado (1966-1978)”, Pilar Godayol aborda los avatares vividos en el proceso de censura por algunos ensayos clásicos del feminismo español y catalán en el tardofranquismo, momento en el que se produce un incremento del interés editorial por este tipo de textos. Se analiza, entre otros, el proceso de censura de obras tan relevantes como La dona a Catalunya y El feminismo ibérico, de Maria Aurèlia Capmany, o Mujer y sociedad y Cartas a una idiota española, de Lidia Falcón.

Cierra el volumen el bloque “Disrupciones”, conformado por un único ensayo “‘También ‘nosotras’ somos España. ¿O no?’: la representación literaria de la disidencia sexogenérica en el tardofranquismo (1968-1975)”, en el que Alejandro Coello Hernández y Carlos Alayón Galindo realizan un repaso por manifestaciones culturales generadas en los últimos años del franquismo con el fin de indagar en la representación que se hace de la disidencia sexogenérica. Tras apuntar las dificultades que entraña analizar estas representaciones desde categorías actuales, van presentando un corpus de obras, entre las que encontramos relatos como “Lilí Barcelona”, de Terenci Moix, o “Correo urgente”, de Ana María Moix; novelas como Catalina Park, de Orlando Hernández, y Tatuaje, de Eduardo Mendicutti, que ganó el Premio Sésamo en 1973; o creaciones transmediales como el documental Celtiberia gay, de Jesús Alcalde y Ricardo J. Barceló, la obra de teatro Flor de Otoño. Una historia del barrio chino, de José María Rodríguez Méndez, y su adaptación cinematográfica Un hombre llamado Flor de Otoño, y el cómic La Piraña Divina, de Nazario.

La presentación realizada deja entrever que estamos ante un volumen fundamental que abre nuevas líneas de trabajo para abordar el hecho literario bajo el franquismo. Destaca, así, en primer término, la diversidad de los quince ensayos que lo conforman y que constituyen una magnífica muestra de aplicación al análisis de propuestas literarias concretas de presupuestos teóricos y metodológicos variados, como la crítica literaria feminista, los estudios sobre las masculinidades, los estudios decoloniales o los estudios LGBT. Son, asimismo, diversas las textualidades analizadas, que incluyen novelas, relatos, ensayos, artículos en prensa, etc., sin excluir creaciones situadas en el marco de la llamada literatura popular o traducciones. Resulta, por lo demás, remarcable el hecho de que los ensayos realizan calas en obras gestadas en diversos momentos de la evolución del régimen, lo que nos permite vislumbrar los cambios y permanencias que desde un punto de vista de género tuvieron lugar a lo largo de casi cuarenta años de dictadura. Por todo lo anterior, cabe celebrar una vez más la publicación de un libro como el reseñado, que constituye una muy significativa contribución al ámbito de los Estudios Hispánicos y que es de esperar se convierta en revulsivo para nuevas investigaciones.

Inmaculada Plaza-Agudo
(Universidad Nacional de Educación a Distancia, Madrid)

2 LITERATURA LATINOAMERICANA: HISTORIA Y CRÍTICA

Emilio J. Gallardo-Saborido / Paula García Talaván (eds.): Seguras fortalezas de amistad. (Des)encuentros entre la literatura latinoamericana y los países comunistas europeos. Madrid / Frankfurt: Iberoamericana / Vervuert 2025 (Nexos y Diferencias. Estudios de la Cultura de América Latina, 90). 292 páginas.

Cuando en 1999 Frances Stonor Saunders publicó Who Paid the Piper: The CIA and the Cultural Cold War (versión en español de 2001: La CIA y la guerra fría cultural), se abrió un campo prolífico de estudio enmarcado en el afán de examinar las dimensiones menos espectaculares de la Guerra Fría pero tanto o más sugestivas. Se incluía ahora en la discusión a actores no tradicionales como lo eran los intelectuales o las instituciones culturales. También bajo la lógica de ampliar la perspectiva reconcentrada en las superpotencias, con el concepto de Guerra Fría global se introdujo con fuerza a las regiones periféricas que no en vano habían sufrido las consecuencias más dolorosas del conflicto bipolar. Uniendo ambas perspectivas distintos trabajos han abordado cómo la Guerra Fría cultural se hizo presente en América Latina, estela en la que podemos mencionar La guerra fría cultural y el exilio republicano español. Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura (1953-1965), de Olga Glondys (2012), La guerra fría cultural en América Latina: desafíos y límites para una nueva mirada de las relaciones interamericanas, editado por Benedetta Calandra y Marina Franco (2012), Neither Peace nor Freedom: The Cultural Cold War in Latin America, de Patrick Iber (2015), La historia como arma. Los intelectuales latinoamericanos y la Guerra Fría, de Rafael Rojas (2025) y mi obra La trinchera letrada. Intelectuales latinoamericanos y Guerra Fría (2011).

Al interior de ese género es ya posible reconocer un subgénero: el estudio de las relaciones entre los escritores latinoamericanos y la Europa de los socialismos reales, y que es el campo donde se inscribe la obra que reseñamos, Seguras fortalezas de amistad. (Des)encuentros entre la literatura latinoamericana y los países comunistas europeos, editada por Emilio J. Gallardo-Saborido y Paula García Talaván. Como decimos, no cae en una tabula rasa, de hecho, los mismos editores y varios de los colaboradores del volumen ya vienen investigando y escribiendo sobre una temática en la que se anotan también aportes destacados como los de Tobias Rupprecht con Soviet Internationalism after Stalin. Interaction and Exchange between the USSR and Latin America during the Cold War (2015), y Rodrigo García Bonillas con Moscú por venir. Nueve escritores iberoamericanos en viaje al cosmos soviético (1920-1959) (2024), además de la extensa producción de Michal Zourek, especializada en la antigua Checoslovaquia.

Fruto del proyecto de investigación colectivo “Escritores latinoamericanos en los países socialistas europeos durante la Guerra Fría”, Seguras fortalezas de amistad representa una sólida y heterogénea muestra del trabajo interdisciplinario de filólogos, historiadores e investigadores de la literatura que se aventura en esta improbable pero estrecha relación entre los escritores de América Latina del siglo xx (pues lo que se lee excede el periodo de la Guerra Fría) y los países detrás de la cortina de hierro. En la introducción, titulada “Lecturas de la Guerra Fría cultural desde la literatura latinoamericana: contextos, problemas y nuevas aportaciones”, Paula García y Emilio Gallardo-Saborido explican que el objetivo ha sido explorar el capital simbólico que los escritores ponían en juego en una coyuntura que conectaba la conformación identitaria del campo cultural latinoamericano, la mundialización de la literatura de esta parte del mundo, y la contienda planetaria de la Guerra Fría que empujó a los intelectuales a expandir sus fronteras. Así, los creadores “se dan a conocer…, crean lazos de colaboración, absorben la literatura de autores de espacios lejanos y buscan vías de promoción para sus obras”. Los participantes del volumen giran en torno a la consigna de “comprobar si su experiencia en estos escenarios modificó sus convicciones políticas, si adoptaron características propias de modelos literarios foráneos y qué imagen de las dos potencias y de los dos sistemas ideológicos en lucha decidieron transmitir después en sus países de origen”.

Tres partes estructuran la obra. La primera se titula Viajes y abunda en las significativas visitas que hicieron poetas y narradores a los países del Este (advirtamos que, pese a los propósitos más amplios, con solo una excepción todos los capítulos versan sobre relaciones entre escritores latinoamericanos y la Unión Soviética. Hacemos votos para que en un futuro se puedan iluminar los vínculos con otros países como la ya mencionada Checoslovaquia o la Alemania Democrática, que propiciaron testimonios tan sabrosos como el del, por ese entonces, periodista Gabriel García Márquez en 1957). El eje que aglutina los cinco estudios de la sección es el contraste entre la ilusión y la realidad que genera la Unión Soviética una vez que se materializa un viaje, a veces, largamente anhelado. En “Rusia por dentro desde la izquierda uruguaya”, Carmen Luna Sellés se introduce en el campo cultural uruguayo de posguerra para mostrar las discrepancias que surgieron entre representantes de distintos sectores de la izquierda a la hora de evaluar lo observado en tierras soviéticas, partiendo por el testimonio de Lauro Cruz Goyenola, “Rusia por dentro”, que devela la decepción que le provocó conocer la tierra de los soviets. Es el punto inicial de posturas que, proviniendo del comunismo o de la izquierda no comunista, pusieron en tensión la propaganda, la lealtad al partido y a los ideales, y la honestidad frente a lo visto, y configuraron un debate que se ancló en las diferencias partidistas locales.

Un poeta argentino no sufriría contradicciones. Así nos lo revela Ana Davis González en su capítulo titulado “El imaginario soviético en textos breves de Raúl González Tuñón y su filiación con la izquierda revolucionaria (1942-1954)”. Esto porque el comunista González Tuñón desde antes que conociera la URSS escribió páginas laudatorias. Así, lo que contempló en su visita en 1953 solo vino a confirmar la imagen ideal que se había diseñado. La autora hábilmente combina poemas, notas periodísticas e impresiones de viaje para seguir una trayectoria que se inició en los años treinta.

Por su parte, Carmen Becerra Suárez, en “Ideología y realidad. El caso de Miguel Otero Silva”, aborda el recorrido del novelista, intelectual y político venezolano, militante comunista hasta 1951. Aquí el viaje-hito hacia la URSS se vivenció hacia 1965, interesándose Becerra por la conferencia que Otero pronunció a su regreso, sin descuidar sus políticamente elocuentes novelas. Otero descubrió luces y sombras en la URSS, aunque el tono general fue de desencanto. Lo que más le impactó, eso sí, fue el digno nivel de vida de la población, libre de miseria, tanto en el campo como en las ciudades.

Alberto Custodio Romero Vallejo, en “María Luisa Mendoza en la URSS: un viaje entre letras”, se dedica a la primera de las dos únicas mujeres estelares del volumen. Mendoza, escritora y periodista mexicana, viajó en 1973 a la Unión Soviética por motivos profesionales, anticipando la visita del presidente Luis Echeverría a ese país. Sus crónicas se agruparon en el libro Raaa Reee Riii Rooo: Rusia (la URSS). Con simpatías ideológicas de izquierda y vínculos con el PRI, Mendoza entregó una imagen positiva de la URSS, del estándar de vida de su gente, del respeto a la cultura, de la alegría, aunque también se esmeró en mostrar los parecidos con otras sociedades europeas o incluso americanas.

Heberto Padilla es el protagonista de la siguiente colaboración. En “‘En los bosques de Rusia’. La escritura de Heberto Padilla entre Cuba y la Unión Soviética. De Fuera de [sic] juego a La mala memoria, y viceversa”, Milena Rodríguez Gutiérrez repasa la significativa estancia del poeta en la URSS entre 1962 y 1964, que dio origen al libro Fuera del juego (1968), en el cual Padilla selló su desencanto con el comunismo y en especial con el peso del totalitario estado soviético sobre la cultura. La autora contrasta este registro con La mala memoria (2008) y con el video de la autocrítica de Padilla en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (1971), verdadera performance –como lúcidamente interpreta Rodríguez– que solo fue posible observar en 2022. No hubiese venido mal una lectura del poemario En mi jardín pastan los héroes, detonante del célebre caso Padilla.

La segunda parte del volumen se titula Ficciones y, sin abandonar la centralidad de las visitas a la URSS, se concentra en la huella que estas dejaron en las creaciones de los escritores latinoamericanos. Abre la sección “Una nube con faldas: poética y política de Lila Guerrero”, de Emilio J. Gallardo-Saborido, capítulo dedicado a la segunda mujer de la colección, la argentina nacida en Viena Lila Guerrero, escritora y traductora comunista de ascendencia rusa que encarnó, según el autor, el perfil de militante comunista y prosoviética, animadora de redes transatlánticas de activismo político. Desde Argentina, donde llegó a los dos años en 1908, viajó a la Unión Soviética en 1925, manteniéndose allí hasta la Guerra Civil española, para regresar a Argentina en 1938. El autor aborda, entre otros géneros, los libros de poemas en que Guerrero vertió su subjetividad al servicio de la causa socialista.

En “Elegía y el arraigo moscovita de Pablo Neruda”, Pablo Sánchez captura un episodio de la larga trayectoria militante del poeta chileno, señero comunista y fuente de controversias y contradicciones aún presentes en el póstumo libro Elegías, componente medular del estudio. Quizá el más representativo escritor latinoamericano comprometido con el comunismo soviético, viajero frecuente, además, a la Europa socialista, desde los tiempos de Stalin Neruda poetizó la gesta histórica de la URSS y lo seguiría haciendo hasta su muerte. Es lo que Sánchez consigue con su aporte: tensionar desde la creación lírica y el análisis de sus memorias la inquebrantable lealtad del poeta al comunismo soviético.

Por su parte, Paula García Talaván, en “A una distancia infinita: la Unión Soviética en tres novelas de Jesús Díaz”, analiza la obra del narrador cubano, quien visitó Siberia en 1977. La autora conecta distintas etapas de la relación entre Cuba y la URSS, desde la amistad forzada hasta el rechazo total de los isleños en los años noventa, década en que se sitúan las novelas de un escritor que terminaría saliendo de su país por la asfixiante atmósfera cultural de la Cuba de Castro.

Cerrando este conjunto se encuentra “Un cubano en Rusia: el yo ficticio y el yo empírico en la prosa autográfica de José Manuel Prieto”, de Jesús Gómez-de-Tejada. Prieto viajó como becado a la URSS en 1981, donde estuvo hasta 1986. Luego volvió a vivir en la URSS/Rusia entre 1988 y 1994. Casado con una mujer rusa, las experiencias en el país euroasiático alimentaron buena parte de su producción literaria, que pudo variar en género –novelas, cuentos, ensayos, libros de viaje– pero no en su impronta autobiográfica. En su obra el espacio exsoviético no es objeto de cuestionamientos políticos ni morales, es simplemente el escenario, un territorio que, como confiesa, llegó a “amar profundamente”.

