DOI: 10.18441/ibam.26.2026.92.281-317

 

 

 

 

RESEÑAS IBEROAMERICANAS

IBEROAMERICAN REVIEWS

Jéromine François / Xosé Manuel Dasilva / Catherina Saavedra / Alejandra Oyarce / Giuseppe Calò / Lasse Hölck / Carlos Larrinaga / Enrique García García / Pedro Barruso Barés / Christian Büschges / Ignacio Telesca / Sebastián Hernández Toledo

1. LITERATURA IBÉRICAS: HISTORIA Y CRÍTICA

Ana Isabel Carrasco Manchado, María Jesús Fuente Pérez y Alicia Montero Málaga (eds.): El presente de un pasado imaginario. Edad Media y neomedievalismo en la era digital. Barcelona: Icaria 2024. 293 páginas.

El “medievalismo” designa el fenómeno de (re)apropiación (a veces drástica) de referencias medievales, cuando los receptores posteriores las remodelan libremente con el fin de adaptarlas a nuevas estéticas, transformarlas en el vehículo de contenido ideológico, o transferirlas a nuevos (y variados) soportes mediáticos, desde la novela juvenil hasta el videojuego, pasando por el tebeo, series de Netflix, campañas publicitarias o memes difundidos en redes socio-digitales. En la última década, los hispanistas empezaron a interesarse cada vez más por este objeto de estudio, desarrollando proyectos de calidad para esclarecer esta curiosa mecánica de la recepción contemporánea de la época medieval. Es el caso del proyecto Parnaseo “Storyca-Edad Media contemporánea”, impulsado desde la universidad de Valencia, o de los trabajos publicados en los últimos años por Antonio Huertas Morales, gracias a los cuales, entre otras aportaciones, el ámbito hispánico se va cartografiando en el campo de estudio ahora conocido como los studies in medievalism, hasta la fecha sobre todo representado en el ámbito académico francófono (por ejemplo a través del portal “Modernités médiévales”, https://modmed.hypotheses.org) y anglosajón (https://medievalism.org).

El volumen colectivo El presente de un pasado imaginario. Edad Media y neomedievalismo en la era digital, editado por Ana Isabel Carrasco Manchado, María Jesús Fuente Pérez y Alicia Montero Málaga, contribuye de forma eficaz a este desarrollo actual de los estudios medievalistas hispánicos al ofrecer un panorama amplio y matizado de las prácticas neomedievalistas que han surgido en la España actual. Según la perspectiva neomedievalista, la instrumentalización de elementos que en el imaginario colectivo se asocian con la Edad Media implica cierta poética del anacronismo, dado que lo supuestamente medieval se relee la mayoría de las veces en función de un paradigma sociocultural contemporáneo, sustancialmente diferente del contexto medieval primigenio. El neomedievalismo se enfoca así en la reactualización de un pasado a menudo fantaseado, a la vez como producto comercial de entretenimiento y clave de interpretación del presente y del futuro.

La primera parte del volumen (“I. Neomedievalismos. Teorías e historiografías”), que ofrece un estado de la cuestión teórico y conceptual sobre las nociones de (neo)medievalismo y la historia de su estudio, empieza con un capítulo en el que Ana Isabel Carrasco Mancho cuestiona la periodización histórica, siempre arbitraria y culturalmente situada, que llevó el Occidente a esencializar ese milenio etiquetado como “Edad Media”. Traza luego un breve panorama de las tradiciones académicas que se interesaron por la reactualización del pasado medieval, haciendo hincapié en los “usos” y “abusos” de la Edad Media que se pueden observar tanto en la esfera política (la autora habla de “medievalismo político”) como, de forma más global aún, en los discursos públicos (se define así un “medievalismo público”). Se examina también la polisemia de los términos “neomedievalismo” y “nueva Edad Media”, asociándolos con la posmodernidad y la cultura industrial, que hacen de la Edad Media tanto un vector de escapismo como un vehículo de activismos reivindicativos.

Por su parte, el filólogo Alberto Montaner dialoga con este primer capítulo en “La Edad Media o la épica perenne”, donde observa en qué medida la época actual se caracteriza como una “nueva Edad Media”, incurriendo los autores en estereotipos que suelen distorsionar las fuentes históricas. El capítulo se concentra después en la preferencia por la Alta Edad Media y la tonalidad épica que suelen manifestar las obras neomedievalistas, tomando como ejemplo emblemático del fenómeno el caso de las adaptaciones narrativas del Cid producidas en el siglo xxi. El investigador propone clasificarlas entre versiones de tipo “metaverso” (que “intenta recrear una Edad Media reconocible, con un componente histórico más o menos concreto”, p. 57; Montaner diferencia el metaverso “historicista”, bastante documentado, del metaverso “de recreación libre”, en el que las figuras históricas solo intervienen de forma ocasional) y versiones de tipo “heterocosmos” (cuando se recrea la Edad Media con códigos fantásticos o de heroic fantasy). A partir de esta tipología, se indagan los rasgos épicos (la secuencia narrativa del combate, el motivo de la exultación guerrera, el componente espectacular, el símbolo de la espada) presentes en las diferentes modalidades neomedievalistas para luego examinar las funciones que puede cumplir esta apropiación de la épica medieval desde el siglo xxi.

La segunda parte del libro (“II. Usos y abusos del medievo, entre el poder y la política”) agrupa estudios que examinan la presencia de elementos neomedievalistas en el espacio público, rastreando los tópicos (nacionalistas y hasta fascistas, de origen franquista) que siguen vehiculando los discursos políticos (por ejemplo en marcos electorales; es el objeto del capítulo redactado por Martín Ríos Saloma y Alejandro García Sanjuan, así como de la contribución de Israel Sanmartín, que analizan sobre todo la retórica del partido de ultraderecha Vox, pero también señalan medievalismos propios de ideologías de izquierda), los monumentos públicos (en la contribución de Francisco Moreno se muestra hasta qué punto la presentación turística de ciertos lugares de memoria, como la cueva de Covadonga, sigue conllevando, hoy en día, estereotipos afines a los valores de la dictadura), o debates relacionados con lugares de culto (Marisa Bueno estudia el caso de la mezquita de Córdoba, que ha sido patrimonializada por varios grupos políticos y religiosos, independientemente de los datos objetivables proporcionados por la arqueología). El imaginario de la Reconquista recorre estos artículos, ya que este motivo sigue desempeñando un papel fundamental en la construcción de cierta identidad española difundida en la actualidad por algunos partidos conservadores para criticar políticas inclusivas.

En el penúltimo apartado titulado “III. Héroes medievales y narrativas medievalizantes”, se reúnen trabajos centrados en las prácticas neomedievalistas de tipo literario. Jacobo Hernando Morejón muestra la evolución de la historieta de temática histórica, cuya finalidad parece ante todo divulgativa, a lo largo del siglo xx (siguiendo un llamativo calendario de efemérides conmemorativas), antes de desarrollar un estudio de caso: el de la (poca) representación del reino visigodo en este corpus. Antonio Huertas, por su parte, reflexiona sobre los desafíos (a nivel de formación del profesorado, por ejemplo) que implica el uso de la novela infantil y juvenil de corte medieval para docentes de primaria y secundaria que proponen de este modo al alumnado conocimientos históricos de forma atractiva. El estudioso ofrece a continuación un recorrido sintético por novelas recientes que recrean la figura del Cid, con lagunas y errores historiográficos que el docente, con su papel de mediador, deberá señalar. Por último, tanto Patricia Rochwert-Zuili y Hélène Thieulin-Pardo como Iago Brais Ferrás García y Pablo Fernández Pérez investigan el género de la novela histórica: las primeras desde una perspectiva cronotópica (puesto que estudian la representación y tipificación del espacio medieval en una muestra de novelas contemporáneas que, en cierta medida, promocionan el patrimonio histórico español), los segundos a partir de novelas de Toti Martínez de Lezea y Luis García Jambrina. Tras contextualizar el éxito de la novela histórica de tema medieval en España desde finales del siglo xx, Ferrás García y Fernández Pérez muestran cómo este tipo de producción refleja, a partir del referente medieval, preocupaciones contemporáneas candentes (la pandemia de Covid en el caso de García Jambrina, el colapso global, evocado a través del milenarismo medieval, en el caso de Martínez de Lezea).

Los últimos capítulos del volumen (agrupados en “IV. Recrear una vida medieval: entre la fantasía y la historia”) se acercan por su parte a prácticas neomedievalistas propias de la era digital, como las series destinadas al streaming o el videojuego. David Porrinas estudia por ejemplo los factores del éxito de la serie de HBO Game of Thrones y de la serie de Amazon Prime El Cid. Aunque propone varios comentarios interesantes (sobre la influencia de Maurice Druon en J. R. R. Martin, la asimilación de la Edad Media con un imaginario sangriento, la representación de figuras femeninas empoderadas como estrategia para atraer un público femenino, la humanización del Cid), este capítulo carece de verdadera comparación que permita relacionar los dos casos, evidenciando las diferencias y similitudes eventuales entre los mecanismos neomedievalistas de tipo serial aquí presentados.

El campo del videojuego se investiga por su parte, aunque de forma bastante breve, en los capítulos a cargo de Diego Torrico Díaz-Meco, Adrián Ocaña Vázquez y Blanca María Ramos Pérez. Si el primer investigador ofrece un panorama de los videojuegos de temática medieval (catalogando sus motivos recurrentes y retomando la distinción establecida por Alberto Venegas entre videojuegos de historia-testimonio, de historia-problema y de historia-mediática), los otros dos se centran en el caso específico de A Plague Tale: Innocence –recurriendo a la misma tipología de Venegas– para mostrar de qué manera los dispositivos lúdicos de las nuevas tecnologías permiten “una revisión de los modelos tradicionales de divulgación histórica” (p. 264).

Por su parte, Luis Sanmartín del Río concluye el libro indagando en una práctica neomedievalista sui generis: la de los mercados medievales y, en concreto, la presencia en estas ferias de la Asociación para el Estudio de la Cultura Cátara, que reconstruye el pasado medieval de forma fantasiosa para proponer formas de religiosidad alternativa.

La gran mayoría de los artículos agrupados en este volumen colectivo comparten una misma preocupación teórica y terminológica, así como bibliografías actualizadas (desde los trabajos pioneros de Umberto Eco a las referencias más recientes), asegurando cierta coherencia entre las diferentes aportaciones. Los capítulos se interesan asimismo tanto por el enunciado medievalizante como por su contexto de enunciación, una articulación que constituye sin duda uno de los logros principales de la presente publicación. Toda una paleta de Edades Medias (negra, rosa, cuando se asocia al período medieval una dimensión sentimental, y hasta verde, con tonalidad ecológica) se despliega al hilo de estas páginas en las que se rastrea la instrumentalización de una etiqueta historiográfica como producto de venta, dispositivo divulgativo o estrategia discursiva. Como tal, la Edad Media ha sido convertida en transmisora de mitos y tópicos, la gran mayoría relacionados con la identidad nacional española, y a menudo se afianzan errores historiográficos en el imaginario colectivo. De ahí la importancia de auscultar y desalojar estos mitos medievalizantes, como lo hacen los autores de este volumen.

Jéromine François (Université de Namur-NaLTT)

Ramón Villares: Repensar Iberia. Del iberismo peninsular al horizonte europeo. Barcelona: Pasado y Presente 2024. 243 páginas.

El responsable de la presente monografía es una figura destacada en el panorama de los estudios históricos contemporáneos, particularmente en el ámbito gallego y también en el espacio peninsular en general. Entre otras características apreciables a lo largo de su amplia labor investigadora, corresponde resaltar que una de las más notables radica, sin lugar a dudas, en la profunda sensibilidad que a menudo ha revelado hacia todo lo portugués. Cabría calificar esta marcada inclinación como una valiosa herencia, en cierta manera, del admirable ejercicio cultivado desde la esfera académica por Pilar Vázquez Cuesta, una de las personalidades de perfil lusitanista más relevantes durante la segunda mitad del siglo xx. Sirva como muestra reciente del fecundo trabajo de Ramón Villares en esa línea, dentro de su abundante bibliografía, el volumen Galiza, Terra Irmã de Portugal (2022), donde se abordan las múltiples conexiones de diferente índole que aproximan en escala sensible estas dos realidades geográficas.

El punto de partida del ensayo ofrecido en esta ocasión se sitúa en un seminario celebrado hace unos pocos años en la Fundação Casa de Mateus, en Vila Real, cuyo eje giró predominantemente en torno a la pertinencia de fraguar una fórmula moderna para volver a pensar el concepto ibérico. En consonancia con el estímulo de dicho desafío, la tesis subyacente en sus páginas consiste en contemplar los nexos políticos y culturales de esta porción territorial como una oportunidad hoy en día propicia y creciente, y no solo como un motivo de polémica confrontación, tal como sucedió por desgracia en otras épocas. Obviamente, los contactos entre los variados componentes que integran el marco luso-español han tenido que cambiar por fuerza en el seno de la Unión Europea, superando con naturalidad temerosos recelos y vanas arrogancias, aparte de los acentuados sesgos atribuidos en muchos casos a la idea de inspiración iberista que frustraron con pertinacia cualquier esperanza de que algún impulso pudiese alcanzar éxito para arrojar los frutos deseados.