La tercera sección se titula “Traducciones” y se compone de un solo capítulo, “La literatura latinoamericana en el campo cultural de la última década del régimen comunista rumano”, de la profesora Ilinca Ilian. Nos parece de peculiar interés no solo por variar la referencia soviética sino por su contenido y metodología. Se sitúa en la Rumania de posguerra, sobre todo en la era “post dogmática”, y analiza la traducción de obras literarias latinoamericanas al rumano, objeto de estudio que la autora conserva sujeto a la contingencia política del país liderado por Ceaușescu, combinando los intereses de las autoridades –censura incluida–, los del cuerpo de hispanistas y traductores, y los de los autores latinoamericanos. Ilian recurre a un análisis cuantitativo para ponderar el número de traducciones al español, dando cuenta del caluroso interés por unas obras que habitaban por los años setenta y ochenta el cénit de su prestigio; así como a análisis cualitativos que se nutren, entre otras fuentes, de ilustrativas entrevistas a los profesores hispanistas. Se redondea así un trabajo complejo y multidimensional que funge como inmejorable colofón para un volumen sugerente y enriquecedor.

Germán Alburquerque
(Universidad de Valparaíso)

Luis Mora-Ballesteros: Ciudades y mundos posibles. Distopías y estados de control en la novela hispanoamericana contemporánea. Berlin: De Gruyter 2025. 200 páginas.

Quienes tenemos alguna familiaridad con la literatura hispanoamericana y su crítica, sabemos que, a pesar de la abundancia de artículos, ponencias, reseñas y tesis de grado, no es muy frecuente hallar algún estudio que sea de interés no solo para los círculos académicos, sino también para el conocimiento del público general, y que, además, también se anime a posar su mirada analítica sobre textos que no representan –al menos, todavía no– lo más “típico” de la producción literaria de Hispanoamérica. Sobre las “obras fundacionales” compuestas en el siglo antepasado luego de las independencias, sobre el modernismo dariano y sus herederos, sobre las “novelas de la tierra” y las subsecuentes vanguardias –a veces teñidas de criollidad– de la primera mitad del siglo xx, y, desde luego, sobre los libros del llamado boom y el manido realismo mágico, y sobre sus epígonos más o menos afortunados –o desafortunados–, que suelen tener como marco la dura vida de las poblaciones marginadas y alienadas en las ciudades modernas de finales del siglo pasado –azotadas y también seducidas por la delincuencia común, el narcotráfico o los gobiernos autoritarios y corruptos–, ya tenemos muchas y, en ocasiones, también excelentes aproximaciones críticas, e incluso algunas adaptaciones televisivas y aun cinematográficas. Sin embargo, sobre las obras que, también creadas en esta parte del globo, no caen dentro de esos focos temáticos de la mirada crítica académica –a menudo demasiado centrada en los textos del “canon” latinoamericano o supuestamente representativos de la “realidad latinoamericana”–, aún son muy escasos los estudios realizados para la visibilización y validación de esas mismas obras ante el público lector.

Por ello resulta tan interesante toparse con una obra analítica renovadora como Ciudades y mundos posibles. Distopías y estados de control en la novela hispanoamericana contemporánea, del crítico literario venezolano Luis Mora-Ballesteros. En este libro, y tomando como concepto unificador y generador la distopía (o lo distópico), el doctor Mora-Ballesteros ha logrado abordar una decena de obras publicadas en la primera década del siglo xxi, que no parecen encajar entre las que la crítica establecida calificaría como obras típicas de la literatura hispanoamericana. El corpus, en efecto, es un grupo heterogéneo de textos narrativos que, a pesar de su variedad temática y estructural, tienen en común el enmarcar sus relatos en “realidades alternas” o en escenarios que remiten a tiempos futuros; y el desarrollar, mediante la imaginación fantástica, la exacerbación de ciertas condiciones problemáticas perceptibles en la realidad actual de las urbes hispanoamericanas contemporáneas, hasta la instauración de situaciones opresivas, angustiosas, tenebrosas, apocalípticas… en fin, distópicas. Tales situaciones son consecuencias más o menos directa, en las ficciones mismas, de cambios políticos, ejecuciones de ingeniería social, avances técnico-científicos o descubrimientos inesperados, que no han creado sociedades más justas, más prósperas, más felices –según la promesa del paradigma del “progreso occidental”–, sino todo lo contrario.

Como podrá notar el lector al examinar el corpus de la mano de Mora-Ballesteros, y como ha observado prudentemente el autor mismo, no se trata de obras de carácter realmente novedoso en el panorama de la literatura global, ni se hallan del todo desconectas de la literatura regional inmediatamente precedente, pero sí representan un cambio notable dentro de la novelística hispanoamericana, cuando consideramos que esta, a finales del siglo xx, parecía estancada entre la reproducción y explotación de lo folklórico o de las fórmulas del boom, y la denuncia social de corte realista, en una gama desde el pesimismo histórico hasta el optimismo revolucionario. Desde luego, no puede negarse que ya existían obras “fuera de serie” desde hacía décadas en la narrativa hispanoamericana –nos vienen a la mente los argentinos Borges y Cortázar, el guatemalteco Monterroso y el venezolano Britto García, e incluso algunos cuentos del colombiano García Márquez, uno de los ídolos de boom–, pero, a pesar de que varias de ellas lograron atraer la atención y suscitar grandes elogios de la crítica de fuera de nuestro ámbito geocultural, no llegaron a formar claramente una tendencia regional, y esa misma crítica no las tenía como obras representativas de “lo latinoamericano”. No fue hasta el cambio de siglo cuando, quizás por el deseo generalizado de renovación que inspiró la llegada del nuevo milenio, empezó a notarse un mayor volumen de publicaciones, si no abiertamente rupturistas, sí perceptiblemente diferentes de la tipicidad consagrada –y esperada– por los críticos. El correlato casi necesario de este cambio en la producción y publicación es, muy verosímilmente, un cambio en las preferencias del público lector hispanoamericano contemporáneo, en general mucho más cosmopolita que hace dos o tres generaciones, y más familiarizado hoy con el cine reciente de Hollywood o con las series on streaming de tema fantástico (fantasía medievalista, ciencia ficción, superhéroes, invasiones alienígenas o de “muertos vivientes”…) que con los clásicos de la cinematografía mexicana. Desde luego, esta modificación en la recepción merece trabajos analíticos aparte, que bien pueden ser inspirados y sustentados por el libro de Mora-Ballesteros.

De cuanto hemos expresado hasta ahora se deduce que uno de los méritos del libro es, precisamente, señalar la existencia de “otra” literatura hispanoamericana: aquella que, si bien puede atraer mirada de algún “ratón de biblioteca” (bookworm) o generar la curiosidad de quienes buscan lo más peculiar entre las novedades, no suele estar visible en los estantes de las librerías, ni aparecer en los planes de estudio o en los trabajos de nivel académico, ni en las reseñas de la crítica. Gran parte de tales relatos han pasado y podrían seguir pasando largo tiempo inadvertidos, aunque varios exhiban notable calidad literaria, posean gran originalidad relativa, traten temas de mucho interés o, incluso, sean fruto de la pluma –o mejor dicho hoy día, del teclado– de alguno que otro autor consagrado por obras más conocidas y “convencionales”. He aquí, pues, una de las labores más útiles del estudioso de la literatura: visibilizar los textos que, opacados por las obras más celebradas o sepultados bajo un alud de publicaciones triviales, vale la pena rescatar.

Otro mérito de libro de Mora-Ballesteros es la inserción de las obras en el contexto histórico-social y cultural en que se han creado, lo cual no solo contribuye a una mejor comprensión del corpus y a confirmar su linaje hispanoamericano –a pesar de sus características atípicas–, sino que también ubica al autor entre los recuperadores de las buenas prácticas filológicas, lamentablemente desterradas por aquellos críticos que, desde posturas extremas neoformalistas y postestructuralistas, concebían los textos literarios como mundos aislados, universos encerrados en sí mismos, comprensibles y analizables únicamente por sus estructuras internas morfosintácticas, semánticas y semióticas. Desde luego, hay obras se prestan más que otras a un análisis de sus circunstancias de producción, pero, en todo caso, la consideración del contexto no implica pasar por alto el examen de las estructuras internas: en general, las interpretaciones más interesantes –y más útiles fuera del ámbito de la mera especulación teorética– examinan y ponen en relación lo uno con lo otro.

A nuestro parecer, solo podría echarse en falta una valoración más explícita de las novelas analizadas, incluido el uso del lenguaje, y un corpus más extenso, que superase, al menos, el límite temporal impuesto en la investigación. Lo primero, de seguro, debe atribuirse a la negativa constante de la crítica académica contemporánea a emitir juicios de valor, por temor a incurrir en los excesos “impresionistas” que cometían los críticos de hace un siglo. Sin embargo, los excesos del pasado no deberían impedir que los estudiosos de la literatura puedan volver a ejercer su facultad de juzgar hoy, sobre todo cuando cuentan con más herramientas conceptuales y mejores métodos de investigación para que sus juicios no carezcan del debido soporte. En cuanto a lo segundo, tenemos entendido que el autor, en su libro, solo ha dado al público su primera aproximación al tema, y se encuentra catalogando otro conjunto de obras, varias de publicación más reciente, para continuar su meritoria investigación.

En fin, Ciudades y mundos posibles es un ejemplo sobresaliente de lo que puede lograr un crítico literario que se tome en serio su trabajo como investigador, incluso cuando no esté componiendo una tesis doctoral. El propósito constante de esta labor, nada fácil si se hace bien, es comprender más cabalmente las obras y, consecuentemente, auxiliar a los lectores en su propia comprensión de esas mismas, lo cual redunda, aunque algunos no lo admitan, en el disfrute estético.

Francisco Morales Ardaya
(Universidad de Los Andes, Venezuela)

Sabine Schlickers: Cartografía del mal: ficciones hispánicas de terror en el siglo xxi. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Biblos 2024. 285 páginas.

El propósito de este documentado estudio es trazar una “cartografía del mal” en la narrativa de terror de lengua española. El mal, presente en todos los niveles de la vida, es un tema cada vez más frecuente en las obras literarias, sobre todo en las escritas por mujeres. Procedente de pulsiones internas, se manifiesta en los abusos sexuales, los egoísmos, la ambición o la locura, inserto en relatos en los que domina la tendencia por lo abyecto o abominable, a través de personajes que ejercen o sufren la enfermedad o la crueldad, o también son víctimas de vicios personales o sociales. Para la autora de este estudio, Sabine Schlickers, tal tendencia se relaciona con el naturalismo del siglo xix y con el tremendismo español de los años cuarenta-cincuenta. Y observa que este tema no excluye otras miradas, porque, a través del terror asoman aspectos como la política, la violencia, la pobreza, lo corporal, lo familiar y la condición femenina, con la protesta contra los feminicidios, la violencia de género y la reivindicación del derecho al aborto. Este planteamiento de estudio, que aborda las distintas estrategias narrativas, abarca muestras de la literatura y el cine del siglo xxi en Hispanoamérica y en España

La autora parte de la aclaración necesaria de algunos términos, como las nociones terror, horror, das Unheimliche (lo siniestro), lo raro, lo espeluznante, lo gótico, lo fantástico y lo abyecto. Pero sobre todo los dos primeros, muy pertinentes en esta narrativa; horror sería lo monstruoso y terror haría referencia a un sujeto activo o a una cosa o hecho que infunde esa emoción. Porque “mientras que la literatura de horror trabaja con repeticiones, deformaciones y exageraciones, la estética del terror trabaja con indeterminaciones y sugestiones” (p. 19); en realidad el horror presenta seres malvados, extraños o monstruosos, como vampiros o fantasmas, en cambio, los protagonistas de las ficciones de terror, son vecinos, parientes, seres próximos, que en un momento dado se manifiestan inquietantes. Por lo que carecen de un final feliz y pueden reaparecer en cualquier momento.

En las cincuenta páginas iniciales se concentra la parte teórica del estudio que maneja toda la bibliografía pertinente, analizando todas las posibilidades, los motivos y las categorías de las narrativas en las que se incluyen lo raro, lo extraño o lo espeluznante recuperando en ocasiones algunas características del gótico tradicional. Esta parte teórica se caracteriza por gran cantidad de referencias u opiniones ajenas dando la impresión de que se trata de una adaptación de un estudio más largo y minucioso, ya que la autora ha dedicado otros trabajos al tema como puede verse en la bibliografía. De ahí la cantidad de referencias, que en ocasiones redundan en la mera enumeración.

Se parte de la idea de que la narrativa de terror provoca fascinación, atracción, estupor y rechazo latente. También es una ficción perturbadora, con estrategias específicas, en las que domina el enigma, el engaño y la paradoja, porque para que una obra pueda concebirse como tal debe incluir dos o tres de estas estrategias y “lo insólito es una variante del tipo de lo misterioso que caracteriza muchos textos fantásticos y también muchas narrativas de terror” (p. 47). Para la autora “hay una tipología de cuatro vertientes de narrativas de terror: en la primera se destaca la enigmatización, [y] particularmente lo fantástico”; en la segunda se destaca la estrategia engañosa; en la tercera se combina lo enigmatizante y fantástico con otras estrategias de la narración perturbadora. En la última vertiente, que es la dominante, apenas aparecen recursos enigmatizantes, paradójicos o engañosos; para aclarar: “Se trata de narrativas realistas de terror que se agrupan en seis complejos temáticos: violencia de género y contra animales, madres horribles y hombres ansiosos, abuso y deseo de menores, monstruos retrasados y mentalmente perturbados, y actos de venganza y traición” (p. 52). Las mismas vertientes se desarrollan en los estudios de los textos que selecciona a continuación.