De acuerdo con el sólido razonamiento del autor, un iberismo auténticamente renovado se halla lejos de imaginarse, en nuestros días, de todo punto inviable, aunque conviene que se desvíe en un nivel sustancial de la mera expresión retórica y se plasme en demostraciones tangibles. A su entender, el objetivo capital se cifra primordialmente en dotar de una dimensión enriquecedora a los vínculos establecidos en las circunstancias actuales. Para ello, deben tomarse en cuenta en medida adecuada los desemejantes constituyentes que abarca la referida área, sobre todo en el segmento español, con muchas más disimilitudes que el portugués, de superior homogeneidad en virtud de su propio devenir interno. En esta dirección, no se deja de aquilatar la clásica propuesta acuñada bajo la denominación “dualismo peninsular”, debida a Oliveira Martins, si bien planteada necesariamente desde un ángulo moderno, donde el nuevo horizonte viene determinado en grado trascendental por el desmantelamiento casi total de los obstáculos fronterizos inherentes al período pretérito.

En lo que respecta a su disposición editorial, el libro aparece encabezado por tres lemas altamente ilustrativos de su meta esencial. En primer término, una esclarecedora comunicación personal del poeta catalán Joan Maragall a Miguel de Unamuno, datada en 1907, que preconizaba la verdadera idoneidad de una “composición ibérica”, designio este bastante apartado de cualquier tentativa sin más de “unidad ibérica”. A continuación, se reproducen varios versos de Fernando Pessoa en los que emerge la afinidad legítima, en un complejo trance histórico colectivo, de las gentes que ocupan este costado europeo occidental. Finalmente, se recoge una reflexión clarividente de José Saramago sobre la absoluta imposibilidad de vivir sin alguna suerte de iberismo, a pesar de que este aliento parezca encontrarse muerto. Ya la obra en sí consta de un “Prefacio”, donde se condensan con loable esfuerzo algunos de los ingredientes cruciales que sustentan la fundamentación defendida con estricta coherencia por Ramón Villares, y de nueve apartados de extensión regular.

El principal mérito de esta importante aportación reside, por supuesto, en que proporciona una mirada histórica ajustada a un prisma comparado acerca de los pueblos peninsulares, aunque encierra algo más que esta utilidad palpable. Por añadidura, se trata de una visión diacrónica que no se limita a ser en puridad una detallada sinopsis descriptiva, dado que prevalece de continuo la perspectiva crítica con el objeto de brindar a la postre un planteamiento de cariz constructivo para los momentos presentes y venideros. En ese sentido, es imprescindible señalar que el autor se comporta con sutil destreza ante el enorme caudal bibliográfico existente alrededor de este controvertido asunto, no pocas veces explorado en abundancia a través del tiempo, el cual llegó a ser vivamente candente en no escasas coyunturas.

De tal modo, se profundiza inicialmente en las propuestas de signo iberista que afloraron con espléndida profusión en el transcurso de la etapa decimonónica, centradas en el ánimo deliberado de instituir lazos dinásticos o de forjar ideales republicanos. Más adelante, por otro lado, son objeto de cuidadoso examen los sostenidos esfuerzos realizados por los regionalismos y los nacionalismos desde la parte española, así como la intensa actuación de orden autonomista desarrollada en especial durante la fase de entreguerras. En lo que atañe concretamente a la fase menos distante en el tiempo que merece atención, se analizan los reiterados intentos llevados a cabo al término de las respectivas dictaduras de Franco y Oliveira Salazar en cada uno de los dos países en pleno tránsito, a partir de vías con analogías visibles y a la vez dispares, hacia la normalidad democrática.

Para nuestro interés específico, en el interior de la triple vertiente política, cultural y literaria que se observa en la cuestión iberista, resulta pertinente fijarse expresamente en las dos últimas. Desde luego, Ramón Villares dedica minucioso esmero a contextualizar los flujos intelectuales, con frecuencia significativos en el plano artístico, que proliferaron entre Portugal y el Estado español, Portugal y Cataluña y, con un protagonismo indiscutible, Portugal y Galicia. En ese terreno, hay que subrayar el realce alcanzado en la edad de oro del iberismo por diversas revistas en las que está patente la vocación común, en su mayoría editadas en tierras lusas, pero sin prescindir de colaboradores de otras nacionalidades. Menciónense, como cabeceras de referencia, Revista Estrangeira, Revista Universal Lisbonense y Revista Popular de Lisboa. Una alusión privilegiada exige el semanario A Península, fundado en 1852, que puede catalogarse con justicia como la primera publicación periódica que fomentó de forma regular el diálogo transfronterizo. En la misma senda es indispensable recordar aún la Revista Peninsular, con la colaboración de insignes plumas, y la Revista Ocidental, donde participaban nombres prominentes de la Geração de 70.

Antes de terminar, un comentario específico requiere la configuración idiomática de esta estimable contribución. Por voluntad consciente del autor, se percibe en ella una nítida opción de naturaleza traslativa que no posee un alcance meramente lingüístico, sino que responde al mismo espíritu de concertación que se mantiene en el volumen como apuesta decidida desde una óptica ideológica. En efecto, es preciso poner énfasis en el meritorio hecho de que todas las citas ajenas se hayan respetado íntegramente en sus lenguas ibéricas originales, puesto que se ha considerado con sincera convicción que desde las distintas nacionalidades que conforman este mosaico plural existe suficiente capacidad para comprenderse mutuamente.

Xosé Manuel Dasilva (Universidade de Vigo)

2. LITERATURA LATINOAMERICANA: HISTORIA Y CRÍTICA

Raúl Silva de la Mora: Roberto Bolaño: real infrarrealista. Santiago de Chile: Carbón Libros 2023. 120 páginas.

Raúl Silva de la Mora nació en Ciudad de México en 1958 y creció en la capital del estado de Morelos. Es escritor, periodista, traductor y editor. Fundador de la revista digital Nomedites y de las editoriales La Cartonera, en 2008, y La Ratona Cartonera, en 2009. Ha colaborado en periódicos, revistas y suplementos culturales mexicanos. Fue becario de crítica literaria en el Instituto Nacional de Bellas Artes y recibió el Premio Nacional de Periodismo Radiofónico FIL, 2001.

Roberto Bolaño: real infrarrealista es un texto único, que se resiste a cualquier clasificación de orden genérico. Su singularidad radica en que, aunque en una primera lectura podría interpretarse como una versión real de la ficción publicada por Roberto Bolaño (1953-2003) en 1998 (Los detectives salvajes), la obra adquiere una autonomía literaria propia al establecer un diálogo crítico y creativo con el universo referencial del autor chileno. A través de la combinación de investigación periodística, testimonio, biografía y ficción, configura una estructura híbrida que no solo desafía las fronteras entre realidad y ficción, sino que también habilita un espacio de libertad narrativa y de exploración estética, lo que siguiendo a Fréderic Badré se traduciría en un devenir contra-sociedad al enfrentarse a la presión social y al calendario de la mercancía1, en consonancia con el modus operandi de Bolaño, tal como lo manifestó desde sus primeras declaraciones estéticas en “Déjenlo todo, nuevamente: Primer Manifiesto Infrarrealista”2 (1976), hasta en su libro póstumo de cuentos El secreto del mal (2007).

La evocadora obra de Silva de la Mora se abre con un epígrafe tomado del Primer Manifiesto Infrarrealista de Bolaño: “El riesgo siempre está en otra parte. / El verdadero poeta es el que siempre está abandonándose. / Nunca demasiado tiempo en un mismo lugar, / como los guerrilleros, como los ovnis, como los ojos blancos de los prisioneros a cadena perpetua” (p. 1). Este fragmento opera como una clave de lectura para la propuesta narrativa, ya que permite reconocer que el autor recolecta minuciosamente los indicios de la existencia real del escritor, transformándolo en el personaje protagonista, el Real Infrarrealista. Así, el epígrafe no solo sitúa a Bolaño como narrador contemporáneo, sino que lo restituye como poeta que, en los comienzos de su trayectoria, intenta encontrar una forma de persistir en la escritura. El manifiesto funciona como una carta de navegación que condensa su poética inicial, pero que también guía su camino posterior: la del poeta que asume el riesgo de habitar la literatura como un guerrillero o un viajero errante, movido por la urgencia de continuar escribiendo poesía, como un condenado.

En esta sintonía, a continuación, el autor incluye una fotografía de los jóvenes poetas infrarrealistas, los amigos de Bolaño, sus coetáneos reales convertidos en personajes del universo bolañiano. Y luego da paso al índice del libro que se estructura en seis partes: “El joven Bolaño: Coyotito en la Colonia Obrera”, “Primeras obras: Ya mi mano está escribiendo”, “El Infrarrealismo: Vivir en otra realidad”, “Éxodo: Arturo Belano o solo B”, “Testigos, por orden de aparición” y, finalmente, un “Epílogo”. Cada una de estas partes, introducida por una fotografía de la época, reúne una serie de testimonios de quienes conocieron, compartieron y coincidieron con Bolaño en los años de formación del movimiento infrarrealista, es decir, en los setenta. Se trata del registro de dieciocho informantes, recopilado por Silva de la Mora. Entre los entrevistados se cuenta a Victoria Soto, Carla Rippey, Juan Esteban Harrington, José Peguero, Rafael Catana, Luis Antonio Gómez, José Rosas Ribeyro, Julián Gómez, Piel Divina, Juan Cervera Sanchís, Lucero Andrade, Rubén Medina, Carlos Chimal, María Guadalupe “Pita” Ochoa, José Vicente Anaya, Edgar Altamirano, Ramón Méndez Estrada y Bruno Montané. Este registro es el resultado de veinticinco años de investigación y trabajo periodístico e indagación profunda, que tiene la finalidad de escribir una memoria del movimiento infrarrealista, como se confirma en el epílogo. Si bien estas entrevistas intentan reunir información para configurar un retrato de Bolaño Infrarrealista, es importante considerar que fueron efectuadas con posterioridad a su muerte y a su consagración como autor mundial.

Antes bien, a lo largo de cada una de sus partes encontramos testimonios, anécdotas, historias personales, críticas de su obra y una variedad de detalles de la realidad referencial de los años de descubrimiento y formación del escritor chileno en México. Se trata de una serie de voces que habitaron su imaginario creativo, reconstruido por Silva de la Mora, el que, sin lugar a dudas, viene a recrear, como ya hemos adelantado, el universo literario de Bolaño, especialmente el de Los detectives salvajes (1998). Y más específicamente, el de la segunda parte de esta novela: “Los detectives salvajes 1976-1996”, donde cada interviú se inicia con el nombre del entrevistado, el lugar y la fecha del registro de la investigación de Mario Santiago y Arturo Belano, cuyo propósito es localizar el paradero de Cesárea Tinajero, la mítica madre del real visceralismo. De modo análogo, Silva de la Mora en Roberto Bolaño: real infrarrealista, va tras la pista de Bolaño, fundador del infrarrealismo junto a Mario Santiago Papasquiaro, convirtiendo a Bolaño en un personaje que protagoniza cada testimonio del libro.

El libro de Silva de la Mora se configura como una suerte de racconto que traslada al lector al pasado de Bolaño, a una juventud idealista, y que rescata las voces de quienes compartieron su adolescencia y habitaron aquel espacio marginal anterior a su enfermedad, a su muerte y al éxito de su proyecto escritural. Esto es claramente visible en las palabras de su madre, Victoria Ávalos, referidas por Victoria Soto, en el primer apartado “El joven Bolaño: Coyotito en la Colonia Obrera”: “No coyotito, tú vas a ser escritor, no te detengas, sigue escribiendo, lo haces bien” (Silva de la Mora 10). Respecto a la denominación Coyotito, cabe mencionar que en la tradición mexicana el coyote es un protagonista ambivalente que “en el imaginario, transita por terrenos muy variados; este depredador fecundo y musical, apreciado y despreciado, continúa vigente y representa uno de los seres que sigue despertando la necesidad de transformar en cultura, en enseñanza y en arte la vida cotidiana con sus contradicciones de abismos y luces” (p. 161).3 Por tanto, resulta evidente la importancia de esta denominación para referirse a Bolaño, ya que permite representar las diversas perspectivas recogidas en los testimonios del libro. Bolaño hace un llamado a la revolución y a la rebeldía creativa, donde la poesía se configura como una forma de vida y una transformación constante, tanto individual como colectiva, que rechaza la literatura oficial y mercantilizada. Coyotito transita por los márgenes con sus virtudes y defectos, instando a abandonar la comodidad y la estabilidad, y a enfrentar la existencia y la escritura como una aventura; a arriesgarse y vivir intensamente, cruzando y diluyendo así las fronteras entre el arte y la vida.

Ahora bien, Roberto Bolaño: real infrarrealista está evidentemente dirigido a los lectores de Bolaño, conocedores y amantes del universo literario del autor, y en concreto, a los lectores de Los detectives salvajes. A su vez, el texto encierra una especie de misterio que reside en el ser vivo del lenguaje, siguiendo a Heidegger.4 El libro recoge la palabra y deviene talismán, el que se configura como un equivalente del universo bolañiano, dado que nos recuerda que “Todo lo que empieza como comedia acaba como un responso en el vacío”,5 puesto que para los lectores de Bolaño, el libro Roberto Bolaño: real infrarrealista se perfila como una suerte de amuleto que viene a conjurar la muerte, franqueando el vacío. No solo es una narración más sobre Bolaño, sino una forma de persistencia que desafía la desaparición definitiva del autor chileno y su universo creativo.

Del mismo modo, Silva de la Mora enfatiza la importancia de Los detectives salvajes al afirmar: “Su aura es la de Rayuela, la de Adán Buenos Aires, la del Ulises, la de esas novelas que encierran misterios que las hacen abrazar la sensibilidad de la época en que fueron publicadas. Son libros que deshacen fronteras y disuelven nacionalidades. Son un pulso de la realidad, invocada desde la juventud” (p. 3). Esta afirmación subraya que nos encontramos ante la novela de Bolaño que inaugura una nueva etapa en la narrativa contemporánea latinoamericana; que establece un punto de inflexión, ya que hablamos de una obra clave del autor migrante, figura central de la literatura mundial. No obstante, como viene a demostrar la minuciosa labor de Silva de la Mora, el germen de la novela de Bolaño brota desde la poesía del autor, cuyos ideales están consignados en el Primer Manifiesto Infrarrealista de 1976, y estas mismas ideas son las que se materializan en la narrativa posterior que irrumpe en el escenario global en los últimos años del siglo xx.

En esta línea, la lectura de Roberto Bolaño: real infrarrealista, permite adentrarse en el universo literario del autor chileno, estableciendo una clara intertextualidad con su propia obra. Ello refuerza nuestra hipótesis de que el texto está especialmente dirigido a lectores familiarizados con la narrativa bolañiana, quienes transitan por sus páginas en busca de huellas, claves y vestigios del Bolaño que no abandona sus ideales poéticos, sino que encuentra el modo de transferirlos a otros registros: la narrativa, la crítica, el ensayo. Esta operación implica una disolución consciente de las fronteras genéricas, lo que constituye, en sí misma, una estrategia de resistencia estética y una apuesta por la continuidad del arte en un complejo escenario cultural. En este sentido, cobra especial coherencia la siguiente idea de Badré: “Il y a un mesonge généralisé sur la vie littéraire contemporaine. Il est difficile de coinvaincre là-dessus. Je lance le sujet quand l’occasion se présente. Rapide constat d’impossible communication. J’ai voulu montrer que le monde de la représentation littéraire est un monde falsifié comme un autre. Une falsification absolue” (p. 163) (“Existe una idea equivocada muy extendida sobre la vida literaria contemporánea. Es difícil convencer a alguien de ello. Saco el tema siempre que surge la oportunidad. Una breve observación sobre la imposibilidad de la comunicación. Quería mostrar que el mundo de la representación literaria es un mundo falsificado como cualquier otro. Una falsificación absoluta”), ya que a principios de este siglo predomina ampliamente la idea de lo falso como característica fundamental de la sociedad del espectáculo6, donde la imagen reemplaza a la experiencia y es posible equiparar el acto de mostrar con el de comprender7 y la cultura de la visibilidad menoscaba o erosiona nuestra facultad de contemplación y reflexión profunda8, además de la rápida obsolescencia de cualquier producto en el contexto del capitalismo en su fase actual.

Para terminar, retomando las reflexiones de Badré, puede sostenerse que Roberto Bolaño: real infrarrealista no solo contribuye a consolidar la existencia factual de Bolaño, sino que también reafirma la noción de que el infrarrealismo constituyó un proyecto literario auténtico, tanto en su dimensión estética como en su apuesta vital. El libro de Silva de la Mora se erige como una prolongación de los ideales del Movimiento Infrarrealista y de la poética del escritor chileno; una obra que permite revivir la experiencia de la lectura de Los detectives salvajes y, en un sentido más amplio, de la escritura bolañiana. Reactiva el goce del lector, la fascinación por los trayectos y derivas de Bolaño, ofreciendo a sus lectores y/o fanáticos la posibilidad de continuar explorando los rastros de sus itinerarios. En esta clave, la literatura de Bolaño no se extingue; por el contrario, se universaliza, nos interpela y, como sugiere Silva de la Mora, en las líneas finales de su obra, nos impulsa a lanzarnos a los caminos, nuevamente (p. 116), nos invita a emprender de nuevo el viaje, abriendo así una posibilidad de continuidad.

Catherina Saavedra (Universitat de Barcelona) / Alejandra Oyarce (Universidad de Concepción, Chile)

3. HISTORIA Y CIENCIAS SOCIALES: ESPAÑA

María Vázquez-Fariñas y Francisco Cabrera-Gallardo (eds.): Business Trajectories in the History of Spain. Sectors, Figures and Transformations. Cham: Springer Nature 2026, 149 páginas.

En los últimos tiempos, en el panorama historiográfico está experimentando un creciente interés por comprender las raíces estructurales de la economía española y la evolución de sus agentes empresariales. El estudio de la historia de las empresas constituye, de hecho, una herramienta fundamental para comprender los procesos de cambio económico, social y cultural, ofreciendo, al mismo tiempo, una clave de lectura adicional para interpretar la economía, que ya no aparece como una entidad abstracta, sino más bien como el resultado de decisiones, estrategias y modelos organizativos arraigados en contextos históricos específicos.

El reciente volumen editado por María Vázquez-Fariñas y Francisco Cabrera-Gallardo, fruto de un esfuerzo colectivo, se suma a los estudios sobre el tema y colma algunas lagunas historiográficas al integrar diversos casos, enfoques regionales y un arco temporal que abarca más de dos siglos, profundizando en el contexto de cada período desde una perspectiva plural. De hecho, forma parte de otros volúmenes colectivos publicados en los últimos años por muchos de los participantes en esta obra. En concreto, podemos citar los siguientes: J. M. Matés (coord.): Empresas y empresarios en España (Pirámide, 2019); J. M. Matés y L. Caruana (eds.): Entrepreneurship in Spain (Routledge, 2021); M. Vázquez, P. P. Ortúñez y M. Castro (eds.): Compaanies and Entrepreneurs in the History of Spain (Palgrave, 2021); M. Fernández-Paradas y C. Larrinaga (eds.): Business History in Spain (Peter Lang, 2021); o M. Vázquez (coord.): Estrategia y control del mercado (Pirámide, 2006)

Desde el punto de vista metodológico, el volumen adopta un enfoque cualitativo y descriptivo basado en métodos de investigación histórica aplicados al estudio de las empresas. El trabajo permite así reconstruir los procesos de formación, consolidación y crisis de las empresas objeto de estudio, gracias al uso de fuentes documentales primarias (archivos empresariales, notariales, administrativos y de prensa), combinadas con una revisión crítica de la bibliografía especializada. De manera que as contribuciones recogidas en el volumen presentan casos de estudio de notable interés que, en su conjunto, ofrecen un panorama rico y articulado del fenómeno analizado.

En general, estos se distribuyen en torno a tres ejes temáticos principales. El primero es el de las grandes transformaciones institucionales y sociales, explicadas a través del prisma de casos de estudio microeconómicos.

Así, Rafael Barquín Gil y Pablo A. Martín-Grande analizan el funcionamiento y la evolución de los pósitos, los almacenes de cereales en España entre los siglos xvi y xix. El estudio profundiza en el desarrollo de los pósitos como instituciones públicas municipales, concebidas tanto para apoyar a los campesinos en épocas de malas cosechas como para garantizar la continuidad del abastecimiento alimentario urbano. Aunque se expandieron de manera significativa a lo largo del siglo xviii, su rentabilidad siguió siendo baja debido a la regulación estatal, mediante la imposición de precios máximos y restricciones al comercio privado. Su inevitable declive, favorecido por las crisis agrícolas y las guerras, supuso la transformación de estos últimos en entidades benéficas, poniendo de manifiesto los límites de ese modelo. Por su parte, Antonio J. Pinto-Tortosa analiza el papel emergente de la burguesía local de Antequera (Málaga) durante las primeras etapas de la revolución liberal en España, centrándose en los años 1835-1836. El autor describe cómo, en un contexto de notables cambios económicos y políticos tras la muerte de Fernando VII y el inicio del proceso de desamortización (1836-1837), los sectores de la burguesía comenzaron a emprender las primeras actividades empresariales con nuevas formas de gestión empresarial, propiedad e inversión. Una parte relevante del ensayo se dedica al análisis del conflicto entre el Antiguo Régimen y el nuevo orden liberal, y de cómo este caracterizó las dinámicas sociales y económicas locales, influyendo en las decisiones políticas y contribuyendo al surgimiento de redes de poder entre empresarios, políticos y terratenientes.

El segundo núcleo temático está más directamente relacionado con la historia empresarial y la evolución de sectores económicos específicos, analizando cómo las empresas se han adaptado y han afrontado retos decisivos desde el punto de vista de los cambios tecnológicos y de los mercados.

Mercedes Fernández-Paradas y José Joaquín Luque-García analizan el papel del capital extranjero en el desarrollo de la industria del gas en España, a través del caso de la empresa francesa Lebon et Cie, activa entre 1841 y 1925. La empresa desempeñó un papel crucial, sobre todo, gracias a las concesiones municipales y a su capacidad de inversión, en la introducción y difusión del alumbrado de gas público y privado. Una figura clave de la empresa fue Charles Lebon, quien, en una primera fase, tuvo que hacer frente a numerosas dificultades debidas a la competencia, a las relaciones conflictivas con los socios locales y a la crisis de 1848. Posteriormente, en la década de 1860, la empresa regresó a España, convirtiéndose, a principios del siglo xx, en el principal proveedor de gas para la mayoría de los municipios del país. Bajo la dirección de Eugène Lebon, la empresa se introdujo y se expandió al sector de la energía eléctrica, aunque con evidentes limitaciones estructurales: la dispersión geográfica de las instalaciones y la falta de participación en el desarrollo de la energía hidroeléctrica. Finalmente, la empresa, abatida por las políticas de nacionalización, las tensiones sociales y la inminencia de la Primera Guerra Mundial, se vio obligada a vender sus activos entre 1912 y 1925.

Leonardo Caruana de las Cagigas y Julio Tascón Fernández, por su parte, reconstruyen la historia de la Hullera Vasco-Leonesa, una de las principales empresas carboníferas españolas, desde su fundación a finales del siglo xix hasta los años noventa del siglo xx. A través de este estudio de caso de empresa, una de las más longevas del sector, los autores analizan su estructura organizativa, las condiciones laborales de los mineros y las relaciones con el Estado, reconstruyendo, al mismo tiempo, el desarrollo de la cuenca minera de León. Lo que se desprende claramente de este trabajo es la capacidad de adaptación que tuvo la empresa a la hora de afrontar los cambios del mercado energético. Inicialmente orientada a abastecer a RENFE y a la industria siderúrgica vasca, posteriormente la Vasco-Leonesa diversificó su actividad industrial dirigiéndose hacia la central térmica de La Robla. Sin embargo, a pesar de los elevados resultados productivos alcanzados entre los años cincuenta y sesenta, una serie de factores –entre ellos, las contradicciones entre la alta productividad y una estructura de costes ineficiente, unidas al impacto de las directivas y políticas europeas en el ámbito energético– provocaron, a largo plazo, el declive de la empresa y el fin de la actividad minera.

En lo que respecta al turismo, Marta Laguna-García y Carlos Larrinaga Rodríguez analizan la profunda transformación del sector hotelero español a lo largo del siglo xx, con la transición de estructuras de tipo más tradicional (como mesones, posadas y fondas), no orientadas específicamente al turismo, a una industria turística moderna y profesionalizada. La modernización propiamente dicha del turismo español comenzó entre finales del siglo xix y principios del xx con la construcción de hoteles de lujo que emulaban a los europeos. El estudio profundiza, además, en el impacto de la Guerra Civil y de las políticas franquistas en el desarrollo del turismo. En el contexto del régimen, de hecho, el Estado desempeñó un papel fundamental tanto en la promoción turística de zonas periféricas con la creación de la red de Paradores como en el control de los precios, con el fin de convertir a España en un destino atractivo. El verdadero salto de calidad se produjo con el boom turístico de los años 50 y 60, que vio el auge de las grandes cadenas hoteleras como Sol Meliá, Barceló y NH Hoteles, las cuales contribuyeron a la modernización, a la profesionalización, pero, sobre todo, a la internacionalización del sector. De hecho, gracias a una gestión renovada de las empresas, a la colaboración con los operadores turísticos y a la expansión en los mercados extranjeros, los hoteleros españoles se convirtieron en una de las realidades hoteleras más consolidadas a nivel mundial.

En cuanto al sector de la construcción, Francisco Cabrera-Gallardo analiza la evolución del sector español a través del caso práctico de Construcciones Calderón, una empresa familiar fundada en la provincia de Jaén, en Andalucía, en 1949. A lo largo de sus más de 70 años de historia, la empresa ha sabido diversificar sus ámbitos de actuación, pasando de la ejecución de pequeños proyectos locales a importantes obras de infraestructura y urbanización, traspasando incluso las fronteras regionales. La historia de la empresa se puede dividir en tres etapas destacadas: la colaboración inicial de los tres hermanos fundadores entre 1952 y 1967; la reorganización empresarial con la constitución de una sociedad de responsabilidad limitada en 1969; y el posterior paso a la segunda generación empresarial. Con el paso del tiempo, la empresa ha seguido diversificando sus actividades en el sector de la construcción, realizando obras civiles, edificios escolares, instalaciones sanitarias y deportivas, así como restauraciones del patrimonio cultural y religioso. Al mismo tiempo, sin embargo, no han faltado los intentos de diversificación empresarial, entre los que se incluyen una fábrica de persianas, una cantera de arena y un almacén de materiales de construcción. En general, el caso de Construcciones Calderón constituye un ejemplo significativo de cómo una empresa local ha sabido adaptarse a los ciclos de expansión y crisis del sector, superando el auge inmobiliario de los años noventa y principios de la década de 2000, así como la crisis posterior a 2008.