Estas hipótesis iniciales se confirman en las conclusiones con una observación importante y es que una intensidad terrorífica adecuada se percibe asimismo a nivel psicológico porque el verdadero monstruo es el ser humano, como se percibe en las historias de abuso, incesto, violación, pederastia, y en otros actos de violencia, sobre todo contra animales o cuando se manifiesta como acto de venganza y traición. Son ficciones idóneas para destacar la inestabilidad e incomprensibilidad del mundo, pues apelan en primer lugar a las emociones del lector. También confirma su hipótesis inicial según la cual la gran mayoría de las narrativas de terror no proceden de la literatura gótica, y tienen una mayor relación con la novela naturalista, además de la novela policial, negra o distópica. Incluso a veces adaptan algunas técnicas narrativas del naturalismo como los narradores heterodiegéticos impasibles e impar­ciales que recurren a menudo a la animalización de los personajes, ficcionalizando lo abyecto y lo patológico. Pero mientras los naturalistas ficcionalizan lo patológico para poder destruirlo, “de ahí que todas las novelas terminen en la muerte o en el caos, las ficciones de terror terminan con finales abiertos” (p. 261).

La mayor parte del libro la ocupan los diferentes estudios que selecciona de las obras narrativas, cuentos y novelas, pero también películas; son más de setenta autores de los cuales más de las tres cuartas partes son mujeres. La extensión de los análisis no es uniforme, pero se tiende a destacar los rasgos fundamentales de cada una de las obras analizadas con algún detenimiento y sobre todo los argumentos de cada una de ellas. Esta parte puede resultar útil para los estudiosos del tema, aunque es posible que desanime, por farragosa, para el lector no especializado. Se ajusta también a los cuatro apartados propuestos en la parte teórica, por lo que comienza con las “Narrativas de terror que recurren a lo fantástico”, donde se revisan títulos de nueve autores, entre los cuales destacan tres cuentos de Mariana Enríquez, la “reina del realismo gótico” y del relato de terror en la Argentina, que es posiblemente la autora más conocida y estudiada. Schlickers destaca la eficacia de sus imágenes en el plano de lo siniestro y a la vez el terror psicológico y político. Continúa en los textos elegidos de otros autores como Aixa de la Cruz, La maestra rural de Luciano Lamberti, primera novela del autor argentino que se centra en la locura del protagonista al repetir de continuo un libro de poemas de una maestra rural que vive en un pueblo de la provincia de Córdoba. Se valora cómo el título de la novela tiene referencias intertextuales implícitas y explícitas con la novela de 1914, La maestra normal de Manuel Gálvez, cuya protagonista es una maestra seducida y abandonada en una ciudad de la provincia argentina. El largo estudio contrasta con el dedicado al minicuento de Agustina Bazterrica, “Roberto”. El segundo apartado estudia los ejemplos de “Narrativas de terror que recurren a la estrategia engañosa”. Son diez autores los revisados y comienza con el título de la argentina Ana María Shua, “Cirugía menor”, en el que el impacto de un aborto clandestino se combina con los recursos narrativos de la estrategia engañosa. Otros autores son Pedro Mairal, El año del desierto, novela que se proyecta en un futuro distópico; la boliviana, Giovanna Rivero con “Socorro”, Valeria Correa Fiz, “La Celestial” o Juan José Burzi, El silencio. Nouvelle, todos ellos con tramas estremecedoras.

El apartado tercero que titula “Narrativas de terror que recurren a lo fantástico y a otras estrategias de la narración perturbadora”, presenta una intensa incidencia con el cine, por lo que empieza con una referencia a Stanley Kubrick y su película Shining (1980), para luego revisar quince autores, algunos de los cuales presentan versiones fílmicas. Entre ellos Cristina Fernández Cubas con “La habitación de Nona” y “Hablar con viejas”, que recurre asimismo a la estrategia engañosa para desdoblarse incluso sutilmente por el tema del engañador engañado. Samanta Schweblin con Distancia de rescate (2014) y Claudia Llosa con la adaptación fílmica homónima, Distancia de rescate (2021), de la que afirma que el efecto perturbador no se transmite con la misma intensidad, pues resulta una película lenta y sin suspense. El comentario de la estudiosa acerca de la actriz protagonista es, cuanto menos, sorprendente, al deslizarse por una acentuada subjetividad: “Tampoco se entiende por qué eligieron a una actriz española para interpretar a un personaje novelesco bonaerense, lo que se nota en su dicción española, que carece del encanto del habla porteña” (p. 150).

El tercer apartado, el más complejo, abarca las “Narrativas realistas de terror” que debe dividir en varios apartados que abarcan la violencia de género y distintos tipos de violencias. En lo que se refiere a la violencia de género incluye ejemplos de seis autoras, entre ellas, Samanta Schweblin con “Mujeres desesperadas”; Virginia Gallardo, “Huevos revueltos”, donde mujeres de diversas edades con graves problemas psíquicos y físicos, a partir de un suceso, rompen con su vida cotidiana y entran en un presente narrativo absurdo o siniestro (p. 162); María Fernanda Ampuero con “Subasta”, o la mexicana Liliana Blum con “Picota”, en Tristeza de los cítricos donde reúne diez cuentos cuyas protagonistas, mayoritariamente femeninas, son enfrentados a hombres oscuros, turbios o perturbados. El segundo subapartado recoge relatos de “Violencia contra animales”, entre los que selecciona a cinco autoras, entre otras, Samanta Schweblin con “Matar a un perro”; Pía Bouzas con “Los juegos de Max” o Agustina Bazterrica con Cadáver exquisito, primera novela de la escritora argentina, una distopía en la que un virus ataca a los animales de consumo de carne y ello deriva en actos de canibalismo. Otro subapartado de las “Narrativas realistas de terror” es el que titula “Madres horribles y hombres ansiosos” e incluye a siete autoras, como Virginia Gallardo con “Como el hámster en su ruedita”, donde rompe el mito de la maternidad feliz. Otras autoras, Cristina Sánchez-Andrade con “Manuela das Fontes”, Ana María Shua con Hija, historia de una madre sobreprotectora, o María Alicia Favot con “Cacería” que trata de la compra de niños. “Abuso y deseo de menores” sería otra de las temáticas en la que aparecen cinco autores seleccionados; entre ellos Patricio Pron con “Exploradores del abismo”, o la tardíamente reconocida Aurora Venturini y “El marido de mi madrastra”. Otros nombres son: Liliana Blum con El monstruo pentápodo, novela que califica de perturbadora, en la que aparecen un pedófilo asesino y su cómplice, o Claudia Aboaf, “Como el agua del pez”, crónica de un abuso sexual en la infancia. “Monstruos: retrasos y perturbaciones mentales” es un subapartado que selecciona a diez autores. Se abre con la ya citada Aurora Venturini y Las primas, con cuyo título obtuvo con ochenta y cinco años, en 2007, el premio Nueva Novela del diario Página 12. En ella cuenta “las miserias de una familia disfuncional cuyos miembros son mayoritariamente deformes y mentalmente retrasados, los personajes no impactan”, un “efecto tiene que ver con la inverosimilitud y la desmesura que debe relacionarse con el hecho de que Yuna, la narradora, también tiene una deficiencia mental” (p. 214). Otros autores comentados son: Alicia Fenieux Campos con “Lipívoras”; Luciano Lamberti, “Los chicos de la noche” y “Muñeca”. Cristina Sánchez-Andrade, “Puriña”; Liliana Blum, “Una novia para Kafka”, cuento impactante, tanto en la trama como en los personajes, o la ecuatoriana Mónica Ojeda con “Sangre coagulada” y “Caninos”, de la que destaca que la crítica inscribe su literatura en el “gótico andino”, citando a la estudiosa Giuliana Calabrese, porque “aborda el miedo desde un escenario de montañas, de páramos, de volcanes ardiendo que enmarcan lo sagrado de la geografía” (p. 224); Marcelo Luján con La claridad, que reside en Madrid y ubica sus relatos en España; Fernanda Ampuero con “Sanguijuelas” y “Biografía”, o la colectiva autoría de tres autores españoles con el pseudónimo de Carmen Mola, con La novia gitana, La Red Púrpura, La Nena. Los temas de la “Venganza y traición” agrupan a siete autores, y se abren con Inés Garland en “La cautiva”, obra de manifiesta intertextualidad con el título de Esteban Echeverría (La cautiva, 1837) y la tradición gauchesca y que “combina el clasismo de la clase media alta con el racismo y la xenofobia que tiene una larga tradición en la cultura argentina” (p. 238); Patricia Ratto con “Perro negro”, acerca de la vigilancia de los otros, las murmuraciones y el terror político; Liliana Blum con Cara de Liebre sobre el abuso explícito de una mujer deforme.

Como se puede ver, las novelas de terror aprovechan todo el abanico de las violencias y aberraciones más impensables, y en ellas las mujeres han encontrado su temática de modo más acertado que los hombres, por eso la autora se pregunta en su estudio acerca de la existencia de un nuevo boom, ¿“Nuevo boom femenino” o “literatura de masas”?: “Es llamativo que muchos textos literarios del corpus provienen de autoras hispanoamericanas que tienen tanto éxito que algunos críticos se refieren a este fenómeno como “nuevo boom”, expresión que hace referencia al boom de la novela hispanoamericana de los años 60” (p. 262), en el que no aparecen mujeres escritoras. La autora plantea las diferencias, pues estas últimas no son fundamentalmente novelistas, sino que se dedican al relato, a la crónica y al ensayo, aunque el efecto unificador es el feminismo y la lucha por la igualdad, no existiendo una uniformidad política y estética como en los años del boom. No se puede olvidar que aquella fue una época que se asoció con el realismo mágico, y es un marbete del que las autoras tratan de desprenderse. Otro concepto que analiza Schlickers en relación con este grupo de escritoras es el de “literatura de masas” pero lo desecha porque piensa que no es pertinente para hablar sobre el éxito, no solo popular, sino también académico que caracteriza las ficciones de terror, sustentadoras de una calidad literaria, porque combinan la ficción y las “injusticias sociales existentes, que denuncian los abusos, maltratos y la impunidad de los delincuentes y esbirros”. Concluye en su estudio de forma ambigua que “Evaluando los argumentos a favor y en contra de la categoría ‘nuevo boom’, concluyo que me parece adecuada para encajar las ficciones de terror estudiadas en este libro, aunque se puede fácilmente prescindir de usarla” (p. 267). En todo caso no es, afortunadamente, el principal objetivo de este estudio.

Carmen Ruiz Barrionuevo
(Universidad de Salamanca)

Nicolás Campisi: The Return of the Contemporary: The Latin American Novel in the End Times. Pittsburgh: University of Pittsburgh Press (Illuminations: Cultural Formations of the Americas) 2024. 272 páginas.

Este estudio de la literatura latinoamericana del siglo xxi destaca por su sofisticación teórica y por la diversidad de los textos que abarca. Nicolás Campisi, profesor asistente en Georgetown University, propone combinar los estudios de la postdictadura con las humanidades ambientales para ofrecer una nueva visión de la cultura latinoamericana en nuestra era neoliberal. Según Campisi, autores como Samanta Schweblin, Alejandro Zambra, y Rita Indiana producen narrativas plurales y caleidoscópicas que rechazan una mirada teleológica o catastrofista de nuestro mundo. Estos son autores que escriben, dicho de otro modo, más allá de la famosa tesis “fin de la historia” avanzada por Francis Fukuyama en los años noventa. Campisi argumenta que, en cambio, existen distintas “energías” dentro de la versión de “lo contemporáneo” propuesta por autores latinoamericanos: el anacronismo, la heterocronía, y la sobrevivencia del pasado (p. 12). La naturaleza heterogénea de las obras analizadas en este libro crea, para Campisi, un espacio para la esperanza y la vida comunal, a pesar de los desastres ecológicos y políticos del presente.

Cada capítulo del libro ofrece un análisis comparativo de dos textos de distintos orígenes nacionales. El primer capítulo, “The Return of Nature”, toma El año del desierto del argentino Pedro Mairal (2005) y La mucama de Omicunlé de la dominicana Rita Indiana (2015) como “novelas de la crisis”: de la crisis socioeconómica y política en Argentina en 2001, y, de manera más abstracta, crisis socioecológicas en el Caribe del siglo xxi. En ambos casos, una vuelta al pasado ofrece posibilidades inesperadas de salir de la lógica de crisis. Este capítulo presenta en miniatura tanto los puntos fuertes como los puntos débiles del libro de Campisi: el análisis de los textos demuestra un conocimiento impresionante de la historia de la literatura latinoamericana y una capacidad de desentrañar las sutilezas de novelas complejas. Sin embargo, el tejido de citas teóricas que construye Campisi es tan denso, incluyendo a pensadores desde Nietzsche hasta Nicolas Bourriaud, pasando por Andreas Huyssen, Jean-Luc Nancy, y Antonio Benítez-Rojo, entre otros, que el lector podría perder el hilo del argumento principal. Resulta sorprendente, además, la ausencia de Jorge Luis Borges como antecedente en un capítulo que analiza la función de la novela de Mairal como “palimpsesto de reescrituras de discursos literarios y culturales que formaron el imaginario de la nación moderna” (p. 41).