Por último, el tercer eje temático se centra en las biografías empresariales, consideradas como el verdadero motor del cambio, gracias al papel fundamental que desempeñan las trayectorias personales a la hora de determinar el éxito o el fracaso de una empresa, y que, además, aportan ideas que integran las reflexiones teóricas de los economistas con las experiencias desarrolladas en contextos concretos.

Aunque se sitúa a caballo entre el segundo y el tercer núcleo temático, al estar vinculada a un sector específico, la contribución de Víctor M. Heredia-Flores analiza la evolución de la industria siderúrgica en Málaga a través de la actividad de la familia Heredia, una de las más influyentes en el panorama del capitalismo andaluz del siglo xix. Tras acumular una fortuna inicial gracias a diversas actividades que abarcaban desde el sector minero hasta el comercio, Manuel Agustín Heredia, patriarca de la familia, renovó la siderurgia española introduciendo nuevos y modernos métodos de producción. Esta se llevaba a cabo en dos fases: en la fábrica de La Concepción (cerca de Marbella) se producía hierro fundido utilizando carbón vegetal, mientras que en La Constancia (en Málaga) se refinaba el hierro utilizando el método inglés de pudelado con carbón fósil importado. En 1844, Málaga llegó a controlar el 73% de la producción nacional de hierro fundido. Sin embargo, la principal deficiencia del modelo andaluz fue la excesiva dependencia de la importación de combustibles fósiles que, ante la falta de carbón local a bajo coste, hizo que la industria local fuera vulnerable frente a la competencia del norte del país (Asturias, Cantabria y el País Vasco). Se intentó en vano reducir los aranceles sobre la importación de carbón británico y, tras la muerte de Manuel Agustín, su hijo Tomás trató de mantener a flote la actividad invirtiendo en ferrocarriles para transportar carbón desde Córdoba, pero los costes siguieron siendo prohibitivos. La fábrica de Marbella se vio, por tanto, obligada a cerrar en 1884. A partir de 1893, hubo varios intentos de relanzamiento, tratando incluso de aprovechar la demanda generada por la Primera Guerra Mundial, pero algunos factores críticos, como el aislamiento geográfico, los continuos problemas estructurales y la falta de economías de aglomeración, llevaron al cierre definitivo de las instalaciones en 1924.

Por su parte, Jorge Lafuente del Cano y Pedro Pablo Ortúñez Goicolea trazan la trayectoria de Leopoldo Calvo-Sotelo, ex primer ministro de España, poniendo de relieve la originalidad de un hombre que supo combinar competencias técnicas y visión política durante el periodo de la transición democrática española. Ingeniero de formación, tras haber adquirido experiencia en el sector privado y como empresario, Calvo-Sotelo se caracterizó por un enfoque pragmático de la gestión de los asuntos públicos, sobre todo durante su paso por los ministerios económicos y durante el proceso de integración europea, concebido no solo como una mera necesidad económica, sino como una elección política y estratégica precisa para la consolidación democrática de España. Su actuación en el Gobierno fue doble: por un lado, la atención a problemas económicos que requerían soluciones técnicas específicas; por otro, la promoción de reformas políticas de mayor alcance, como el desarrollo del Estado autonómico, hasta la entrada en la OTAN. Se perfila, por tanto, la figura de un líder político que desempeñó un papel protagonista en una fase crucial de la vida política del país, aunque con resultados no siempre plenamente satisfactorios.

Por último, Juan Manuel Matés-Barco, María Vázquez-Fariñas y Mariano Castro-Valdivia ofrecen una importante contribución para comprender el fenómeno de la modernización del sector del gas natural en España entre los años cincuenta y setenta, a través de la figura de Pedro Durán Farell, un empresario capaz de combinar innovación tecnológica, propensión al riesgo y competencias directivas. De notable importancia y decisiva fue la red de relaciones dentro del mundo político y bancario que el empresario había construido y que le permitió influir tanto en el desarrollo industrial como en las políticas económicas, sobre todo, gracias al papel asumido por los bancos y a la circulación de élites directivas dentro de los distintos grupos empresariales. También en este caso, el estudio demuestra, en conjunto, el peso de la acción individual en los procesos de transformación económica y tecnológica, aportando elementos de reflexión útiles para comprender una faceta del capitalismo español de mediados del siglo xx.

En definitiva, los casos tratados en el volumen no pretenden ofrecer un resumen exhaustivo de la historia empresarial española, sino más bien arrojar luz sobre un sector productivo, una región o una cuestión específica que puedan resultar útiles para reconstruir un panorama más amplio. En el volumen se pueden identificar patrones recurrentes (la importancia del capital familiar, el peso de las inversiones extranjeras, la intervención estatal, la persistencia de las instituciones tradicionales, la importancia de las trayectorias biográficas), que, al compararlos con otros contextos geográficos, confieren a la obra una importante dimensión comparativa. Además, su carácter interdisciplinar enriquece y reposiciona los estudios empresariales como una herramienta valiosa para comprender los cambios económicos y sociales a largo plazo, sentando las bases para un diálogo fructífero entre economía, sociología, gestión empresarial e historia cultural. Una lectura que, gracias a los casos presentados, a los enfoques comparativos y a una sólida base metodológica, está dirigida no solo a los especialistas, sino a todos aquellos lectores que deseen comprender las raíces históricas de la transformación económica de España.

Giuseppe Calò (Universidad del Salento)

Mackenzie Cooley y Huiyi Wu (eds.): Knowing an Empire. Early Modern Chinese and Spanish Worlds in Dialogue. Ann Arbor: Lever Press 2025. 616 páginas.

Esta rica colección de artículos editada por Mackenzie Cooley y Wu Huiyi se centra en dos corpus de fuentes, ofreciendo una visión amplia sobre la producción del conocimiento en ambos imperios: las crónicas locales chinas (difanghzi) y las relaciones geográficas españolas son recopilaciones comparables y, al mismo tiempo, lo suficientemente distintos como para apreciar diferencias significativas. Ambas administraciones imperiales trataron de estandarizar la recopilación de información mediante la elaboración de cuestionarios para los administradores locales. Dada la naturaleza de los intereses imperiales, la topografía y la cartografía constituyen un tema central, al igual que los datos relevantes para el poder, tales como las cifras de población, los productos locales y las historias locales de integración en las estructuras estatales.

Las crónicas locales chinas siguen una tradición establecida hace mil años y que continúa en la actualidad. Sus recopiladores eran todos letrados de formación confuciana. Las relaciones españolas, por su parte, fueron un experimento y se introdujeron con bastante precipitación para seguir el ritmo de la conquista de las Américas durante el siglo xvi. Se dejaron de publicar a finales del siglo xviii. La diferencia más marcada entre ambas iniciativas epistemológicas es el público al que se dirigían. Las crónicas locales chinas estaban destinadas a la corte central imperial, pero tenían una amplia difusión local gracias al uso de la impresión con bloques de madera, xilografía, arraigada en China desde el siglo x. Por lo tanto, las crónicas locales chinas eran leídos y utilizadas tanto por numerosos funcionarios como por población local. Las relaciones geográficas, sin embargo, apenas fueron leídas por nadie en aquella época. Estaban “shrouded in secrecy” (p. 5), tal y como resumen las editoras en la introducción, y su contenido nunca fue analizado ni publicado mientras duró el imperio. Dada la enorme envergadura del tema, tanto en lo temporal como en lo geográfico, los editores y autores hacen bien en considerar los componentes de esta colección en torno a las “epistemologías imperiales” como un proyecto experimental (p. 9).

El volumen se divide en seis partes y dieciocho capítulos, ofreciendo un análisis equilibrado de ambos imperios. Los autores presentan una visión panorámica de la historia general, situando su tema específico dentro de una narrativa más amplia de la historia del Imperio español o del Imperio chino. Lo hacen con un admirable cuidado didáctico, por lo que este libro puede recomendarse a cualquier persona que no tenga conocimientos previos sobre estos dos ámbitos de estudio.

En la primera parte, “Knowing the State”, María M. Portuondo ofrece un análisis de los cuestionarios de las relaciones españolas como fuente histórica. Llega a la conclusión de que, dada la extrañeza que las realidades precolombinas representaban para los colonizadores españoles, las respuestas reflejaban muchas dudas sobre la veracidad de las observaciones anotadas. Las crónicas locales chinas, en comparación, “estaban dominados por un lenguaje asertivo de integración cultural, que, sin embargo, no podía borrar las fricciones entre el imperio y los locales” (p. 67). Joseph Dennis presenta al lector los principios de compilación de las crónicas locales chinas, acompañadas de una concisa descripción de la historia dinástica y la historiografía chinas. En la contribución de Alexis Lyca, se añade una historia profunda de la gestión de datos en China, señalando que las crónicas locales anónimos “no estaban destinados a ser conservados, sino más bien a circular, utilizarse y reutilizarse como documentos en evolución, no perennes” (p. 104).

La segunda parte aborda “Structures of Knowing” y destaca ambos corpus de fuentes como una “early modern version of big data” (p. 117). En esta parte se presentan las herramientas de investigación en línea “Local Gazetteer Research Tool” (LoGaRT) y “Digging into Early Colonial Mexico” (DECM), desarrolladas por los autores y probadas por primera vez a lo largo de la colección de artículos. Mediante el análisis de las categorías de conocimiento en las crónicas locales chinos, Chen Shi Pei muestra las posibilidades de una investigación a largo plazo, ilustrada con excelentes figuras y mapas. Patricia Murrieta-Flores, Diego Jiménez-Badillo y Mariana Favila-Vázquez desarrollan un enfoque geográfico de análisis de textos aplicado a las relaciones de Nueva España del siglo xvi, introduciendo métodos cuantitativos a la investigación histórica sin perder de vista el nivel local e indígena.

En la tercera parte, “Knowing Space”, Mario Cams ofrece una visión general introductoria de la historia de la cartografía en China. En contraste con la impresión europea, que requería grandes inversiones de capital, analiza que “la práctica generalizada de la xilografía en la China de la dinastía Ming era más flexible y accesible para los particulares, que podían contratar a talladores y patrocinar sus propias obras” (p. 201). En la misma línea, Barbara Mundy aborda la cartografía indígena y el conocimiento imperial en Nueva España, ofreciendo una introducción general al conocimiento geográfico de la época y al modo colonial de ejercer el poder a través de los gobernantes locales, antes de analizar mapas altamente específicos e interpretar su contenido en relación con las formas locales de gobierno indígena.

En la cuarta parte, “Knowing Nature”, Qun Che relaciona la introducción de cultivos americanos en China con una creciente necesidad de estructuras hidráulicas en el río Yangtsé, debido a la erosión del suelo en las zonas montañosas con plantaciones de maíz, lo que provocó el aumento de los bancos de arena en el río y lo que llevó a inundaciones más frecuentes en las ciudades ribereñas. Mackenzie Cooley analiza los informes sobre el cambio medioambiental comparando las Relaciones geográficas de las Américas con cuestionarios topográficos similares de la Península Ibérica. “Al leer entre la cacofonía de los relatos” prosigue, “observamos una falta generalizada de interés y de conciencia sobre lo que ocurría en otras regiones, así como un cierto placer en abordar los problemas locales y deleitarse con las cosmovisiones locales” (p. 288). En su estudio sobre los productos alimenticios locales en las crónicas locales chinos, Bian He explora los “cropscapes” que pueden rastrearse a lo largo del tiempo en la fértil provincia sureña de Guangdong. Jeremy Mikez analiza el impacto del conocimiento indígena en las geografías andinas de los españoles, llegando a la conclusión de que estas perspectivas de abajo hacia arriba tuvieron poca utilidad para el objetivo español de controlar el territorio.

Como queda claro en la quinta parte, “Knowing People”, ambos imperios tenían sin duda una característica en común: una desconcertante heterogeneidad cultural que, de una forma u otra, impedía cualquier gobernanza vertical eficaz en sus vastos territorios. El estudio de Mårten Söderblom Saarela sobre el conocimiento lingüístico local y la contribución de Zhang Xianqing a sobre la diversidad religiosa en China, así como la investigación de Marcella Hayes sobre los colonos negros en las regiones costeras andinas, lo demuestran con abundantes detalles microhistóricos. El estudio global y trans-epocal de Stuart McManus sobre el comercio de esclavos señala que la esclavitud fue otra característica compartida por ambos imperios.

En la sexta parte, “Connections and Transfers”, los autores abordan de manera más directa la única limitación de esta recopilación: se sabe muy poco sobre lo que ambos imperios aprendieron el uno sobre el otro. Como Wu Huiyi muestra en su búsqueda de la globalización en las crónicas locales chinos, pocos de los autores contemporáneos eran conscientes de las crecientes conexiones entre los continentes. En el archipiélago predestinado a funcionar como zona de contacto, las Filipinas españolas, los sueños de conquistar China despertaron brevemente el interés por esta zona, pero se esfumaron en poco tiempo. Yan Niping analiza este proceso de pérdida de conocimiento o interés junto con una mirada fascinante al famoso Códice Boxer.