El segundo capítulo, “A Toxic History of the Present”, tiene un enfoque más limitado, en la categoría de “ecohorror”, y como consecuencia ofrece una lectura persuasiva de Distancia de rescate (Samanta Schweblin, Argentina, 2014) y El huésped (Guadalupe Nettel, México, 2006). El paradigma de la toxicidad permite a Campisi demostrar cómo Schweblin y Nettel borran las fronteras entre problemas familiares y dilemas colectivos, para avanzar una crítica contundente de la lógica extractivista del capitalismo contemporáneo. El tercer capítulo, “The Contemporary Plantation”, es tal vez el más original del libro. Estudia Elástico de sombras (Juan Cárdenas, Colombia, 2020) y Torto arado (Itamar Vieira Junior, Brasil, 2019), argumentando que Cárdenas y Vieira Junior “rescatan historias olvidadas de la esclavitud y emancipación negras para repensar el proyecto de Estado-nación moderno y la forma de la novela” (p. 93). El cuarto capítulo, “The Children Return,” toma la postmemoria como principal eje conceptual, analizando A resistencia (Julián Fuks, Brasil, 2015) y Conjunto vacío (Verónica Gerber Bicecci, México, 2015). El terreno teórico de este capítulo, es decir la postmemoria y el archivo, ha sido recorrido por numerosos críticos en el último cuarto de siglo, pero Campisi demuestra que estos conceptos mantienen su poder analítico.

El quinto y último capítulo, “Ways of Being Contemporary”, nos devuelve al objetivo principal del libro: cómo entender “lo contemporáneo” en la literatura latinoamericana actual. En Los ingrávidos (Valeria Luiselli, México, 2011) y Bonsái (Alejandro Zambra, Chile, 2006), imágenes de restos, ruinas, ecos, y espectros cobran una importancia inusual. En estos textos se encuentran versiones menores de las grandes narrativas de la modernidad que pueblan la literatura latinoamericana del siglo anterior (de ahí el árbol bonsái de la novela de Zambra, en lugar del ombú mencionado en El año del desierto de Mairal). Campisi sugiere que la forma “precaria” y fragmentaria de las novelas de Luiselli y Zambra (p. 182) refleja la posición inestable de América Latina en el orden global neoliberal.

The Return of the Contemporary es, en resumen, un estudio muy ambicioso y amplio de algunos de los escritores contemporáneos más influyentes de América Latina. Su misma ambición teórica y geográfica a veces limita la especificidad de los argumentos que propone, pero como punto de referencia para entender lo que está en juego en la producción literaria del presente, el libro de Campisi tiene un valor importante.

Paul R. Merchant
(University of Bristol)

3. HISTORIA Y CIENCIAS SOCIALES: ESPAÑA

Josep Fontana: La República. A cura de Gonzalo Pontón. Barcelona: Universitat Pompeu Fabra, 2025. 602 páginas

El libro póstumo de J. Fontana (1931-2018) recoge principalmente las clases de Doctorado/Máster que ofreció durante 2002 a 2008 en el Institut Jaume Vicens Vives (IUJVV)-Departament D’Humanitats de la Universitat Pompeu Fabra. Nunca se escribieron pensando en que formarían parte de un libro. El cuidado y la pericia de Gonzalo Pontón, autor del prólogo, lo ha hecho posible ordenando los materiales entre los que están una conferencia y un capítulo de investigación. Fontana no se presentaba a sus clases o a dar una conferencia con un esquema. No confiaba en la improvisación creativa sino en una concienzuda preparación que llevaba el apoyo de las notas a pie de página. Cualquiera de sus textos estaba ya para ir a imprenta.

Fontana, que escribió artículos de divulgación o conferencias sobre la Segunda República, no se prodigó en estudios académicos sobre el periodo 1931-1936 salvo el que escribió con Jordi Nadal en 1976 para la obra dirigida por Carlo M. Cipolla2 o el capítulo publicado con ocasión del 50 aniversario de la Segunda República en Valencia3. Nunca dejó de estar al tanto de las novedades sobre el tema, como demuestra su biblioteca depositada en el IUJVV y la bibliografía del libro. Con un valor añadido que se escapa en tiempos de cita fácil: las referencias de libros de la época (muy poco conocidos), folletos, o memorias de los contemporáneos utilizadas críticamente, que ayudan a recrear la atmósfera política del momento. Son de interés las comunicaciones reservadas que hacía diariamente el Embajador de los Estados Unidos en Madrid a su Departamento de Estado. O la consulta de fuentes hemerográficas y parlamentarias.

El contenido del libro se atiene al relato habitual de los periodos o de los problemas sociales salvo algunas diferencias. El capítulo 8, que analiza la revolución de Octubre, ocupa 130 páginas con amplia documentación que ofrece una visión de conjunto más allá de Asturias y Cataluña. Otra diferencia reseñable es que el relato no concluye en 1936 o 1939 al ocuparse de la Republica en el exilio y de la resistencia guerrillera o la lucha clandestina contra la dictadura y en pro de las mejoras laborales. Por último, antes del epílogo dedicado a recuperar la historia de la Segunda República, el capítulo de la cultura republicana se detiene en algo más que las conocidas misiones pedagógicas, tan concentradas en Castilla, para explorar el mundo de las vanguardias artísticas y los nuevos medios de masas. En conjunto, pese a la copiosa literatura con la que se cuenta y su carácter divulgativo, La República se convierte en una obra que permite complementar los diversos episodios del reformismo republicano.

Una forma de resumir el objetivo reformista es mostrar el espejo deformado de los horrores intolerables como los sentía el monárquico Pedro Sainz Rodríguez: “Se obligaba a los terratenientes a roturar y cultivar sus tierras baldías, se protegía al trabajador de la agricultura tanto como al de la industria, se creaban escuelas laicas, se introducía el divorcio, se secularizaban los cementerios, pasaban los hospitales a depender directamente del estado…” (p. 54). Esta descripción de la república, como es sabido, se quedó a medio camino hasta el periodo del Frente Popular, pero aun así no pudo por menos de inquietar a quienes habían hecho de los bajos salarios el único medio de sostener los beneficios o a los que basaban la convivencia en la intolerancia religiosa.

El autor no esconde los errores de la política republicana. La consolidación de un régimen que había nacido sin una revolución violenta y el temor que suscitaban los hombres e instituciones del viejo régimen llevó a sacar adelante leyes como la Ley de Defensa de la República y su sucesora, la Ley de Orden Público, en vigor hasta 1959, “que no resultaron eficaces ni para reducir los conflictos obreros ni para abortar la traición del 17 de julio de 1936. Sin embargo, ampararon la brutal represión de Asturias en 1934 y sirvieron a la derecha antirrepublicana en el poder para cometer todo tipo de atropellos sobre las organizaciones obreras, la prensa y los derechos constitucionales básicos” (pp. 96-97). Esta tarea la facilitó el africanista Muñoz Grandes al hacerse cargo de la dirección de la Guardia de Asalto; del mismo modo se siguió confiando en la Guardia Civil que solía contar con mandos africanistas. La carencia de fuerzas de orden público de talante democrático enrareció las tensiones del mercado laboral.

Como cualquier libro sobre el periodo no falta el capítulo que analice la cuestión agraria, con la particularidad de conceder cierta importancia no solo a los problemas distributivos sino al problema triguero que aglutinó al campesinado castellano contra la República. Los datos estadísticos sobre el proteccionismo triguero no son una barrera para el lector. Un aspecto sobre el que conviene llamar la atención es el tono narrativo que domina buena parte del libro: el relato se convierte en protagonista como sucede con las insurrecciones del anarcosindicalismo, especialmente la de Casas Viejas en enero de 1933 (con la particularidad de dar voz a principios del siglo xxi a Catalina Silva testigo de la rebelión). Algo parecido puede decirse sobre los testimonios con los que se reconstruye la llegada del Frente popular (pp. 423-444) o sobre los preparativos del golpe militar del 18 de julio (pp. 449-469). Y todo ello sin perjudicar el análisis de los hechos y sus consecuencias, y sin dejar de criticar las incoherencias de los testimonios de los coetáneos. La anécdota es un instrumento no el fin.

La importancia que tuvo la revolución de octubre, cuando el fascismo iba permeando las capas sociales más diversas, se demuestra en el amplio capítulo 8. La revolución tendrá dos escenarios muy distintos en Cataluña y en Asturias. Pero no es la revolución de Largo Caballero y del PSOE; en Asturias es la alianza obrera que aglutina a socialistas y anarquistas mientras que en Cataluña son la Generalitat y los rabassaires. Largo “había sido un irresponsable” proclamando que sólo era una huelga general, aunque en las instrucciones que llegaban a las organizaciones socialistas se planteaba como una huelga revolucionaria mientras que para los anarquistas era “la revolución social” (p. 264). En la segunda parte de este capítulo la revolución no acaba ahí, sino que ofrece una visión de conjunto más allá de Cataluña y Asturias al tiempo que profundiza en el impacto de los fascismos y sus resistencias. El foco se aparta de Companys o de la Generalitat para explorar otros territorios apoyándose en fuentes hemerográficas o archivos locales “tomando la licencia de utilizar profusamente” –en palabras del autor– la tesis doctoral de Manel López (p. 275)4.

Al final del libro, Josep Fontana defiende la necesidad de analizar objetivamente los aciertos y los errores del régimen republicano y, sobre todo, liquidar una historiografía basada en antiguas afirmaciones repetidas de manual en manual. Quizá ahora, en unos momentos en que estos valores vuelven a ser negados, sea a nosotros a quienes corresponda reivindicar “aquel intento de transformación de la sociedad y de recuperar aquellas esperanzas, quizá frustradas, pero no caducadas.” Opino que estas aspiraciones no han hecho más que cobrar relevancia si sustituimos a España, abandonada por las democracias liberales, por Europa desprestigiada por quienes atacan cualquier tipo de democracia que respete los derechos humanos.

Ricardo Robledo
(Universitat Pompeu Fabra. Barcelona)

Pascual Pérez, Jesús María: El espionaje en la Guerra Civil. La información como arma. Prólogo de Ángel Viñas. Madrid: Los Libros de la Catarata 2025. 317 páginas.

La importancia de los servicios secretos y de la información en los conflictos no escapa a nadie. En todas las guerras que se han librado a lo largo de la historia de la humanidad, la información sobre el adversario ha sido una de las principales armas. Por este motivo, existe una amplia bibliografía sobre los servicios de información y los espías a lo largo del tiempo. Evidentemente, en la Guerra Civil, la información y el espionaje también jugaron un papel destacado.

Sin embargo, a pesar de ello, no es mucha la historiografía sobre los servicios secretos en la Guerra Civil; aún no es un campo muy desarrollado, aunque hace años se publicaron obras pioneras como la de Félix Luengo, a la que luego siguieron las de Juan Carlos Jiménez de Aberásturi o Manuel Ros Agudo, por citar algunas. Posteriormente han aparecido obras como la de Carlos Piriz sobre la “Quinta Columna”, que –sin ser un organismo de espionaje– se puede considerar un servicio de información, o las más recientes de Sara Núñez de Prado Clavell o J. Rodríguez Abengózar; de lo cual podemos deducir que el estudio de los servicios secretos está experimentando un auge en la actualidad. Fuera de nuestras fronteras la cuestión también ha tenido repercusión, como demuestran los trabajos de Nathan Rousselot y Pierre Salmon, entre otros.

En esta línea historiográfica se sitúa la obra de Jesús María Pascual Pérez, quien presenta su estudio sobre el espionaje en la Guerra Civil y lo subtitula, de manera acertada, “la información como arma”. Desde el comienzo de la contienda, ambos bandos fueron conscientes de la necesidad de contar con servicios de información eficaces. Estos, como consecuencia de la sublevación, habían quedado en una situación complicada, por lo que los dos contendientes debieron partir casi de cero, aunque disponían de la experiencia adquirida en épocas anteriores.

En los años previos a la Guerra Civil el espionaje había jugado un papel determinante en España, sobre todo durante la Primera Guerra Mundial, cuando el país se convirtió en un verdadero “nido de espías”, tal como estudió Eduardo González Calleja.

Tras un capítulo introductorio, Pascual Pérez lleva a cabo un análisis de los servicios de información de los dos bandos. En el republicano se aprecia algo que fue una constante: la existencia de diversos servicios que no siempre funcionaron de manera coordinada, lo que restó eficacia a sus actuaciones.

En el análisis de los distintos servicios, tanto republicanos como franquistas, el autor se centra –y, a mi entender, esta es una de las principales novedades de la obra– en las biografías de destacados miembros de estos organismos. Así, por ejemplo, aborda la trayectoria de algunos integrantes del Servicio de Información Especial Periférico (SIEP) republicano o del Servicio de Información de la Frontera Norte de España (SIFNE) y sus sucesores en el caso franquista.

El análisis de los servicios republicanos deja un poco de lado las cuestiones organizativas para centrarse en las biografías de agentes que tuvieron una trayectoria digna de una novela de espionaje. Este es, entre otros, el caso de Francisco Ponzán Vidal, cuyas convicciones anarquistas lo llevaron a formar parte del SIEP. Militante de la CNT, formó parte del Consejo de Aragón, intervino en los sucesos de Barcelona de mayo de 1937 –en los que estuvo a punto de ser fusilado– y se incorporó a la 127.ª Brigada Mixta, en el grupo “Libertador”, que operaba infiltrándose en territorio enemigo para rescatar a republicanos atrapados en zona sublevada. Su actividad motivó su reclutamiento por el SIEP, siendo responsable de numerosas infiltraciones. Al terminar la Guerra Civil pasó a Francia y fue internado en un campo de concentración. Tras ser liberado, reanudó sus actividades antifranquistas y entró en contacto con los servicios de información británicos, hasta que en 1944, detenido por las autoridades de Vichy, fue entregado a la Gestapo y fusilado el 17 de agosto de 1944 por los nazis.

El caso de Ponzán es un ejemplo de lo que considero la principal aportación de la obra de Pascual: el conocimiento de los hombres que formaron parte de los servicios de espionaje. Aunque algunas biografías están menos detalladas por la escasez de fuentes, todas resultan de gran interés. Esta contribución puede servir para completar lo ya conocido en otras investigaciones, permitiendo acercarnos de manera más precisa a la actividad de los servicios al conocer mejor a quienes los integraron, la mayoría ajenos a estas tareas antes de la contienda.

El mismo enfoque se aplica al Servicio de Información Diplomática y Especial (SIDE), creado en marzo de 1937 y dirigido por el socialista Anselmo Carretero Jiménez. Su creación respondió a la fractura que el estallido de la contienda provocó en las embajadas españolas, lo que obligó a reorganizar el servicio de información exterior. El SIDE mantuvo tensiones con otros servicios republicanos (SIEP, SIM o DEDIDE), lo que restó eficacia a su actuación. Su actividad se centró principalmente en Francia y tuvo en el pintor Luis Quintanilla y en Anastasio Blanco a sus principales activos. Como en el caso anterior, no se trataba de profesionales del espionaje, lo que explica el carácter desigual de su trabajo, pese a algunos éxitos; las descoordinaciones y rencillas internas limitaron su efectividad.

El apartado dedicado al bando republicano se completa con referencias al Servicio Vasco de Información, probablemente uno de los más conocidos, así como con las labores de inteligencia desempeñadas por los anarquistas.

La obra también analiza el Servicio de Información Militar (SIM) –creado en agosto de 1937 por el Gobierno de Juan Negrín y dependiente del ministro de Defensa, Indalecio Prieto– y el Departamento Especial de Información del Estado (DEDIDE), creado a instancias del ministro de Gobernación, el socialista Julián Zugazagoitia, para combatir el espionaje y sabotaje enemigo. Pese a que actualmente contamos con un voluminoso estudio sobre el SIM realizado por Julius Ruiz, las aportaciones de Pascual sobre ambos organismos resultan de gran interés.

En cuanto al lado franquista, Pascual Pérez centra su atención en la actuación de las agencias de información de los sublevados: el SIFNE y sus sucesores, el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM), así como el SIM franquista. La primera organización fue creada por derechistas y aristócratas residentes en el sur de Francia. Al frente del SIM se situó uno de los personajes más destacados de los servicios de información durante la Guerra Civil: el coronel José Ungría Jiménez, quien asumió la jefatura de todos los servicios de información.

Ungría fue el hombre clave para unificar todos los organismos y otorgarles una orientación distinta una vez concluidas las actuaciones del grupo de Julián Troncoso y sus hombres de la comandancia de Irún. Troncoso es otro de esos personajes casi extraídos de una novela, sobre el que disponemos hoy de un conocimiento amplio.

Dentro de los servicios de información franquistas se dedica un espacio amplio a la quinta columna, un elemento determinante para los sublevados que pagó un alto precio por sus labores de sabotaje e inteligencia, pero que a la vez sirve como indicador indirecto de la eficacia de los servicios republicanos. Las referencias de Pascual a la quinta columna, a diferencia de la obra de Carlos Piriz, se organizan según un criterio geográfico, lo que puede complementar la investigación anterior.

La última parte del libro, centrada en la actuación de los servicios de información extranjeros, aborda el papel desempeñado por los principales países implicados: Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, la URSS, Alemania e Italia. Considero que el análisis de estos servicios daría para una monografía individual, por lo que lo expuesto por el autor no pasa de ser un esbozo general que, sin embargo, resulta útil como punto de partida para investigaciones posteriores.

En conclusión, podemos afirmar que la obra de Jesús María Pascual supone una aportación relevante a la historiografía de los servicios secretos. Amplía el conocimiento sobre el espionaje en la Guerra Civil y, al mismo tiempo, perfila posibles líneas de investigación futuras.

Pedro Barruso Barés
(Universidad Complutense de Madrid)

Maximiliano Fuentes Codera: Sánchez Mazas. El falangista que nació tres veces. Barcelona: Taurus (Biografías) 2025. 483 páginas.

Durante la Guerra Civil española y la posguerra, y hasta su muerte, Rafael Sánchez Mazas (1894-1966), madrileño, aunque también bilbaíno, por su geografía biográfica, e italiano, por lo mismo, por cultura y por matrimonio, fue el principal ideólogo e intelectual falangista, y eso sin ser propiamente fascista, como acontece con otros personajes que militaron en ese minúsculo partido llamado Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista o fueron parte de la vida social de José Antonio Primo de Rivera. Un falangista que nunca abandonó el sustrato original de su concepción del mundo, la del tradicionalismo español, en su versión más renovada eso sí; esto en cuanto a su condición de político e intelectual y, en mayor medida, de literato, pues sus poesías y sus novelas nada tienen que ver con el fascismo, por el contrario, lo suyo fue el clasicismo y la evocación del pasado histórico bilbaíno. Fue así porque nuestro personaje fue un idealizador del pasado, mirando al xix, aunque se identificara con las dictaduras de Primo de Rivera y de Franco, en realidad con el primer franquismo, no con el de los modernizadores tecnócratas. En consecuencia, el suyo fue un falangismo de inquebrantable unión al catolicismo (como en Primo de Rivera y Onésimo Redondo, a diferencia de Ramiro Ledesma), en la línea del nacionalismo integral francés, que le atraía mucho más, sin que lo dijera, que el fascismo italiano y, desde luego, el nazismo, de los que sí admiraba la capacidad de movilización y encuadramiento de grupos sociales hasta entonces desmovilizados o agitados por la izquierda proletaria. Y con todas estas corrientes compartía el nacionalismo y el imperialismo, con los ideales e intereses materiales del tradicionalismo español; a él se debe el concepto de España, y las Españas, como unidad de destino en lo universal que tanto gustara a su jefe nacional, una patria que permanece y fluye sustentada en “una idea, una empresa, un derecho y designio comunes a través de los siglos”, como repetiría en una conferencia en el paraninfo de la Universidad Central, en febrero de 1943. Por lo dicho, y dada la brillantez de su prosa, en discursos, artículos y conferencias, sorprende que no sea reivindicado por los ideólogos de la derecha ultranacionalista de nuestros días, aunque tal vez suceda que prefieran callar el interés por un intelectual y político del que han sido deudores las sucesivas Falanges, la original, la fusionada con los jonsistas y la unificada por mandato del Generalísimo y Caudillo del Nuevo Estado.

Sorprende también la limitada atención a su obra por parte de los científicos sociales. Lógicamente, por la envergadura política del personaje, lo encontramos en las páginas de los estudiosos del fascismo español y, por nuestra parte, iniciamos Historia de Falange Española de las JONS con una crónica de Sánchez Mazas, de agosto de 1922, dedicada a una concentración de escuadras fascistas reunidas para escuchar al Condottiero, a la Daudet, a la d’Annunzio. También nos trasladaron su importancia Andrés Trapiello en Las armas y las letras. Literatura y guerra civil 1936-1939 (1994), Mónica y Pablo Carbajosa en La corte literaria de José Antonio. La primera generación cultural de la Falange (2003), y Francisco Morente en un capítulo de título esencial para ayudarnos a catalogar a Falange dentro de los movimientos fascistas (con la Legión de San Miguel Arcángel y otros fascismos católicos y aferrados a un pasado trasnochado, a la idea de que el mundo rural era tanto la esencia como el futuro de las sociedades europeas), “Rafael Sánchez Mazas y la esencia católica del fascismo español” (2013). Ahora Fuentes Codera se apunta al auge de la biografía y suma a las dedicadas a los fascistas Primo de Rivera, Ledesma Ramos y Giménez Caballero, una investigación sustentada en la revisión de la bibliografía disponible, el empleo de fuentes orales y alguna documentación inédita sobre el personaje. El resultado es un texto bien construido y que junta y amplía el conocimiento sobre la trayectoria vital de Sánchez Mazas, mostrando las estructuras que influyeron en el individuo y los elementos habidos en la vida del biografiado que son debidos a la iniciativa individual y cómo esta se materializó en aportaciones relevantes a la vida política española.

El autor nos muestra cómo influyó en el joven tradicionalista la labor de corresponsal de guerra en Melilla y, a continuación, para ABC en Roma, donde se convirtió en admirador, parcial, del fascismo en tanto que gobierno fuerte con el que resolver, para siempre, y con una nueva política, todavía inmadura, la inestabilidad que venía afectando a Italia, y a España, al tiempo que absorbía el mundo clásico y renacentista; y no solo a estos países, a cualquier otro afectado por el internacionalismo rojo. A su regreso a España, Sánchez Mazas puso de manifiesto que no aspiraba solo a ser periodista, escritor o brillante tertuliano, sino también a ser político, pues se postuló para la dirección de un partido nacionalista de inspiración fascista, algo en lo que nuestro biografiado no estaba solo. Aquello no cuajó, pero antes e inmediatamente después de la caída de la monarquía borbónica, Sánchez Mazas fue animador destacado de las tertulias más políticas que literarias que reunían en Madrid a artistas, intelectuales y agitadores que compartían ideas de la derecha radical y el fascismo. Por eso conoció y alentó las iniciativas de José Antonio Primo de Rivera, quien le admiraba. Para nuestra satisfacción el capítulo más extenso del libro es el cuarto, “La construcción del falangismo: lo individual y lo colectivo”. En sus páginas se expone que, aunque la legislación laica y anticlerical de los primeros gobiernos republicanos fue el incentivo principal para la reactivación de las organizaciones católicas, y que siendo la defensa de la religión como factor identitario y de los intereses de la Iglesia parte principal del pensamiento de Sánchez Mazas, no por ello se decantó por la obra política de Acción Católica; por el contrario, lo hizo por la escasamente maurrasiana Acción Española y, cada vez más abiertamente, por la de Falange, percibida como lugar de encuentro de las derechas que debían suplantar el conservadurismo liberal para liquidar la democracia y el socialismo marxista y establecer un Estado católico con separación de poderes. Sánchez Mazas fue amigo y consejero de José Antonio, y el principal inspirador de las ideas que este lanzara en el teatro de la Comedia. A continuación, aportó programa e ideología al partido, símbolos, el yugo y las flechas y el cisne del SEU, participó en la letra del “Cara al sol”, y suyos son el juramento y la “Oración por los muertos” y varios de los principales artículos en Arriba. Es decir, contribuyó tanto o más que José Antonio a la doctrina y la retórica de la principal formación del fascismo español.

El título hace referencia a tres nacimientos, al real, al acontecido en un bosque gerundense, donde fue fusilado sin que le alcanzaran las balas, y en Soldados de Salamina, la novela de Javier Cercas. Pues Sánchez Mazas, aunque pasó la mayor parte de la guerra refugiado en embajadas y luego encarcelado, no fue uno de los líderes falangistas ejecutados o muertos durante la Guerra Civil, ni un combatiente. Otros falangistas y fascistizados tenían ya, y tendrían, un papel político más relevante, pero él era el falangista vivo más antiguo y, si bien no cabía decirlo, para no molestar a Franco y al cuñadísimo, el heredero de los jefes muertos, por su condición de presidente de la Junta Política de FE de las JONS. Durante el primer franquismo, aceptó, o deseó y disfrutó, cargos relevantes en FET y de las JONS, consejero nacional y vicepresidente de la Junta Política, y fue incluso ministro sin cartera; y siempre se mantuvo fiel a Franco y a su régimen. No obstante, lo principal es que, muy posiblemente, pero habría que contrastarlo, Sánchez Mazas siguió siendo el intelectual más relevante del fascismo español, demostrado en algunos textos no novedosos, en conversaciones y en conferencias y, además, ahora rico por herencia, más novelista que antes, lo que en su caso significa escasas y brillantes aportaciones. Tal vez, quiso ser más político. Nos quedan por saber cosas de su relación con el grupo serranista, y si él también tuvo la tentación de un Estado totalitario cuando el curso de la Segunda Guerra Mundial se inclinaba a favor de la Alemania nazi; por entonces colaboraba estrechamente con el partido único y con el Caudillo, y como nos muestra su biógrafo compartía el proyecto serranista, y en general de los falangistas, de que Falange fuera la principal fuerza orientadora del Nuevo Estado. Al parecer, participó poco en las luchas internas dentro del partido único y, caído Serrano, se alineó, como casi todos, en torno al caudillaje de Franco. No obstante, iría perdiendo el interés por el Caudillo, y por la política, para cultivar una vida cada vez más diletante.

A su muerte, Sánchez Mazas dejó un legado intelectual y político importante, la concepción, por decirlo con palabras del autor de este ensayo, de “las ideas de Falange como una actualización de los aspectos más relevantes del tradicionalismo”. Por eso sus ideas estarían en la organización de extrema derecha Fuerza Nueva, creada a finales de los sesenta y uniformada con camisa azul y boina roja, y si no se le citaba, o apenas, era porque Sánchez Mazas era mucho menos conocido que José Antonio. Y cuando la derecha ultranacionalista ha irrumpido en la España actual y ha ido dando forma a su ideología, los escritos de Sánchez Mazas han sido utilizados por algunos de sus dirigentes para construir el relato sobre el ser de España, aunque se prefiera no citar a un autor catalogado como fascista.

José Luis Rodríguez Jiménez
(Universidad Rey Juan Carlos, Madrid)

3. HISTORIA Y CIENCIAS SOCIALES: AMÉRICA LATINA

Tania Hernández Vicencio / Mario Camarena Ocampo / Rocío Martínez Guzmán (coords.): Del cielo a la tierra. Acogida y praxis de las enseñanzas conciliares en Nueva España y México (siglos xvi al xxi). Ciudad de México: Secretaría de Cultura-Instituto Nacional de Antropología e Historia 2024. 312 páginas.