A diferencia de China y España, el imperio portugués no siguió ningún plan centralizado para recopilar información sobre sus colonias, tal y como explica Dejanirah Couto en el último capítulo del libro. Esta carencia, sin embargo, permitió una interpretación libre de los acontecimientos a nivel local basada en los conocimientos vernáculos.

En definitiva, la colección es un auténtico tesoro para todos los interesados en la historia de los imperios, una combinación equilibrada de historia global y microhistoria que tiene en cuenta a los actores desde los niveles más altos hasta la gente común, a la vez que introduce métodos cuantitativos para el estudio de la historia de la Edad Moderna. Para saber más, se puede descargar una copia gratuita de acceso abierto aquí: https://www.fulcrum.org/concern/monographs/8p58pg80j.

Lasse Hölck (Freie Universität Berlin)

Carlos Arenas Posadas: El Estado pesebre. Una historia de las élites españolas. Sevilla: El Paseo 2025. 431 páginas.

La Presentación de este libro comienza con una anécdota muy reveladora. Cuenta el autor, afamado profesor de Historia económica jubilado de la Universidad de Sevilla, que el libro nace de un comentario hecho, allá por 2022, por un ultraderechista sobre los perjuicios que ocasionaba a la iniciativa privada el aumento del gasto público, haciendo un llamamiento a poner fin al “pesebrismo” de los empobrecidos por el sistema. En su opinión, debía ser la caridad privada o institucionalizada la que debería hacerse cargo de estos marginados, pero no el Estado. Es decir, que, como en el siglo xix, este individuo estaba abogando por el darwinismo social, pasando por alto no solo las conquistas del Estado del bienestar de la segunda mitad del siglo xx, sino también lo que ha sido una constante a lo largo de la historia de España, que las oligarquías han parasitado las rentas públicas. Tanto debió molestar a Carlos Arenas semejante apunte, que decidió escribir una historia de las élites españolas para demostrar que, en verdad, habían sido éstas las que se habían venido aprovechando de los recursos estatales desde tiempo ha. Por supuesto, el acicate ha dado lugar a un libro excelente, por lo que, en este caso, la mencionada anécdota ha desembocado en una obra que merece la pena ser tenida en cuenta. Porque, como se sostiene a lo largo de sus páginas, el Estado ha sido el Pesebre para los grupos sociales privilegiados.

De esta forma, Arenas hace un repaso de lo que ha sido la historia de España desde la Edad Media; en concreto, desde la toma de Al-Ándalus y cómo ya entonces nobles, obispos, órdenes de caballería, etc. empezaron a sacar partido de dicha conquista. Aquellos caballeros y clérigos que acompañaban a los reyes en sus empeños devinieron pronto una élite favorecida con títulos nobiliarios, amplias superficies de territorio, regalías y privilegios de todo tipo. Con el agravante de que esas imbricaciones que vemos hoy en día entre el poder político y el poder económico, o las propias puertas giratorias de las que tanto se habla y sobre las que no se hace nada porque no interesa a sus beneficiarios, no constituyen ninguna novedad, sino todo lo contrario: se observa ya desde hace siglos. Porque la corrupción no es nada nuevo, sino que, como demuestra este libro, viene de muy atrás. En efecto, el autor analiza de forma descarnada, pero con gran acierto, los mecanismos empleados por esas élites en la depredación de las rentas públicas, incluso antes de la conformación del Estado Moderno, como se ha dicho. La administración civil y la militar eran corruptas, al tiempo que la guerra constituyó una oportunidad de oro para determinados asentistas (vamos, como hoy en día) y el libre comercio no se implantó en las transacciones con América, por ejemplo, donde las compañías privilegiadas, sin ir más lejos, se hicieron con la parte del león. Aquellas enormes cantidades de metales preciosos y de determinados productos como el cacao, el azúcar o el café sirvieron para el enriquecimiento de una minoría.

A partir de ese momento, lejos de ponerle freno, la captura de recursos públicos se fue consolidando e incluso fue a más, pasando por diversas fases, como el Estado Liberal, los años de la dictadura franquista o la etapa democrática inaugurada con la Constitución de 1978. En el primer caso, la débil presión fiscal, la elusión y el fraude hicieron que la recaudación de Hacienda fuera claramente insuficiente para hacer frente a los crecientes gastos del Estado. O se reducía el gasto o se recurría a otras fuentes de ingresos, que es lo que se hizo, favoreciéndose de ello las viejas y nuevas élites que gobernaban España. Porque una cosa parece clara: Antiguo y Nuevo Régimen compartieron una misma concepción parasitaria del capitalismo. Tan es así que el Estado fue decisivo en la acumulación de capital de la élite burguesa. La construcción del ferrocarril fue un buen ejemplo de ello. Por lo demás, mucho se ha hablado de los años de la Restauración, como esa etapa donde el caciquismo, el clientelismo y los lazos entre lo político y lo económico eran moneda corriente. Cómo muchos miembros de la élite política formaban también parte de los consejos de administración de las grandes empresas, sin que esto generase un exigente cargo de conciencia o problemas de incompatibilidad. Al fin y al cabo, la tradición secular estaba ahí. Una tradición con la que pretendieron romper algunos dirigentes en la Segunda República, sin que al final tuvieran éxito. No en vano, nos dice Arenas, los sempiternos parásitos del Estado trataron de acabar con ella desde el minuto uno, en tanto en cuanto verían lesionados sus intereses. Intereses elitistas que volvieron a aflorar con más fuerza aún si cabe durante el franquismo, cuando la economía estuvo perfectamente controlada por el régimen y sus adeptos. Ni siquiera el Plan de Estabilización de 1959 supuso una auténtica liberalización de la economía. Los grandes empresarios de la época hicieron negocios al calor del Estado, acumulando importantes fortunas. Hasta que llegó la Transición política y la grave crisis del petróleo de 1973, primero, y de 1979-80, después. Pronto fueron los años de la reconversión industrial, debido al shock que padecieron muchas empresas intensivas en energía. Pues bien, los planes de saneamiento de dichas empresas se llevaron a cabo nuevamente con el predominio de capital público. Pero es que años más tarde, con la crisis de 2008, la banca también fue rescatada con fondos públicos.

En conclusión, estamos hablando de muchos siglos y, sin embargo, de algunos mecanismos que se repiten y perfeccionan en el tiempo. Por ejemplo, capturas bien mediante la implantación de normas a su conveniencia, que, evidentemente les favorecía tanto en lo económico como en los social; bien mediante el incumplimiento o violación de esas mismas normas para obtener el máximo provecho. Porque, como dice Arenas, “en España, históricamente, el monopolio de la resiliencia lo tienen las corporaciones y oligarquías que se han ido adaptando a circunstancias y contextos sin perder en ningún momento el patrimonio del Estado” (p. 351). Una afirmación dura, pero que, leyendo este libro, cobra todo su sentido. De ahí que, en mi opinión, estemos ante un libro de historia económica que merece ser tenido en cuenta no sólo por los especialistas, sino también por el público en general, pues nos hace pensar y reflexionar, principal objeto de la Historia. Ojalá, pues, que Carlos Arenas siga oyendo comentarios como el citado al principio para que nos ofrezca nuevos trabajos de esta envergadura.

Carlos Larrinaga (Universidad de Granada)

Soledad Bengoechea: Barcelona 1919. La huelga patronal que alumbró la dictadura de Primo de Rivera. Barcelona: Libélula Verde 2024. 227 páginas.

Con motivo del centenario del acceso al poder de Miguel Primo de Rivera en 1923, se publicaron varias obras que vivieron a completar la rica bibliografía existente hasta la fecha sobre los años de la dictadura, destacando, en especial, los libros de Alejandro Quiroga (Miguel Primo de Rivera. Dictadura, populismo y nación, 2022) y de Francisco Alía Miranda (La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), 2023). Aunque es verdad que el volumen que presentamos ahora no está vinculado directamente con dicha efeméride y que ni siquiera trata directamente sobre la figura del general gaditano, lo cierto es que sí podemos traerla a colación, ya que, en realidad, trata de los antecedente del golpe de Estado del Capitán General de Cataluña en la ciudad de Barcelona, puesto que la profesora Bengoechea analiza, precisamente, los graves acontecimientos que se vivieron en la ciudad condal durante los años previos. En concreto, la tesis que ella sostiene es que dichos sucesos supusieron el humus necesario para que la sublevación de Primo, estudiando el clima de confrontación que se vivió en Barcelona a partir de la huelga en la primavera de 1919 de La Canadiense (que dejó sin luz eléctrica a Barcelona) y de la huelga general posterior, considerada todo un éxito de la CNT, que logró la implantación de las ocho horas de trabajo diarias. Es decir, cómo las posturas entre la patronal y la clase trabajadora llegaron a ser tan enconadas que prepararon el terreno para la dictadura.

Hay que recordar que la profesora Bengoechea ha centrado sus investigaciones en los movimientos sociales y en la organización dela patronal catalana durante las primeras décadas del siglo xx, por lo que es una gran conocedora del periodo. En este sentido, haya que destacar obras tales como Organització patronal i conflictivitat social a Catalunya tradició i corporativisme entre finals de segle i la Dictadura de Primo de Rivera (1994), Memòria i Compromís. Classes treballadores, sindicalisme i política al Prat de Llobregat (1917-1979) (1999) o Els dirigents patronals i la Setmana Tràgica (2000). Es más, no es la primera vez que la autora aborda este tema, pues ya lo hizo en su obra El Locaut de Barcelona (1919-1920). Els precedents de la dictadura de Primo de Rivera (1998), que constituye, precisamente, la versión anterior del libro que ahora se presenta.

Soledad Bengoechea no focaliza su estudio, pues, en los años en que Primo en estuvo en el poder. Ni siquiera en lo que sucedió en septiembre de 1923, sino en los años inmediatamente anteriores. Y de ahí la relevancia de este trabajo, una investigación sumamente interesante que trata de indagar en los orígenes de la actuación del Capitán General de Cataluña. Y para ello se centra, sobre todo, en un acontecimiento, que, según su parecer, es clave para entender lo que sucedió después: el lock out o cierre patronal de otoño de 1919, que duró ochenta y cuatro días. En concreto, investiga a fondo el papel de la Federación Patronal de Barcelona, que optó por esta medida radical prolongada en el tiempo para debilitar el movimiento obrero barcelonés; en especial, a la CNT, cuyo protagonismo dentro de la clase trabajadora era indiscutible. Basándose en un buen corpus documental y en la prensa de la época, la autora reconstruye esos meses de alta tensión en la capital catalana, insistiendo en el papel jugado no sólo por su presidente, Félix Graupera, sino también por las autoridades civiles y militares de la ciudad. En efecto, es sumamente interesante el estudio que hace de los distintos comportamientos de dichas autoridades a medida que el cierre patronal avanzaba y teniendo en cuenta la respuesta de los obreros afectados. Aunque si hay algo especialmente importante en la tesis de la autora es su afirmación de que, en el fondo, la patronal lo que buscaba era la caída del gobierno central. En mi opinión, ésta constituye, sin duda, una de las grandes aportaciones de esta investigación.

Eran años de primacía de la CNT, de la acción directa y del pistolerismo, por lo que los empresarios catalanes buscaban, ante todo, mano dura, derrotar a los anarquistas e imponer ellos sus condiciones laborales, apoyándose en el Somatén, la policía y el ejército. De hecho, achacaban a las autoridades de Madrid el ser demasiado blandas con los cenetistas y de ahí que buscaran, con el cierre patronal, aumentar el clima de inestabilidad política y social en Barcelona, para de esta manera presionar al ejecutivo a adoptar medidas más contundentes contra los obreros. Un cierre prolongado haría mella en los trabajadores y en sus cajas de resistencia, al tiempo que abriría la puerta a vías más drásticas de las empleadas hasta la fecha. En su estrategia, incluso trataron de exportar su actuación al resto de España para desestabilizar al gobierno. Y aunque lo primero no lo lograron tal como ellos querían, lo cierto es que los poderes civiles y militares de la ciudad endurecieron cada vez más sus actuaciones. Nombres como los de Martínez Anido o Arlegui se convirtieron pronto en figuras de infausto recuerdo para los trabajadores por los métodos tan duros empleados. Figuras, por cierto, que luego ocuparon puestos relevantes durante la dictadura de Primo de Rivera.

De todo lo dicho hasta aquí se deduce que estamos ante una investigación realmente interesante, que aporta elementos reveladores sobre la situación creada en Barcelona a principios de la década de 1920, imprescindible para entender mejor el golpe de Estado de Primo de Rivera: la grave situación de confrontación que se vivía entonces en la ciudad condal. Una investigación, que, como ya he mencionado, ha contado con unas buenas fuentes, aunque desgraciadamente la edición castellana que se nos presenta (pues hablamos de un libro que, como ya se mencionado más arriba, fue publicado con anterioridad en catalán) deja mucho que desear. Es una lástima que la obra esté llena de erratas de todo tipo: faltas ortográficas, de puntuación, etc. Hasta tal punto es así que resulta difícil su lectura. Realmente, ha faltado una revisión en profundidad del texto, habida cuenta de que las editoriales carecen de correctores de imprenta, lo cual desmerece muy mucho la investigación llevada a cabo. Tampoco son de recibo algunas expresiones un tanto coloquiales que la autora emplea, debiendo haber cuidado un poco más el lenguaje. Pues bien, a pesar de ello, sigo pensando que la investigación que hay detrás del libro merece la pena ser tenida en cuenta a la hora de analizar la dictadura de Primo de Rivera y la convulsa situación vivida en Barcelona en los años previos.

Carlos Larrinaga (Universidad de Granada)

Alba Nueda Lozano (coord.): Hogares rotos. La Guerra Civil y su impacto en las familias españolas. Cuenca: Ediciones Trea (Estudios históricos La Olmeda, Historia Social de la Población) 2025. 306 páginas.

En Hogares rotos. La Guerra Civil y su impacto en las familias españolas, coordinada por Alba Nueda Lozano, se ofrece un estudio historiográfico de alto valor para comprender los efectos de la Guerra Civil y su consecuente posguerra en la sociedad. A través de un seleccionado elenco de especialistas en la temática, durante diez capítulos, se analiza cómo estos dos sucesos históricos transformaron la configuración social y familiar mediante métodos represivos impuestos por la nueva dictadura franquista. El castigo invadió las vidas de los vencidos, obligándoles a desarrollar estrategias de resistencia y lucha por su memoria.

El libro, que se encuentra divido en dos partes, centra la primera de ellas (capítulos 1-4) en las consecuencias directas de la guerra para las rupturas familiares, mientras la segunda parte (caps. 5-10) lo hace en cuanto a la posguerra y los efectos producidos por la represión franquista, que determinó la descomposición familiar hasta la actualidad.

La primera parte inicia con la aportación de Lucía Prieto Borrego, Los otros efectos de la guerra: la familia en los caminos, un éxodo andaluz, que pone el foco en los desplazamientos interiores durante la guerra, no tan tratados en la historiografía como el exilio exterior. Prieto Borrego transmite la asfixia, persecución e incertidumbre de los civiles andaluces desplazados durante el conflicto por medio de interesantes testimonios. Su estudio aborda aspectos sustanciales como son las secuelas psicológicas que provoca en los desplazados la miseria, el hambre o las pérdidas familiares a lo largo del trayecto, nunca totalmente paliadas por los lugares de acogida.

Esto conecta con el capítulo de Miguel Díaz Sánchez, Insilios y exilios en la posguerra española, ¿dos caras de la misma moneda?, quien trata los movimientos migratorios interiores inmediatamente posteriores a la guerra, de los años cuarenta, algo también novedoso. En ellos se observa cómo la política represiva franquista y la economía autárquica obligan a la movilidad interna a pesar de las restricciones del régimen. Para ello se vale de un gran uso de fuentes orales que permiten conectar con los hechos, y equipara exilio e insilio como una experiencia que disgrega familias, atrae marginalidad, etc.

En tercer lugar se encuentra el texto de Francisco Alía Miranda, Las colonias infantiles de la República (1936-1939): un nuevo hogar para los niños de la guerra. El autor revela el mecanismo social impulsado a lo largo de la guerra para la supervivencia de los niños. La República, partidos políticos y asociaciones se movilizaron en la formación de colonias como hogar y centro de formación de estos jóvenes, cuyas condiciones fueron mejores de lo normal pero no estuvieron exentas de quejas, enfermedades, etc. En este seguimiento el autor realiza un análisis de datos muy útil para futuras investigaciones.

Sin embargo, como menciona Alía Miranda, muchos niños también partieron rumbo a países extranjeros, donde también se crearían colonias para su subsistencia, estudiadas por Magdalena Garrido Caballero en el cuarto capítulo, El exilio infantil. Los niños de la guerra civil española evacuados al extranjero: familias rotas, experiencias de vida y legados. Pasando por países como Francia, Gran Bretaña, URSS, etc., estos niños, como la otra cara de la moneda, sufrieron también un daño psicológico y traumático irreversible en sus diversas acogidas, revelando a su vuelta a España la ruptura del vínculo familiar y social. El estudio abre, además, un camino hacia la investigación del legado que aquellos niños dejaron en sus países de destino.

La segunda parte del libro se abre con el capítulo de Arnau Fernández Pasalodos, “Si no decíamos dónde estaba mi padre nos pegaban un tiro”: la guerra contra las familias de los partisanos republicanos, 1936-1952. En esta investigación, acompañada de fuentes documentales inéditas, el autor revela cómo el vínculo familiar fue un factor clave en la supervivencia y apoyo de la guerrilla antifranquista, pero también el eje vertebrador de su represión mediante una violencia subsidiaria física, económica, etc. Además, destaca el estudio de los efectos en las familias de las autoridades, perspectiva novedosa dada su habitual ausencia en la historiografía.

En sexto lugar se encuentra el capítulo Niños en la miseria. Los hijos de las familias desestructuradas por la Guerra Civil (1939-1952), obra de Alba Nueda Lozano y Gloria Román Ruiz. En él se disecciona la miseria material y emocional que vivieron los hijos de los vencidos, condenados por esta condición al hambre, la enfermedad, etc., a lo que se añadía el impacto emocional y moral que suponía su estigmatización y exclusión social heredada. Además, en favor de la perspectiva de género señalan la doble vulnerabilidad sufrida por las mujeres en su rol femenino.

El control y la represión femenina bajo el franquismo, más allá de instituciones estudiadas como la Sección Femenina, se estudia en el capítulo siete de Carmen Guillén Lorente, Patronato de Protección a la Mujer: control social y ruptura familiar. La autora, analiza esta institución como una herramienta de adoctrinamiento y aislamiento, la cual provoca secuelas emocionales de tal magnitud como el robo de bebés a las internas. Los testimonios aportados son altamente reveladores y exponen una línea de investigación sobre esta forma de violencia institucional y su impacto en la disgregación familiar.

Pero las consecuencias del conflicto en mujeres trascendieron fronteras, como muestra María de los Llanos Pérez Gómez en “Con la mayor desesperación de madre”. La agencia de las madres en el exilio republicano en Francia. En el país galo, como revela la autora, las mujeres fueron vitales en la mejora de sus condiciones, y las de sus hijos, para garantizar su supervivencia sorpasando sus precarias condiciones y las discriminaciones sufridas. Y, aunque el texto reitera cifras de exiliados ya comentadas en capítulos previos, ofrece una perspectiva de género esencial para comprender la experiencia del exilio en el colectivo.

Por otro lado, el capítulo noveno, El franquismo contra las familias vencidas: diseminación, estigmatización y exclusión, de Julián López García y Alfonso M. Villalta Luna, aporta preceptos clave para la memoria histórica y las resistencias familiares. Los autores evidencian cómo la represión franquista atacó al individuo para estigmatizar y eliminar su pertenencia al linaje, a una familia, buscando su desarraigo y la transmutación de valores hacia el franquismo. No obstante, las familias lucharon por su conservación mediante actos y símbolos –cartas, fotografías, acciones de memoria–, que permitieron su preservación, pero también la extensión del trauma.

Esta perpetuación del trauma es finalmente tratada por David Castilla-Estévez en La transmisión familiar de la ideología y del conflicto desde la socialización política y desde una perspectiva psicomoral. A través de un estudio interdisciplinar, el autor investiga la transmisión de la ideología política y el papel que juega en esto el trauma de la Guerra Civil y la socialización familiar, donde destaca una gran relevancia del papel de la madre y la religión. Y aunque su metodología, más técnica y estadística, diverge del tono discursivo predominante, sus hallazgos sobre la influencia de la religión y la figura materna resultan esclarecedores.

Así, con todo, el libro es una importante contribución a la historia social de la Guerra Civil y la posguerra. Sobresale por la integración de sus partes, que permiten comprender la complejidad de esa “guerra total” que desarticuló todo a su paso, dejando incontables familias rotas hoy legatarias de ello. Aportaciones como esta acercan lo sufrido por aquellas personas, aunque resulte inimaginable desde el presente.

Enrique García García (Universidad de Castilla-La Mancha, Ciudad Real)

Emilio Grandío y Carlos Píriz (eds.): La España espiada. Redes de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial. Madrid: Cátedra 2025. 369 páginas.

La Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial son, sin lugar a dudas, dos de los procesos históricos del siglo xx que han generado una mayor bibliografía. La no participación de España en el conflicto mundial de 1939 a 1945 propició que su repercusión en el país no fuera, inicialmente, un tema prioritario para la historiografía sobre la contienda. Sin embargo, la neutralidad española permitió que el país se convirtiese –al igual que ocurrió en la Primera Guerra Mundial, según estudiaron Eduardo González Calleja y Paul Aubert en Nido de espías (2014)– en una zona de gran importancia para la actividad de los servicios secretos de ambos bandos. La actuación de estos servicios es un tema destacado en la historiografía bélica. Entre las numerosas obras existentes, cabe mencionar The Secret World: A History of Intelligence, de Christopher Andrew; Undeclared War: The Story of the OSS, de William J. Daugherty; British Intelligence in the Second World War, de F. H. Hinsley; Hitler’s Spies: German Military Intelligence in World War II, de David Kahn; o el estudio de Sébastien Albertelli sobre el BCRA (el servicio de información del general De Gaulle).

Pese a que la historiografía sobre los servicios secretos en España ha experimentado un notable desarrollo, son escasas las obras centradas específicamente en la Segunda Guerra Mundial, y la mayoría proceden de autores extranjeros. Es el caso de El hombre que nunca existió, de Ben Macintyre, o los estudios de Stephan Talty sobre las andanzas de Garbo. Por este motivo, el libro de Emilio Grandío y Carlos Píriz –ambos expertos en actividades clandestinas– reviste un gran valor, al abordar la actuación de los servicios secretos en suelo español desde sus primeras páginas. Resulta destacable la referencia que hacen, ya en la introducción, al acceso a las fuentes: una de las paradojas de este campo de investigación. Mientras en España seguimos padeciendo los efectos de la Ley de Secretos Oficiales de 1968, la ingente burocracia generada en el contexto de la contienda permite avanzar en la investigación. En archivos como el Centro Documental de la Memoria Histórica, el Archivo Histórico Nacional o los archivos militares (la gran y reciente incorporación), además de entidades privadas, se custodia una enorme cantidad de documentos, lo cual no resta que aún quede camino por recorrer.

En cuanto a las fuentes, la obra presenta una enorme riqueza documental, integrando archivos nacionales e internacionales (franceses, británicos –que conservan documentos alemanes incautados– y norteamericanos). A diferencia de otras obras colectivas, este libro presenta una estructura organizada cuyo objeto central es el análisis sistemático de las redes de información. El estudio no es global, sino que se focaliza en zonas “sensibles” de la periferia peninsular y fronteriza, especialmente en el entorno de Irún y Gibraltar.

Es un acierto que el volumen comience con un análisis de la evolución de los servicios de inteligencia de la dictadura franquista, desde 1936 hasta 1945. Este capítulo, de Carlos Píriz, es esencial para comprender la creación del sistema centralizado denominado Servicio de Información y Policía Militar (SIPM). En el segundo capítulo, Javier Rodríguez González analiza los servicios extranjeros, especialmente alemanes y británicos. Destaca su estudio sobre la estructura de la Abwehr en España, con delegaciones costeras estratégicas por su proximidad a Francia. Respecto al Special Operations Executive (SOE), llama la atención el proyecto británico para crear una guerrilla en Navarra con carlistas ante una eventual invasión alemana, plan que contó con el beneplácito de Beigbeder, ministro de Asuntos Exteriores hasta octubre de 1940. Además, se examinan las vías de evasión de pilotos y la posibilidad de una invasión aliada, hipótesis que también contemplaron los franceses.

Esta última cuestión es analizada por Emilio Grandío. Quizá uno de los aspectos más reveladores sea el desmantelamiento de la “Red San Miguel” una vez descartada la invasión aliada de la península para abrir un segundo frente. El fin de la red se produjo después de que Alan Hillgarth, figura clave de la inteligencia británica en España, comunicase a Churchill que ya no existía peligro de que Franco se sumase a Hitler. Al día siguiente, fue abatido en León Lorenzo San Miguel, personaje de biografía intensa que pudo haber inspirado al propio Ian Fleming, entonces integrante de la Inteligencia Naval británica.

Finalmente, dos territorios periféricos –Gibraltar y Canarias– cierran el volumen como objetos de estudio de Julio Ponce Alberca y Marta García Cabrera, respectivamente. En el texto de Ponce, destaca que el autor no se ciñe exclusivamente a los años de la Segunda Guerra Mundial, sino que ofrece una perspectiva amplia sobre la importancia estratégica del Peñón. A ello se suma el análisis de los planes de invasión alemán (Operación Félix) y franquista (Operación C), así como la respuesta británica mediante la creación de la Defence Security Office. Marta García Cabrera, por su parte, se centra en el archipiélago canario: un enclave vital donde convergían los intereses británicos (ante una posible pérdida de Gibraltar), los alemanes (como punto esencial de suministro para buques y sumergibles) y los norteamericanos, quienes ganaron peso a medida que el norte de África cobraba protagonismo en el conflicto.

Hemos dejado para el final la referencia tres textos que me parecen de especial importancia. El primero de ellos se centra en “Sofindus”, el conglomerado de industrias creado por Johannes Bernhardt, personaje clave en la gestión de la ayuda militar de Hitler a Franco al comienzo de la Guerra Civil. David A. Messeguer analiza en su capítulo la actividad de “Sofindus”, que, entre otras cosas, controlaba la exportación a Alemania del wolframio español al menos hasta 1944, cuando los norteamericanos presionaron a España para que impusiese un embargo la exportación de este mineral.