Los coordinadores de este volumen proponen examinar las repercusiones sociales de las reformas promovidas por la jerarquía católica desde el siglo xvi hasta la actualidad, tanto en Nueva España como en la República Mexicana. Es por ello que la obra se centra en el estudio de los contenidos de los decretos conciliares y su implementación, tanto los acordados en Roma como los promulgados por las autoridades eclesiásticas novohispanas o mexicanas. Hernández, Camarena y Martínez otorgan especial relevancia a los concilios romanos, subrayando las tensiones generadas por las diferencias socioculturales existentes entre los contextos en los que dichas iniciativas fueron concebidas e implementadas. Los autores plantean analizar estas tensiones en clave histórico-social, enfatizando las fricciones entre doctrina, contexto y práctica.

Esta aproximación a la historia de la Iglesia en Nueva España y México resulta sugerente. No obstante, al valorar el conjunto de la obra es necesario distinguir entre los objetivos planteados por los coordinadores y el grado de coherencia con que los ensayos que la integran se alinean con dichos propósitos. Uno de los principales puntos débiles del volumen radica en que algunos capítulos no se articulan con claridad en torno a las directrices establecidas, centrándose más bien en la evolución institucional de la Iglesia Católica y sus problemas estructurales.

Esto parece evidente en los primeros capítulos de la primera parte del libro dedicada al periodo colonial: el de María del Consuelo Maquívar (“Los concilios provinciales de la Nueva España, 1555-1770”), el de José Manuel A. Chávez (“Entre los obispos Montalvo e Izquierdo. La ejecución de nuevas reformas estipuladas en el III Concilio Provincial Mexicano para la orden franciscana y el clero secular en la península de Yucatán”), el de Jorge René González (“El Colegio de San Fernando y las misiones del Canal de Santa Bárbara, California”), y el de Annia González (“De los concilios provinciales a los manuales de extirpación de idolatrías: la representación del indio idólatra en el discurso eclesiástico novohispano, siglo xvii”).

El ensayo de Maquívar ofrece una introducción útil, al presentar un panorama general de los concilios celebrados durante el periodo colonial. Los demás capítulos mencionados, salvo el de González Marmolejo –que examina las tensiones entre autoridades civiles y religiosas en territorios fronterizos durante el siglo xviii– se centran en el III Concilio Provincial Mexicano, reunido poco después del Concilio de Trento, y considerado el más influyente del periodo. Esta focalización excluye los dos concilios anteriores y el convocado en el siglo xviii, lo que limita la perspectiva histórica ofrecida. Una omisión similar se observa en la segunda parte del volumen, centrada en el Concilio Vaticano II, sin considerar el Concilio Vaticano I.

Una conexión más clara con los objetivos de la obra se percibe en los dos últimos ensayos de esta primera parte. El primero, de José Abel Ramos, titulado “El libro en los concilios. Los inicios del control eclesiástico del impreso, siglo xvi”, analiza las disposiciones tridentinas sobre la censura de obras impresas y su implementación en Nueva España. El autor articula con claridad la normativa conciliar y la producción de las imprentas, aportando una perspectiva valiosa sobre la regulación eclesiástica de la circulación de libros y documentos impresos en el siglo xvi en el contexto novohispano.

El ensayo de Juan Francisco Escobedo y Eduardo Durán, titulado “Matrimonio y amasiato en la legislación española medieval y los concilios provinciales mexicanos”, destaca por su profundidad analítica y una contextualización histórica especialmente bien lograda. Es, sin duda, una de las contribuciones más relevantes de la primera parte del libro, al vincular la legislación medieval con su reinterpretación en los concilios eclesiásticos del periodo. Como ocurre en otros capítulos, estos dos últimos también adolecen de un exceso de citas extensas que bien podrían haberse parafraseado sin comprometer la solidez argumentativa.

En conjunto, esta primera parte del volumen no logra articular sus contenidos de manera plenamente coherente. Los capítulos se presentan como ensayos independientes sobre la historia de la Iglesia en Nueva España. En algunos casos, la falta de conexión temática y metodológica entre los textos genera reiteraciones que debilitan la unidad del conjunto. Una organización cronológica de los capítulos habría facilitado una mejor comprensión de la evolución histórica abordada. Asimismo, una obra de esta índole habría ganado en solidez si los autores hubieran incluido una selección más amplia de publicaciones relevantes al final de cada ensayo, incorporando los enfoques historiográficos más recientes sobre los temas tratados.

La segunda parte del volumen se abre con el capítulo de Lourdes Villafuerte, titulado “La familia en el Concilio Vaticano II”. Ante la ausencia de un documento conciliar específico dedicado al tema, la autora analiza el texto relativo al matrimonio y al control de la natalidad, considerándolo la principal fuente doctrinal al respecto. La contextualización histórica resulta especialmente útil para entender el trasfondo ideológico y pastoral de las discusiones conciliares, y el análisis del contenido doctrinal es riguroso y bien estructurado. No obstante, el epílogo del capítulo, centrado en las repercusiones de la Implementación de las resoluciones conciliares en la sociedad mexicana, resulta insuficiente. Una exploración sociocultural más profunda habría enriquecido el ensayo.

El segundo capítulo de esta segunda parte, escrito por Tania Hernández (“La influencia del Concilio Vaticano II en la noción del nacionalismo cristiano de Sergio Méndez Arceo”), refuerza la impresión sobre el desequilibrio interno de la obra: los estudios centrados en el siglo xx destacan por su calidad y profundidad analítica frente a los dedicados al periodo colonial. En este caso, la autora examina el papel de Sergio Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca, en el Concilio Vaticano II desde dos perspectivas complementarias. Por una parte, analiza sus contribuciones durante las sesiones conciliares; por otra, estudia su concepción del nacionalismo católico mexicano, influida por las discusiones del Concilio, y que resulta claramente diferente al modelo tradicional. Esta doble aproximación, sólidamente documentada, hace del capítulo una lectura especialmente interesante que aporta una visión renovada sobre la recepción del Vaticano II en la región.

Tan interesante como el capítulo anterior resulta el ensayo escrito por Ana María Rodríguez y Leticia Torres (“La estética de la nueva liturgia en la época del obispo Sergio Méndez Arceo: la restauración de la catedral de Cuernavaca”). En él las autoras exploran la relación entre la renovación litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II y el surgimiento de una nueva estética religiosa en México, centrándose en la arquitectura sacra. El estudio destaca el papel de tres figuras clave: el obispo Méndez Arceo, el padre benedictino Gregorio Lemercier y el sacerdote Ivan Illich, como impulsores de una transformación tanto doctrinal como visual en los espacios de culto. El análisis se centra en tres intervenciones arquitectónicas: la restauración de la Parroquia de San Lorenzo Mártir en Cuernavaca, la renovación de la catedral de la misma ciudad y la capilla del monasterio de Santa María de la Resurrección en Ahuacatitlán. La interpretación que ofrecen, al vincular estas obras con las ideas reformadoras del Vaticano II, es clara, rigurosa y sugerente. También destaca la inclusión de ilustraciones que facilitan la comprensión de sus planteamientos, recurso que se echa en falta en otros ensayos del volumen, especialmente aquellos dedicados al periodo colonial.

El artículo de Rocío Martínez Guzmán y Mario Camarena Ocampo, titulado “El Concilio Vaticano II en San Pedro Mártir”, analiza la parroquia homónima, sus actividades e iniciativas desde su fundación en la década de 1960, subrayando los vínculos existentes con el pensamiento conciliar. Los autores destacan la notable transformación demográfica y urbana del área durante los años sesenta y setenta, y como ésta favoreció la aparición de nuevas formas de compromiso religioso. Asimismo, examinan la relación entre los movimientos populares, la recepción del pensamiento conciliar y la acción pastoral de los nuevos religiosos mexicanos, mostrando a la parroquia como un espacio de renovación eclesial. El capítulo habría sido todavía más interesante si hubieran incluido más referencias al funcionamiento cotidiano de la parroquia y sus dinámicas comunitarias. Aunque la estructura del texto es clara, algunos pasajes como el dedicado a las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) contienen repeticiones que debilitan la argumentación.

En el epílogo, los coordinadores reflexionan sobre la situación de la Iglesia en América Latina tras el Concilio Vaticano II. Analizan las estrategias institucionales adoptadas frente a los desafíos regionales y mencionan una “crisis” plasmada en la disminución del número de creyentes, aunque sin profundizar en aspectos clave como la evolución de las vocaciones. Aun así, afirman que la religiosidad popular se mantiene, aludiendo a devociones marianas emblemáticas en la región, aunque esta idea carece del sustento empírico presente al definir la crisis. Concluyen con una crítica al pontificado de Francisco, señalando que, pese a sus esfuerzos, careció del poder necesario para afrontar los problemas estructurales de la Iglesia en la región.

Juan Solas Corbacho
(Texas Christian University)

Alcida Rita Ramos / Carlos Salamanca Villamizar: Genocidios indígenas en América Latina. Quito / Bogotá / Rosario / Copenhague: Abya-Yala / Instituto Colombiano de Antropología e Historia / UNR Editora / International Work Group for Indigenous Affairs 2023. 392 páginas.

“Los pueblos indígenas tienen derecho a la libre determinación y en virtud de ese derecho determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural”. Con estas poderosas palabras, extraídas de una cita ubicada dentro de la tan virtuosa como simbólica Declaración Universal de los Derechos Humanos, finaliza uno de los primeros capítulos que conforman la obra aquí reseñada. De su lectura pueden concluirse dos palabras clave, que la definen en su conjunto tanto por el tema que tratan como por el regusto dejado por su contenido: la necesidad y la impotencia.

Este libro, múltiple en autoría, fue concebido durante un encuentro científico celebrado en la universidad de Brasilia en el año 2019, lo que obstaculizó su redacción a causa de la pandemia del COVID-19, un contexto de emergencia sanitaria global que no diezmó la calidad de un trabajo, a todas luces, exquisito desde el punto de vista social y científico.

La polifonía sobre la que se ha construido responde a la intención de dar voz a las historias de los pueblos originarios de Latinoamérica, quienes pese a la diversidad que en ocasiones los distinguen entre sí, han quedado unidos por una misma desdicha que los condena desde antaño, el genocidio y la opresión. Gracias al trabajo de numerosos investigadores e investigadoras del campo de las humanidades y las ciencias sociales, ha sido posible orquestar un discurso científico serio, riguroso y profundo, desde el cual evocar la memoria de aquellos que fueron asesinados en favor del malogrado espíritu del “progreso”, oprimidos bajo el yugo del racismo. Desde diferentes puntos de vista y a través de ejemplos ubicados en Argentina, Brasil y Colombia, esta investigación nos transmite la historia de poblaciones desamparadas frente al atroz avance del mundo contemporáneo, causa directa de la ruina de miles de vidas sobre las que se construyeron los cimientos de Occidente.

El genocidio, como bien cita Luciano Maríz Maia en su capítulo acerca de la masacre de Haximú de 1993, se compone de diez etapas –siguiendo la teoría de Gregory Staton–. Todas ellas, en una u otra forma, actúan en nuestro mundo de manera no lineal o impredecible, aunque no por ello ausente en eficacia. Las historias recogidas aquí nos demuestran sin tapujos la verdadera cara de la dominación ejercida contra comunidades minoritarias. También se lanza, como resulta lógico, a plantear reflexiones sobre la situación presente de determinados territorios que cuenta con contextos sociales, políticos y territoriales marcados por el impacto de un feroz imperialismo en su carne y memoria, causa de un sufrimiento irreparable. La crudeza de aquellos actos requiere de un proceso de reconocimiento hacia sus víctimas.

Es cierto que la violencia directa, la masacre y el asesinato son las formas más conocidas en estos procesos, pero no por ello debemos obviar aquellos métodos más perversos y larvados de ejecución, amparados siempre en un intento por parte de las entidades absolutistas de ser consecuentes con las ideas segregacionistas y discriminatorias que definen su naturaleza. La opresión cultural, la reclusión territorial o los desplazamientos forzados de población por intereses económicos –generalmente relacionados con actividades extractivas de recursos naturales– son algunas de ellas.

Todas estas fórmulas constituyen modelos de genocidio igual de atroces. Como bien describen los autores de capítulo “Tiempos de vida y muerte” –acerca de la opresión a los pueblos de Colombia–, aunque en la actualidad se trate de maquillar la “convivencia” bajo formas de “tolerancia”, lo cierto es que cualquier intento por parte de los estados en fomentarla no es más que un engaño que busca ensombrecer una concepción del mundo donde las poblaciones autóctonas se han convertido “en un estorbo para todos en (sus) propias tierras”.

La tolerancia pasa por una marginación donde las comunidades quedan sometidas a dispositivos estatales que los imaginan como elementos subalternos inadaptables. Carlos Salamanca trata perfectamente esta casuística dentro de su capítulo, dedicado a la actitud argentina contra pueblos autóctonos. La existencia de las reducciones confirma que dichos estados no plantean una realidad en la que estos individuos rechazan la integración en favor de un mantenimiento de sus raíces. Además, de darse dicha asimilación en la forma del “nuevo indígena”, se redundaría en una nueva y más horrible –si cabe– clasificación: ciudadanos indios, es decir, ciudadanos de segunda, estigmatizados por su procedencia.

Los estados que invaden las vidas de aquellos que buscan habitar sus tierras en convivencia no apuestan por este preciado equilibrio, sino por la dominación a través de modelos que, si bien en el pasado pudieron resultar directos y voraces, en la actualidad deben adaptarse a unos filtros que no los revelen como lo que realmente son. Ejemplo de ellos son los intentos por fomentar una centralización lingüística y terminar con las variedades territoriales presentes en los territorios “nacionales”, procesos que, aunque válidos en el pasado, no pueden ser efectuados con tal libertad en el presente.

Como bien afirma Claudia Briones en su capítulo acerca de la “conquista del desierto”, las ideas en torno a la nación y la soberanía de los nuevos estados articularon toda una serie de dispositivos violentos destinados a justificar sus ideas. Estos procesos, hoy día silenciosos, son palpables en gobiernos como el brasileño, donde diferentes proyectos de ley han estado acorralando, como bien cuenta Isabel Madariaga, a las poblaciones indígenas desde 2021, mediante diferentes actitudes aparentemente inocuas, pero enemigas directas de las libertades de sus habitantes.