Pero “Sofindus” no solo realizaba actividades comerciales. También fue la tapadera de agentes alemanes como Eugen Mosig –que. bajo su cargo de jefe de personal administrativo, era en realidad un destacado miembro de la Oficina de Seguridad del Reich (RSHA) y del Servicio de Seguridad (SD)– o Karl Arnold, también agente del SD, pero que trabajaba en una subsidiaria de “Sofindus”. Es significativo que, tras la gran pugna que alemanes y aliados mantuvieron en España, la empresa creada por Bernhardt pasase a control aliado, pero con él al frente como ejemplo del nuevo orden mundial que se impuso tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

Finalmente, los dos textos que hacen referencia a Francia; los de Xabier Juncosa y Juan Carlos Jiménez de Aberásturi. El primero de ellos se centra en el contraespionaje francés en España de la mano del comandante Paul Paillole. Los franceses, al igual que los alemanes, se sirvieron de una empresa pantalla –ETRE (Établissement des Travaux Ruraux)–. El texto de Juncosa es prolijo y con un gran detalle de la red de contraespionaje creada por Paillol a partir de Barcelona en febrero de 1943 y que se extendió por la geografía española teniendo como objetivo el control de la labor de las agencias de información enemigas, la vigilancia de las redes colaboracionistas francesas en España y el paso de la frontera franco-española en ambas direcciones.

Precisamente, sobre el paso de la frontera, concretamente la vasca, trata el texto de Juan Carlos Jiménez de Aberásturi, quien lleva a cabo un minucioso trabajo de microhistoria sobre las personas implicadas en el cruce clandestino de la frontera. Jiménez de Aberásturi centra su atención en quiénes fueron los que hicieron posible el paso de España, pero a la vez formaron parte de la resistencia. En su capítulo también hace referencia a los colaboracionistas franceses, en especial del Parti Populaire Français (PPF), varios de cuyos miembros fueron objeto de atentados por parte de la resistencia francesa.

Como conclusión, podemos afirmar que estamos ante una obra importante. Que analiza la actividad de los servicios secretos, tanto de España como de los países contendientes. Todos los análisis se apoyan en importantes corpus documentales que le confieren un gran valor. Finalmente, podemos decir que se trata de una obra que va a suponer un avance significativo en la historiografía sobre los servicios de información, a la vez que nos abre nuevas líneas de investigación.

Pedro Barruso Barés (Universidad Complutense de Madrid)

4. HISTORIA Y CIENCIAS SOCIALES: AMÉRICA LATINA

Jaime M. Pensado: Love and Despair. How Catholic Activism Shaped Politics and the Counterculture in Modern Mexico. Oakland: University of California Press 2023. 358 páginas.

El libro de Jaime M. Pensado ofrece un análisis profundo y multifacético del papel del activismo católico en México entre 1945 y 1976. El libro examina cómo los actores católicos –desde clérigos hasta intelectuales y estudiantes– moldearon las dinámicas políticas y culturales del país en una época de cambios. Pensado combina la narrativa histórica con una metodología innovadora e interdisciplinaria, lo que convierte a la obra en una contribución indispensable a la historiografía sobre el papel de la religión en las relaciones entre cultura, sociedad y política en América Latina.

Pensado estructura su análisis en torno a los conceptos centrales de “amor” y “desesperación”, que fueron las fuerzas motrices del compromiso católico en México durante la época estudiada. Mientras que el “amor” representa el compromiso con la justicia social y la búsqueda de un modelo de sociedad más inclusivo, la “desesperación” refleja la decepción por las reformas inconclusas y la represión autoritaria. Un tema central del libro es la diversidad del activismo católico, que abarcaba desde corrientes conservadoras hasta progresistas. Pensado muestra cómo los grupos católicos reaccionaron al Concilio Vaticano II, la teología de la liberación y los desafíos de la contracultura. Cabe destacar el análisis de la variante mexicana de la contracultura, conocida como La Onda, que desempeñó un papel importante en las décadas de 1960 y 1970. Aquí queda claro cómo actores católicos como el sacerdote Enrique Marroquín buscaron la conexión entre la religión y la rebelión cultural.

Otro punto central es el papel de los movimientos juveniles y estudiantiles que se opusieron al autoritarismo del régimen del PRI y abogaron por reformas sociales. Pensado analiza cómo organizaciones juveniles católicas como la Juventud Católica Femenina Mexicana (JCFM) y el Movimiento de Estudiantes Profesionales (MEP) defendieron posiciones tanto conservadoras como progresistas, utilizando para ello redes internacionales.

El trabajo de Pensado se caracteriza por un enfoque multidisciplinario. Se basa en una amplia gama de fuentes, entre las que se incluyen materiales de archivos mexicanos e internacionales, historia oral en forma de entrevistas con testigos de la época, análisis de películas y el estudio de publicaciones periódicas, así como documentos eclesiásticos y publicaciones de grupos católicos. Esta diversidad de fuentes permite a Pensado trazar un vívido retrato de la escena católica en México y reconstruir la complejidad de los debates y conflictos de la época.

El libro se divide en tres secciones temáticas, cada una de las cuales aborda diferentes aspectos del activismo católico: juventud, cine y rebelión femenina; periodismo, radicalización y progresismo; y liberación cultural y contracultura. La estructura temática permite a Pensado mostrar la diversidad de los movimientos católicos, pero puede suponer un reto para los lectores menos familiarizados con la materia histórica.

Los puntos fuertes del libro residen en la descripción detallada de una gran cantidad de actores y sus posiciones ideológicas, lo que ofrece una comprensión matizada de las dinámicas sociales y políticas de la época. El enfoque innovador, que combina la historia religiosa, política y cultural, abre nuevas perspectivas sobre la historia mexicana del siglo xx. Al incluir las redes transnacionales y los acontecimientos globales, la experiencia mexicana se sitúa en un contexto histórico más amplio.

Una crítica que se puede hacer es que la estructura temática puede resultar difícil de seguir para algunos lectores y que una clasificación más cronológica podría mejorar la legibilidad. Además, el libro se centra en gran medida en los actores cultos y privilegiados, mientras que las perspectivas de la población en general se tienen menos en cuenta.

En resumen, Love and Despair es una obra pionera que reinterpreta la historia del activismo católico en México. Pensado muestra cómo la religión, la política y la cultura se entrelazan en una época de cambios y qué papel desempeñaron los actores católicos en este proceso. A pesar de algunos retos estructurales, el libro es una lectura imprescindible para todos aquellos interesados en la historia de América Latina, el papel de la religión en la política y las dinámicas de la contracultura. No solo ofrece nuevas perspectivas sobre la historia mexicana, sino que también invita a reflexionar sobre las complejas interacciones entre la fe, el poder y el cambio social.

Christian Büschges (Universität Bielefeld)

Liliana M. Brezzo (coord.): Paraguay. Escrituras y representaciones del pasado. Asunción: Intercontinental Editora 2022. 408 páginas.

Paraguay. Escrituras y representaciones del pasado reúne diez estudios que tienen como objeto las miradas posadas sobre el Paraguay, sobre su historia. Los textos están ordenados cronológicamente de acuerdo al objeto de estudio abordado, comenzando por el estudio del discurso del periódico chileno El Mercurio de Valparaíso durante (y sobre) la Guerra contra la Triple Alianza (por Nicolás Arenas Deleón) hasta el análisis de la historiografía del Nordeste argentino en relación con el Paraguay (por María Silvia Leoni).

La guerra, como ya vimos, no es una convidada ausente. Está presente en cuatro de los capítulos, aunque mirada desde ángulos diferentes a los tradicionales. Es la Guerra como excusa. Como excusa de la realidad política chilena de fines del xix; como excusa para un abordaje desde el sentimiento a partir de la correspondencia de Dominguito con su madre (por María Florencia Antequera); como excusa del quehacer historiográfico argentino de mediados del siglo xx de la mano de José Luis Busaniche (por Renzo Sanfilippo); como excusa de la política educativa paraguaya en el advenimiento de la democracia tras la dictadura de Stroessner (por Carolina Alegre Benítez).

Los objetos de los cinco restantes capítulos se ubican cronológicamente entre fines del siglo xix y principio del xx. Es sin duda, un tiempo denso historiográficamente hablando para el Paraguay (y para la región también), lo que queda de manifiesto en el lugar que ocupa en la obra reseñada.

Bárbara Gómez realiza un análisis pormenorizado de la disputa que tuvieron el jurisconsulto Alejandro Audibert y el joven Blas Garay en 1894. En principio, el tema era la fecha exacta de la fundación de Asunción; pero Gómez demuestra que por detrás de la misma había controversias políticas e ideológicas, y, lo que es más importante a nuestro criterio, una discusión sobre el quehacer historiográfico en sí.

Blas Garay, que en ese año concluía su carrera de abogado, quería era sentar las bases de la disciplina histórica, insistir en una metodología específica y rigurosa en el análisis de las fuentes. Nada de esto se decía tan directamente en las fuentes a fines del xix, pero Bárbara Gómez nos ayuda a desentrañarlo.

Por su parte, Matías Borba Eguren estudia la Revista del Instituto Paraguayo y su abordaje del pasado, así como la generación del novecientos como artífice de un nuevo discurso histórico. El primer número de la revista apareció en octubre de 1896 con el fin, según rezan sus propósitos, de convertirse en “la palanca de Arquímedes que ha de levantar al Paraguay de la postración en que se ve”. Borba Eguren se concentra en la mirada hacia el pasado que la revista va difundiendo y hace hincapié en la generación del 900 como la protagonista.

Sin lugar a duda, hay una generación que nace durante o inmediatamente después de la contienda y que tiene como ‘misión’ el pensarse a sí mismo como sociedad después de la hecatombe. Como es de esperar, no todos comparten la misma visión sobre como reconstruir la nación. Las constantes disputas sobre el pasado, y sobre su presente, lo dejan de manifiesto. De hecho, es la misma Revista que en mayo de 1897 declarará como “impropio para la enseñanza” al Compendio elemental de historia del Paraguay escrito por Blas Garay, pensado por el autor para ser utilizado en todos los establecimientos de enseñanza. Esta desacreditación implicará para Garay que el Estado no compre sus ejemplares. Podremos discutir si por detrás había una disputa historiográfica, o política o meramente de intereses económicos, pero nos muestra a una ‘generación’ con miradas heterogéneos.

La categoría de ‘novecentismo’ aplicada a esta generación ha sido muy fructífera para englobar a un núcleo de intelectuales que tuvieron que lidiar con la herencia de la guerra. El terreno ya está fehacientemente abonado como para comenzar a distinguir debajo del paraguas conceptual novecentista.

Si Gómez se enfocó en una disputa historiográfica y Borba Eguren en la Revista del Instituto Paraguay, María Laura Reali se centra en las categorías identitarias, especialmente la de ‘raza’, que se desarrollaron en Paraguay a principios del siglo xx. En medio de la célebre disputa entre Cecilio Báez y Juan Emiliano O’Leary, el vicepresidente de la República, Manuel Domínguez, brindó una conferencia en el Instituto Paraguayo sobre las causas del heroísmo paraguayo. La tesis central de Domínguez, referente al por que el paraguayo logró combatir con tanto ardor por el lustro que duró la guerra, se centra en la raza paraguaya. Si bien se refiere al mestizo, rápidamente llama la atención que éste se vuelve blanco a la quinta generación, un ‘blanco sui generis’, va a remarcar.

Reali enmarca el discurso de Domínguez en las ideas y categorías que circulaban en la región platense referentes a la constitución de las identidades nacionales. De hecho, por los mismos años, Nicolás Palacio publicaba su Raza chilena, donde se utilizan los mismos argumentos que Domínguez, salvo que en vez de guaraníes aparecen araucanos (y en vez de vascos y castellanos, el godo, “prototipo de la raza teutónica”).

Las ideas de Domínguez tendrán tanta vigencia en el imaginario paraguayo como las de O’Leary respecto a la Triple Alianza y la figura de Francisco Solano López. Había, por supuesto, otras narraciones como las de Moisés Bertoni y Rafael Barret pero que no tuvieron la misma fortuna que las de Domínguez. Éste sostenía en su conferencia que la raza paraguaya estaba llamada a ser la ‘raza de la aurora’, idea que utilizará incluso en los años de la Guerra del Chaco, donde justificaba la supremacía paraguaya frente a la boliviana por una cuestión racial.

En el capítulo siguiente, Liliana Brezzo nos presenta la relación entre Juan E. O’Leary (1879-1969) y el economista ruso Rodolfo Ritter (1864-1946, afincado en Paraguay desde 1902) a través de su correspondencia y el diario íntimo de O’Leary. Más de un centenar de cartas de Ritter dirigidas a O’Leary nos permiten adentrarnos, por un lado, en la amistad que reinaba entre ambos y, por otro, en la vida de Ritter y del mundo intelectual y político de la década del 20 fundamentalmente (la primera carta con la que se cuenta es de 1919), en que Ritter, además de profesor universitario de economía política, era asesor del Ministerio de Haciendo durante el gobierno de Eligio Ayala.

Si bien hasta el momento no se han hallado las cartas de O’Leary a Ritter, las que se conservan nos exhalan una gran intimidad entre ambos. Nada queda por fuera, desde la salud hasta la política, desde la familia hasta los negocios. Ritter se encarga tanto de gestionarle a O’Leary un aumento salarial mientras este último ejercía como Encargado de Negocios en España, como de ser el distribuidor en Paraguay de la segunda edición del libro El Mariscal Solano López publicado en Madrid en 1925.