Del mismo modo, aquellas medidas de protección, en apariencia promovidas por los estados totalizadores que rigen en cada territorio, son realizadas por gobiernos que carecen por completo de un interés genuino en salvaguardar los legados de estas comunidades. Más bien, y dado su innegable poderío, podría decirse que esa “protección” es más un acto que “permite” la existencia a esos pueblos, quienes sin el apoyo de asociaciones y organismos externos estarían desamparados y desaparecidos. En ciertos casos, dada la cercanía temporal de aquellos horrorosos hechos a nuestro presente, algunos trabajos de investigación han servido como pruebas dentro de procesos judiciales iniciados por organizaciones en defensa de estos pueblos, enfrentados a los estados responsables de tanto terror y miseria. Así sucede en el documental “Octubre Pilagá, relatos sobre el silencio” (2010), una obra audiovisual que buscaba recoger y contextualizar los testimonios supervivientes de la masacre de La Bomba, ejecutada por diversos efectivos militares del estado argentino durante 1947 contra el pueblo Pilagá, ubicado en dicha localidad.

Al tenor del citado juicio, un episodio más dentro de los tantos procesos que se aventuraron en busca de la justicia y reparación a las poblaciones indígenas, me resulta interesante compartir el siguiente dato: al mismo tiempo que los habitantes de La Bomba fueron fusilados, torturados y violados, en la ciudad alemana de Nuremberg se procesaban en aquellos famosos tribunales al cuerpo político y militar del partido Nacional Socialista Alemán. Esta comparación, más allá del mero interés histórico por enfrentar dos realidades que revelen una brutal hipocresía, nos ofrece una última y desoladora reflexión. Pues mientras las páginas de este libro son leídas, el horror sembrado por el imperialismo, el racismo y la discriminación sigue campando por la tierra. Pues mientras la memoria de aquellos indígenas que fueron masacrados por los estados de Latinoamérica es recuperada, entidades asesinas siguen devorando poblaciones enteras sin la oposición de quienes debieran. El Congo, Palestina o Yemen son algunos de tantos lugares que, reducidos a cenizas, se suman a la lista de un mundo con cada vez más heridas que sanar.

Marcos Fernández García
(Universidad de Oviedo)

Andrés Estefane: Contar. La producción de las primeras estadísticas oficiales en Chile. Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica 2024. 370 páginas.

Andrés Estefane ha dedicado su tesis doctoral al estudio de las estadísticas producidas en Chile, específicamente a partir de 1843, con la creación de la Oficina Nacional de Estadística, cubriendo un período de aproximadamente setenta años, que termina con la reforma estructural de la oficina en 1911. En este libro, y con una habilidad envidiable, recorre dicho marco temporal, esbozando continuidades y discontinuidades, fracasos y aciertos, que marcarán el rumbo de la producción de estadísticas en el Chile republicano.

El autor busca dar cuenta del entramado burocrático que hizo posible la producción de esta ciencia en Chile. Es a partir de aquello que Estefane vincula la contingencia política, social y económica del país con el proyecto de montar un organismo capaz de elaborar información que pudiese contribuir a las necesidades imperantes de aquella época. Y dichas necesidades van cambiando con el correr de los años. En un principio, Chile abarcaba alrededor de mil kilómetros de longitud. Sin embargo, luego de procesos de anclaje territorial tras la Guerra del Pacífico y la Pacificación de la Araucanía, no solo creció el volumen del país, sino también con ello la población. Y dicho crecimiento poblacional implica una serie de medidas que debe adoptar el Estado. Es a partir de aquello que la Oficina toma un rol preponderante. No obstante, la nula competencia burocrática, junto a una serie de deficiencias técnicas, humanas, y escasez de recursos, marcarán el camino hacia una producción estadística heterogénea, y en algunos casos, ordinaria.

Estefane aborda de manera elocuente el pobre capital humano que poseía el país a mediados del siglo xix. Es relevante este punto, porque la mayoría de quienes realizaban, acopiaban y procesaban la información censal carecían de habilidades dignas para dicho cargo. En más de alguna ocasión, se encomendaba la tarea de recolección de información a operarios públicos, a los párrocos de la iglesia e incluso a los mismos vecinos comunales, los cuales debían cumplir una función que no les correspondía. A partir de lo anterior, resultará sumamente difícil generar resultados homogéneos. A pesar de todo, el autor realiza un balance positivo del proceso. La Oficina Nacional de Estadística (predecesor del INE) logró de manera constante sobreponerse a las transformaciones, tanto físicas como ideológicas, que experimentó Chile entre la mitad del siglo xix y principios del siglo xx.

El libro se divide en cuatro capítulos. El primero hace referencia a la relación existente entre los métodos censistas de la colonia y los proyectos iniciales que desembocaron en la posterior Oficina Nacional de Estadística. Es en este capítulo que se hace mención a las propuestas ejercidas por Juan Egaña (intelectual de origen criollo de suma importancia para la elaboración de propuestas constitucionales en la década de 1820), en torno a la descentralización de la recolección de datos estadísticos, sistema que posteriormente no se llevaría a cabo. Luego, hace una breve referencia hacia la subsiguiente centralización, modelo propuesto por la Constitución de 1833 y el orden conservador. Finalmente, se aborda el capital humano existente en dicha época

El segundo capítulo aborda los inicios de la Oficina Nacional de Estadística. En un principio se da cuenta de cómo Claudio Gay (científico de origen francés, quien fue contratado por el Estado chileno para llevar a cabo diversas investigaciones en torno al capital territorial del país, y que a la fecha ya había dejado Chile) concebía un proyecto de Oficina antes de su creación, para posteriormente ahondar en un programa idóneo de investigación que permitiese constituir una institución que produjera datos estadísticos. Además, se abordan los principios prácticos para poder llevar a cabo la organización, junto con la transición entre la modalidad provisoria y su posterior institucionalización. En este sentido, hace mención a la ley de 1847, la cual institucionalizó la Oficina Nacional de Estadística. Por último, resalta el rol de José Miguel de la Barra y Manuel Talavera (ambos directores de la Oficina en dicha época), junto con el censo de 1854, además de ahondar en la tarea de los oficiales provinciales, quienes fueron fundamentales a la hora de producir material estadístico en distintos puntos del país.

Ya en el tercer capítulo se da cuenta del período que abarca un marco temporal que va desde el año 1858 al 1876. Aquí se aborda al funcionario Santiago Lindsay (director de la Oficina en aquel período) como agente activo que permitió la reorientación del rol de la Oficina respecto a la burocracia estatal. Además, se hace referencia al Anuario Estadístico de la República de Chile (revista de difusión de datos estadísticos de la Oficina). Posteriormente se mencionan casos concernientes a la falsificación de documentos, los intereses de ciertos sectores específicos y una descripción idónea de las estadísticas provinciales. Aquí también se destaca la secularización estadística. La Oficina buscó monopolizar el saber estadístico, y en ese sentido buscó quitarle preponderancia a la Iglesia. Finalizando, se da cuenta de la creación de la Sección de Geografía (otra revista de difusión) propia de la Oficina en cuestión.

El cuarto y último capítulo se aboca al período que va entre 1876 y 1911. Aquí Estefane aborda la crisis sintomática de la Oficina, la descentralización del saber estadístico y, por último, la reforma de 1911, que reestructuró el organismo e impuso los términos para que la Oficina Nacional de Estadística pudiera trabajar en condiciones pertinentes para la producción de un conocimiento tan importante.

Es interesante señalar la persistencia de quienes estaban al mando de la Oficina. Estefane hace referencia a un sinfín de discusiones, no solo en temáticas concernientes a la burocracia estatal, sino también con los mismos miembros que componían la Oficina. Las descoordinaciones eran la norma, y en base a eso la producción homogénea de datos no pudo ser posible. Estefane, sin embargo, resalta de manera bastante clara la constancia del organismo y el alto perfil político de sus directores (en su mayor parte exministros o exparlamentarios). A pesar de no contar con los recursos, tanto físicos como monetarios, el organismo en cuestión buscó incesantemente soluciones al problema. Sin embargo, dichas soluciones eran a corto plazo, y la Oficina Nacional de Estadística constantemente tuvo que recurrir al apoyo burocrático para desempeñar sus actividades. Esto es relevante ya que, de no haber sido por la insistencia de los miembros de la Oficina, todo el trabajo que realizaban pudo ser en vano.

Este libro también es un aporte fundamental para abordar el alcance que tuvo la recolección de datos en las redes de contacto alrededor del mundo. Andrés Estefane señala la importancia de la producción de estadísticas para el desarrollo científico global, ahondando en las distintas instancias que tuvo la Oficina Nacional de Estadística para verse influenciada por parámetros internacionales. Es relevante la lectura del presente libro para la historiografía universal porque la producción de estadísticas genera políticas públicas atingentes a la realidad de cada país, y la forma en la cual se recolectó la información responde a la contingencia de la época, que en gran parte de América Latina se caracterizó por la escasez de tecnología y el pobre capital humano, sumado a la influencia que tuvo la burocracia estatal, dado su interés (o desinterés) en la producción de datos estadísticos. Otro aporte del libro es que la recolección de datos estadísticos contribuye al rol asignado por el Estado que es de suma importancia: tener bajo supervisión su población y su territorio. El texto aborda la realidad chilena, pero el acopio de información en dicha época funcionaba de igual manera en otros países. Asimismo, el texto puede ser abordado para comparar los resultados obtenidos de la recolección de estadísticas con otras naciones, lo que permite darle un alcance global al texto, más allá del caso chileno.

Finalmente, recomiendo encarecidamente este libro, particularmente porque retrata con bastante claridad la trayectoria de la Oficina Nacional de Estadística y su incesante trabajo por producir datos estadísticos. Esta obra puede ser un gran aporte para la comprensión de cómo Chile logró generar datos fidedignos que dieran cuenta del estado de Chile, en un intento por producir agendas burocráticas contingentes a las necesidades del país, desde la asignación de cupos parlamentarios a la distribución del gasto social.

Sebastián Baeza Navarrete
(Universidad Adolfo Ibáñez)

María Celina Fares: Derechas e izquierdas nacionalistas en los 60: universidad y prensa local en la encrucijada nacional e internacional. Rosario: Prometeo Libros 2024. 429 páginas.

A partir de la década de 1980, el mundo académico comenzó a cuestionar el uso de la diada “derecha e izquierda”. Esta clasificación espacial, nacida en el siglo xviii, parecía perder vigencia frente a nuevas líneas de ruptura –culturales, religiosas– que se imponían en el contexto de la crisis de la modernidad. Norberto Bobbio, en su clásico Derecha e izquierda (1994), defendió la utilidad de esta distinción conceptual y que, pese a los cambios históricos, seguía siendo un marco interpretativo relevante para comprender el debate político contemporáneo. La caída de la URSS en 1991 parecía anunciar el fin de este paradigma, pero, ya pasados veinticinco años del nuevo milenio, la distinción continúa vigente. Hoy, los procesos de radicalización ideológica suelen interpretarse mediante las etiquetas de “nueva izquierda” –con énfasis en temas ecológicos y la reivindicación de derechos individuales personalísimos, como la diversidad sexual y de género–, y “nueva derecha”, en contra de lo que denomina “agenda woke”, asociada a demandas progresistas por la justicia social y la inclusión de minorías. Esta polarización recurre a un lenguaje que recuerda a la violencia verbal –y en muchos casos física– del periodo de entreguerras.

Es en este marco donde el libro de María Celina Fares –historiadora de la Universidad Nacional de Cuyo, Argentina– se inserta de manera crucial en la renovación de la historiografía argentina reciente, abordando un tema que, hasta hace poco, había quedado en un “cono de sombras” o se presentaba como un objeto residual: el nacionalismo no peronista en la segunda mitad del siglo xx. La obra dialoga directamente con la nueva historia política y la historia social de la cultura, privilegiando el cruce entre la historia de las ideas y la historia de los intelectuales, y articula diversas escalas espaciales (local, nacional, internacional) para descentrar la perspectiva tradicional que hacía eje en Buenos Aires. Al estudiar la experiencia mendocina, la autora contribuye a llenar un vacío sobre los catolicismos militantes “extracéntricos”, mostrando cómo las dinámicas locales tradujeron problemáticas nacionales e internacionales.

Fares sostiene que el nacionalismo católico mendocino de los años sesenta, enmarcado en las confrontaciones políticas (peronismo/antiperonismo, Guerra Fría, modernización/dependencia), experimentó una “divergencia interna que dio lugar a trayectorias antagónicas”. El libro se organiza en dos partes. La primera (“Universidad”) está centrada en la derecha nacionalista que se afianzó en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), especialmente en las facultades de Filosofía y Letras, y Ciencias Políticas y Sociales. Esta facción se nutrió del hispanismo y del tomismo tradicionalista, fortalecido por las redes académicas y culturales promovidas por el franquismo desde España. Fares estudia los itinerarios de figuras como Guido Soaje Ramos, Juan Ramón Sepich, Alberto Falcionelli, Rubén Calderón Bouchet, Enrique Díaz Araujo, Pedro Santos Martínez, Enrique Zuleta Álvarez y Dardo Pérez Guilhou, quienes incidieron en la configuración ideológica de las humanidades cuyanas. Argumenta que la matriz cultural hispanista, si bien unificó al espectro nacionalista, se moduló de formas muy distintas, desde un reaccionarismo integrista hasta el pragmatismo modernizante de los tecnócratas católicos. La segunda parte (“La Prensa”) explora el “giro hacia la izquierda” del nacionalismo militante, a través del análisis del periódico local El Tiempo de Cuyo (1956-1962), dirigido por Raimundo Fares. Esta prensa adoptó un discurso antiimperialista y una sensibilidad social proveniente del catolicismo reformista, lo que resultó en su alineamiento con las nuevas izquierdas y lo puso en confrontación con sus antiguos correligionarios de derecha.

La investigación de Fares visibiliza un punto de inflexión crucial en la trayectoria del director de El Tiempo de Cuyo, a través de su viaje a China en la primera mitad de la década de 1960. Raimundo Fares formó parte de una comitiva invitada por el gobierno de Mao Tse-tung como parte de una campaña de “diplomacia cultural” destinada a romper el aislamiento diplomático del gigante asiático. Regresó convencido de que la experiencia china era un ejemplo admirable que ponía en evidencia la configuración de un “nuevo orden mundial”. A su juicio, el éxito de la revolución no se debía únicamente al comunismo, sino a la convergencia de su ideario con fuertes componentes de nacionalismo y confucionismo, lo que le permitía vislumbrar un camino hacia un socialismo nacional o una Tercera Posición, distanciado del comunismo estalinista. No obstante, la recepción de esta perspectiva en Argentina fue sumamente conflictiva: el propio periódico, si bien había celebrado la autonomía de China en el concierto internacional, se negó a publicar las observaciones de Fares, lo que influyó en su posterior alejamiento de la empresa. La publicación de sus ideas en el libro Un inmenso convento sin Dios (1964) generó repudio y ostracismo en sus viejas redes de sociabilidad, especialmente en los círculos nacionalistas y eclesiásticos mendocinos, quienes no aceptaban su lectura en clave católica de la Revolución China ni su admiración por un líder considerado por la derecha como el anticristo. Este quiebre ideológico fue decisivo para afianzar el giro de Fares hacia el tercermundismo, en consonancia con los movimientos de liberación y la nueva sensibilidad social del catolicismo que propugnaba la opción por los pobres.

El libro de Celina Fares no tiene fisuras. El aparato crítico y la metodología de la obra son rigurosos y se adaptan a la complejidad del objeto de estudio. Consciente de la dificultad de trabajar con la historia reciente y la cercanía personal con el objeto de estudio (su padre fue director de El Tiempo de Cuyo), Fares aplica un ejercicio de “racionalidad crítica secular”, buscando la distancia necesaria a través de la metodología. En cuanto a las fuentes, la investigación es exhaustiva y multifacética, recurriendo a la reconstrucción de archivos dispersos. Metodológicamente, la adopción de la microhistoria para estudiar “casos no generalizables, anómalos y marginales” (como el nacionalismo provincial no canónico) resulta significativa.

Entre los logros más notables de la obra se encuentra la articulación de las redes transnacionales. Se visibiliza cómo la UNCuyo emergió como una institución relevante en la difusión del hispanismo franquista y cómo las vinculaciones hispanistas fueron fluidas y financiadas –por ejemplo, en la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla (EEHA)–, lo que impactó profundamente en el desarrollo de las humanidades y ciencias sociales locales. Asimismo, el rescate de las trayectorias de los “otros intelectuales” (profesores académicos no canónicos y figuras de la prensa) es fundamental para descentrar la historia intelectual argentina. En el detallado análisis de la prensa en la segunda parte, Fares logra demostrar cómo El Tiempo de Cuyo funcionó como un “actor político” que cabalgaba entre la prensa partidaria y la comercial, y cómo su agenda antiimperialista (por ejemplo, su campaña contra los contratos petroleros de Frondizi) y su sensibilidad social lo llevaron a converger discursivamente con el peronismo y el comunismo, sectores que hasta entonces consideraba enemigos.

Derechas e izquierdas nacionalistas en los 60 es una contribución significativa a la historia política e intelectual de Argentina. Ofrece una visión compleja y matizada de un fenómeno (el nacionalismo posperonista) muy poco explorado, mostrando su capacidad de adaptación y sus derivaciones ideológicas antagónicas. El rigor empírico y el análisis de las redes transatlánticas enriquecen notablemente el entendimiento de la Guerra Fría cultural en el Cono Sur. Además, por su estilo narrativo claro y la contextualización detallada, ofrece un insumo indispensable tanto para el público académico como para todos aquellos lectores interesados en las raíces profundas de la polarización ideológica argentina del siglo xx.

José Zanca
ISHIR-CONICET, Rosario

Manuel Gárate Chateau: La creación de un monstruo. La imagen de Augusto Pinochet en caricaturas de prensa extranjera. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Alberto Hurtado 2023. 275 páginas.

Como plantea Eric Hobsbawm en La Era del Imperio (1875-1914), fue la expansión de algunas naciones europeas movidos por la obtención de recursos naturales para la industria capitalista a nivel global y también una forma de entender la política que determinó una misión “civilizadora” e interconexión económica por la que compitieron las potencias capitalistas en la obtención de los recursos naturales. En un ámbito cultural, la expansión de las ideas a los confines más recónditos del mundo es otra de las características de las potencias globales imbuidas por la Ilustración. ¿Qué beneficios puede tener para los historiadores? Los imperios tienden a concentrar en sus bibliotecas innumerables libros de distintos rincones del mundo y diversidad de archivos. Al comprender esto último Manuel Gárate Chateau y localizarse en París, le permitió revisar, recopilar y sistematizar una diversidad de revistas y diarios de distintas naciones que retrataron, a nivel internacional a Augusto Pinochet, entre 1973 a 2016.

Si la historia trasnacional aspira a superar la historia nacional, este libro logra dar cuenta de los diversos aspectos que nos permiten analizar los aspectos nacionales a través de fuentes internacionales. No significa, exclusivamente, que las perspectivas externas logran comprender las complejidades de las variables internas. Aquello en este libro se refleja en el último capítulo sobre el “ocaso del dictador y su imagen en la cultura pop”, en las caricaturas internacionales que, a veces, no logran dar cuenta de las continuidades que significó la transición ni las relecturas que las nuevas generaciones han hecho sobre el proyecto neoliberal y sus líderes. Este libro logra unir en su reconstrucción histórica lo internacional y lo nacional en base a una interpretación de quien ha vivido esta experiencia como un niño, joven y un profesional de la historia. Lo primero explica el título, sus recuerdos como un niño que experimenta la dictadura y debe crecer bajo ella: “un nuevo villano global”. Cómo un joven que vive el retorno a la democracia y experimenta los vaivenes de la transición, el mismo que celebra la detención del dictador y analiza los límites de la democracia que permite a la figura evitar la cárcel y quedar en el ostracismo político. El autor lo llama a esto último “la segunda vida”, en la que analiza el ocaso del dictador, concluye con preocupación de cómo se ha venido transformando Pinochet en una “cultura pop” de la mano con el resurgimiento de los autoritarismos a nivel global. El libro, en ese ámbito puede ser analizado disciplinalmente también desde los enfoques de la historia cultural y de las emociones.

Por la calidad de las fuentes y algunos ilustradores que componen este libro, La creación de un monstruo es inédito para las investigaciones en Chile y nos permite analizar el imaginario que se construyó internacionalmente respecto a la figura del dictador, pero relevando el arte de la caricatura que fue crucial en la creación de un monstruo al reflejar las acciones de una dictadura militar. Porque Gárate nos enseña en este libro que la caricatura y la sátira funcionan como un instrumento de ataque y crítica política. Pinochet concentró todos estos elementos como es posible observarlo durante el periodo histórico de este libro.

Las diversas caricaturas que retrataron a Augusto Pinochet a través de diversos medios internacionales nos permiten comprender cómo fue visto Pinochet por diversos caricaturistas, algunos, como los franceses brutalmente asesinados por grupos islamistas al interior de las dependencias de Charles Hebdo. Este hecho es importante: la caricatura puede mostrar todo su potencial solo en sociedades donde existe protección a la libertad de expresión. Al interior de ellas se entiende mejor los ámbitos simbólicos de los dibujantes como incrementar la fealdad, los grises, las distintas formas y la muerte.

Como Historiador, Gárate fluctúa la investigación clásica historiográfica y el ensayo al comprender La creación de un monstruo. También nos enseña en su libro que el humor es subversivo, peligroso y el buen humor es siempre crítico. Esto último es posible verlo sobre todo en las caricaturas desarrolladas en la década del ochenta, cuando el objetivo era poner fin a la dictadura y el dictador presentaba toda una fortaleza sociopolítica, por ende, la caricatura aspiraba más que enaltecerlo a contribuir a la denuncia y poner fin al Régimen. Esto mismo regresa de la mano con la detención del dictador, en que nuevamente se incrementa el arte de la caricatura para recrear a Pinochet como el “super villano favorito”.

Tal vez, comparto menos con el autor sus temores sobre las nuevas caricaturas respecto a Pinochet como un icono pop y posibilidad de banalización del sujeto histórico. Esta última perspectiva lo observa en específico con The Clinic, una revista satírica chilena, y otros ámbitos iconográficos creados en los últimos años. Es cierto que existe un incremento de la derecha en ámbitos globales, que nuevas generaciones intentan reposicionar a Pinochet en nuevas dimensiones, pero como el mismo autor nos dice, a la fecha, el dictador no tiene un espacio público, sus restos se encuentran al interior de su amplia hacienda en Bucalemu y no existe una peregrinación a su figura. Pinochet sigue reflejando una estética del mal y concentrar en su figura todas las variables que lo construyen en un villano global.

El libro de Manuel Gárate, La creación de un monstruo. La imagen de Augusto Pinochet en caricaturas de prensa extranjera, es a la fecha el único libro que nos invita a comprender la historia de la dictadura y de posdictadura a través de la visualidad ordenada y analizada en distintos periodos históricos internacionales, entrelazados con la creación de las caricaturas de diversos y diversas ilustradores posibles de encontrar en la capital y biblioteca de un imperio. También nos recuerda la importancia de la caricatura en la prensa, hoy una profesión en extinción y que su arte es posible de desarrollarse sólo como un resultado de una discusión colectiva. La buena caricatura tiene por misión en lo simple explicar lo complejo y al mismo tiempo retratar a través del arte lo que es difícil de decir en contextos autoritarios. Cuando todo esto se entrelaza, su resultado puede ser peligroso. Es el silencioso homenaje que Gárate realiza a Jean Cabut, uno de los dibujantes asesinados en las oficinas de Charles Ebdo por retratar a Mahoma en el año 2009 a quienes dedica su libro.

Fernando Pairican Padilla
(Pontificia Universidad Católica de Chile)

Índice de títulos reseñados

Branderberger, Tobias/Altevoigt, Alexander (eds.): Censura. Manifestações da repressão cultural através do tempo (Xosé Manuel Dasilva) 289

Campisi, Nicolás: The Return of the Contemporary: The Latin American Novel in the End Times (Paul R. Merchant) 313

Celina Fares, María: Derechas e izquierdas nacionalistas en los 60: universidad y prensa local en la encrucijada nacional e internacional (José Zanca) 331

Estefane, Andrés: Contar. La producción de las primeras estadísticas oficiales en Chile (Sebastián Baeza Navarrete) 328

Fontana, Josep: La República. A cura de Gonzalo Pontón (Ricardo Robledo) 315

Fuentes Codera, Maximiliano: Sánches Mazas. El falangista que nació tres veces (José Luis Rodríguez Jiménez) 320

Gallardo-Saborido, Emilio J./García Talaván, Paula (eds.): Seguras fortalezas de amistad. (Des)encuentros entre la literatura latinoamericana y los países comunistas europeos (Germán Alburquerque) 302

Gárate Chateau, Manuel: La creación de un monstruo. La imagen de Augusto Pinochet en caricaturas de prensa extranjera (Fernando Pairican Padilla) 334

Hernández Vicencio, Tania/Camarena Ocampo, Mario/Martínez Guzmán, Rocío (coords.): Del cielo a la tierra. Acogida y praxis de las enseñanzas conciliares en Nueva España y México (siglos xvi al xxi) (Juan Solas Corbacho) 323

Meadows, Harrison: Wild Theater: Staging the Margins of Baroque Ideology in the Spanish Comedia (Enrique García Santo-Tomás) 291

Mora-Ballesteros, Luis: Ciudades y mundos posibles. Distopías y estados de control en la novela hispanoamericana contemporánea (Francisco Morales Ardaya) 306

Pascual Pérez, Jesús María: El espionaje en la Guerra Civil. La información como arma. Prólogo de Ángel Viñas (Pedro Barruso Barés) 317

Rita Ramos, Alcida/Salamanca Villamizar, Carlos: Genocidios indígenas en América Latina (Marcos Fernández García) 326

Santos Sánchez, Diego/Serrano Aguilar, M. (eds.): “El niño mirará al mundo, la niña mirará al hogar”. Literatura y género bajo el franquismo (Inmaculada Plaza-Agudo) 297

Schlickers, Sabine: Cartografía del mal: ficciones hispánicas de terror en el siglo xxi (Carmen Ruiz Barrionuevo) 308

Vilches-De Frutos, Francisca/Nieva-De la Paz, Pilar (eds.): María de la O Lejárraga (1874-1974). Teatro, feminismo y vanguardia (Mónica Albizúrez) 294

 

 

 


1 Véase Alda Blanco. 2000. “Prólogo”. Gregorio y yo: medio siglo de colaboración. Ed. Alda Blanco. Valencia: Pretextos, pp. 25-26.

2 The Fontana Economic History of Europe. Glasgow: Collins-Fontana books, 1976, pp. 460-529. (Traducción en Ed. Ariel, 1980).

3 La II República una esperanza frustrada: actas del Congreso Valencia Capital de la República. València: Edicions Alfons el Magnànim, , 1987, pp. 9-22.

4 Manel López Esteve: Els fets d’octubre de 1934 a Catalunya: més enllà de l’acció governamental. Tesis doctoral, UPF, 2012.