La documentación personal dejada por uno de los intelectuales paraguayos más importantes de la primera mitad del siglo veinte, Juan E. O’Leary, conservada en la Biblioteca Nacional, y que Liliana Brezzo viene investigando pormenorizadamente desde hace más de una década, es una veta inimaginable para la construcción de una historia intelectual, cultural, emocional y social. Además, Brezzo en su capítulo complementa el diario íntimo (que tiene un hiato entre 1920 y 1936) con la correspondencia recibida durante esos años en que O’Leary no registra su día a día. De esta manera logra rescatar tanto la amistad entre ambos como sus propias vidas. Al día siguiente del fallecimiento de Ritter, O’Leary deja una larga, y triste, nota en su diario que concluye con “¡Muere a los 84 años! ¡Otra brecha que se abre en mi vida! Otro amigo viejo que se va. Luto, siempre luto…”.

Finalmente, quisiera detenerme en el texto de Carolina Alegre que trabaja el abordaje en los textos escolares post dictadura stronista de la Guerra contra la Triple Alianza. Toma como ejes de análisis, por un lado, los antecedentes y causas del conflicto; por el otro, la construcción de la identidad nacional (el nosotros y los otros). La autora muestra, a pesar de la variedad de los textos, que el discurso nacionalista aún persiste en la historia escolar y llama a “desencializar” y “desabsolutizar” la memoria de la guerra en la escuela y ofrecer herramientas que ayuden a tener una mirada crítica del pasado.

En general, la obra coordinada por Liliana Brezzo es una bocanada de aire fresco para la historiografía paraguaya y sobre el Paraguay. La mayoría de los autores producen por fuera del Paraguay y, por lo general, en forma de artículos para revistas científicas. Que estas investigaciones lleguen en formato libro y publicado en Asunción hace que el conocimiento se democratice y sirva para construir una historiografía más cercana a las nuevas temáticas y corrientes.

Un dato más, y que no es menor, es la extensión de los textos. En un promedio, cada capítulo redondea las cuarenta páginas, algo atípico para estas obras colectivas. Cada texto, entonces, permite profundizar en el abordaje planteado. Es de agradecer a la editorial, en este caso, el no priorizar intereses económicos en pos de una comprensión más acabada. Se le atribuye a Juan Carlos Herken Krauer el haber afirmado que “Paraguay no es un país, es una obsesión”. Liliana Brezzo también confirma esta idea cuando expresa, refiriéndose a la obra reseñada, que “este libro es manifestación de una fascinación duradera por el Paraguay” (p. 25).

Ignacio Telesca (Instituto de Investigaciones sobre Lenguaje, Sociedad y Territorio, Universidad Nacional de Formosa-CONICET)

Carlos Aguirre y William Fisher: Vigilar, castigar e imprimir. La producción de libros en la Penitenciaría de Lima (1907-1961). Trujillo: Reino de Almagro, 2025, 258 páginas.

La lectura y la cárcel despiertan interés público. Cada año circulan datos y estadísticas sobre lo que leen las personas privadas de libertad, títulos más solicitados, bibliotecas más activas, cifras de préstamos. Estas noticias suelen presentarse con sorpresa, como si la lectura en prisión fuera inesperada. A ello se suma una cierta romantización del libro, asociado a la redención, al consuelo o a una forma de esperanza. Un ejemplo reciente apareció en marzo de 2026, cuando el periódico chileno La Tercera publicó el reportaje “Novelas eróticas y libros de autoayuda: ¿Qué leen los presos en las cárceles chilenas?”. El artículo señalaba que las bibliotecas carcelarias registraban más de cuarenta y tres mil usuarios y cerca de trescientos mil préstamos anuales. También indicaba diferencias en las preferencias, entre las reclusas predominaba la novela romántica, mientras que entre los reclusos destacaban los libros de autoayuda y obras eróticas como Las once mil vergas, escrita por poeta francés Guillaume Apollinaire en 19079. En paralelo, la relación entre encierro y escritura cuenta con figuras reconocidas como Antonio Gramsci, Oscar Wilde o Rosa Luxemburgo, que produjeron parte fundamental de su obra en prisión. De ese modo, la cárcel suele pensarse como un espacio donde lectura y escritura se entrelazan de manera evidente. Sin embargo, casi nunca se atiende al libro en su totalidad, a sus condiciones de producción, a sus circuitos de circulación y a su dimensión material. ¿Puede el libro ser comprendido en esos términos dentro del encierro? Esa es la pregunta que aborda Vigilar, castigar e imprimir, una obra que ofrece una perspectiva original sobre la historia de la edición en América Latina y que encuentra en Lima un escenario privilegiado para explorar la producción librera en contextos carcelarios.

El libro se organiza en siete capítulos que, aunque siguen una línea cronológica general, abordan distintos problemas y adoptan enfoques analíticos diversos. Esta combinación le otorga a la obra una estructura heterogénea, orientada no tanto a una narración lineal como a la construcción de una explicación compleja sobre el circuito del libro en contextos penitenciarios. Desde la introducción, los autores subrayan la singularidad del caso limeño en relación con otras experiencias editoriales carcelarias en América Latina. En particular, destacan que la imprenta de la penitenciaría de Lima no se limitó a una función instrumental o administrativa, sino que participó activamente en la producción de obras de alto valor literario. Más aún, algunos de los libros impresos en sus talleres lograron integrarse al canon literario peruano. En palabras de los autores: “Si algo distingue la producción de la imprenta de la penitenciaría de Lima de cualquiera de sus pares de América Latina fue precisamente el hecho de que en sus talleres se imprimieron títulos que se situaban en la primera línea de la producción literaria de su época y que, con el tiempo, se convirtieron en clásicos de la literatura peruana y codiciadas piezas bibliográficas” (p. 19). Este énfasis comprende la imprenta limeña en una doble dimensión. Por un lado, funcionó como un espacio de trabajo penitenciario vinculado a contratos con el Estado, inserto en lógicas de disciplina y producción propias del sistema carcelario. Y, por otro, operó como un agente cultural con capacidad de intervención en el campo literario nacional. Su producción no quedó confinada al encierro, sino que circuló en el espacio público, integrándose al circuito editorial del país. De hecho, autores reconocidos recurrieron a esta imprenta para publicar sus obras, lo que evidencia tanto su prestigio como su inserción efectiva en las redes de producción y difusión literaria.

Desde el primer capítulo, Aguirre y Fisher establecen la relación entre la expansión de la cultura impresa, el crecimiento del público lector y el uso del trabajo de los presos en la imprenta penitenciaria. Este problema puede situarse en diálogo con La aparición del libro de Lucien Febvre y Henri-Jean Martin, obra que permite comprender que la expansión del impreso no solo transformó la producción y circulación del libro, sino que abrió un campo más amplio de prácticas escritas. En esa misma dirección, el análisis de Lisa Gitelman en Paper Knowledge: Toward a Media History of Documents muestra que ese proceso incluyó la consolidación de un universo de impresos burocráticos, como libros de contabilidad, papeles membretados, códigos y reglamentos, que constituyeron un nuevo nicho dentro del mercado de la imprenta. En este sentido, los autores subrayan que este tipo de impresos, fundamentales para el funcionamiento del Estado y de diversas instituciones, no siempre fue asumido por las imprentas comerciales tradicionales. Allí es donde espacios como la imprenta de la penitenciaría adquirieron un papel relevante, al encargarse de esta producción burocrática de manera sistemática. Este trabajo se justificaba, además, en términos penales: el oficio tipográfico era concebido como “una nueva terapia penal”, en la medida en que permitía disciplinar y formar a los presos, facilitando su eventual reinserción social.

En sus inicios, y en un contexto marcado por prejuicios sociales, la imprenta de la penitenciaría fue concebida casi exclusivamente como un dispositivo destinado a la producción de impresos legales y administrativos. El mundo editorial no la percibía como una posible competencia dentro del ya restringido mercado lector. Esta situación se explicaba tanto por el estigma asociado a su origen carcelario como por condiciones estructurales del propio campo editorial. Como señalan los autores, ello respondía a “la falta de compromiso del Estado y un conjunto de prácticas patrimonialistas con empresarios y comerciantes que hicieron que dicha competencia no representara una amenaza al sector privado” (p. 47). Con el tiempo, sin embargo, este escenario comenzó a cambiar. La imprenta penitenciaria amplió de manera progresiva su campo de acción y dejó de centrarse únicamente en impresos burocráticos para involucrarse en la publicación de obras literarias. En ese proceso, algunos sectores, incluidas ciertas corrientes de vanguardia, encontraron en este espacio una alternativa de publicación confiable, tanto por la calidad técnica del trabajo como por las condiciones de producción que ofrecía. De este modo, la penitenciaría dejó de ocupar un lugar marginal en el mundo del libro y pasó a convertirse en un actor con incidencia efectiva en el circuito editorial.

A lo largo de sus capítulos, Vigilar, castigar e imprimir reconstruye los distintos factores que convirtieron a la imprenta de la penitenciaría de Lima en un espacio reconocido dentro del complejo circuito literario peruano. En primer lugar, destaca lo que los autores denominan un “hecho extraordinario”: la publicación de tres de los escritores más “destacados e innovadores” de las primeras décadas del siglo xx, como José María Eguren, Abraham Valdelomar y César Vallejo. Estas figuras, “alejados de la sociedad tradicional y la cultura oficial”, optaron por publicar sus obras en una empresa estatal, lo que resulta llamativo e incluso contradictorio para comprender el funcionamiento del campo literario e intelectual peruano (p. 63). En segundo lugar, el libro presta atención a los aspectos materiales de la impresión. La imprenta de la penitenciaría ofrecía un trabajo de buena calidad a un costo menor que el de las imprentas comerciales. Esto se debía, en gran medida, a que los jornales de los detenidos eran más bajos que los de los trabajadores libres, lo que reducía los costos de producción y, en consecuencia, el precio del servicio. A nivel de diseño, además, la imprenta transitó desde formatos más clásicos hacia propuestas más arriesgadas, en sintonía con las búsquedas de las vanguardias peruanas. El caso de Walpúrgicas de Luis Berninsone, publicado en 1917, resulta ilustrativo. La obra experimenta con la disposición espacial de los versos, en una línea comparable a las exploraciones de Stéphane Mallarmé en el siglo xix y de Vicente Huidobro en Chile, lo que da cuenta de una apertura a la innovación formal desde el propio espacio de impresión. Por último, un elemento importante es la mediación. Como muestra el libro, uno de los principales límites de esta imprenta era que ofrecía únicamente el servicio de impresión, por lo que la difusión de las obras y del trabajo de la imprenta dependía de las redes intelectuales de los propios autores. A través de reseñas, recomendaciones y circulación boca a boca, estos escritores debían posicionar sus libros en el mercado lector. Un ejemplo claro son las reseñas de La Mariscala de Abraham Valdelomar, en las que se destacaba “la edición primorosa” y la atención “hasta en los menores detalles de impresión”. Estas valoraciones subrayan un aspecto pocas veces considerado como la importancia de la materialidad y la calidad editorial.

Un último aspecto que aborda el libro es la manera en que sus autores logran incorporar, en la reconstrucción de la producción librera, una dimensión íntima y personal. El caso más significativo es la publicación de Trilce y Escalas de César Vallejo, obras impresas en la penitenciaría que remiten a una experiencia mucho más profunda, ya que nacen en estrecha relación con el paso del propio escritor por la cárcel. En este punto, el análisis podría dialogar de manera sugerente con los planteamientos de José Luis de Diego en Los autores no escriben libros, tensionando su premisa. Aquí, la pregunta se desplaza: si el libro es el resultado de una cadena de mediaciones, ¿qué ocurre cuando el espacio de encierro atraviesa tanto la escritura como su materialización? En este caso, la experiencia escritural se entrelaza de manera directa con el proceso de producción material. La cárcel no solo condiciona el contenido de la obra, sino que también participa de su existencia como objeto. Desde esta perspectiva, Aguirre y Fisher introducen una reflexión cargada de sensibilidad al preguntarse si quienes trabajaban en la imprenta habrán sido conscientes de esa conexión. Es decir, si esos operarios pudieron advertir que el libro que imprimían contenía, de algún modo, la huella de la experiencia carcelaria, los “golpes de la vida” asociados a los meses de encierro que vivió Vallejo. Así, el libro no aparece solo como un producto cultural, sino como un objeto atravesado por una experiencia compartida, en la que convergen escritura, trabajo y reclusión.

Gran parte de los atributos de este libro reside en la sensibilidad y honestidad de quienes lo escriben. En un apartado del último capítulo, dedicado a los trabajadores, lo titulan “los actores (casi) invisibles”. Allí dan cuenta de la escasez de fuentes disponibles para reconstruir una historia social de los operarios de imprenta. Esta limitación no solo afecta el conocimiento de los aspectos técnicos del oficio, como el manejo del linotipo u otras máquinas, sino también de las condiciones materiales en que desarrollaban su trabajo cotidiano, muchas veces marcadas por la precariedad. Es en este punto donde el libro abre una línea de reflexión relevante. Al visibilizar estas trayectorias, se instala un debate entre la persistente romantización del libro como objeto cultural y las formas de sobreexplotación obrera que han sostenido su producción, generalmente ausentes del cuestionamiento público. Esta tensión constituye uno de los aportes más sugerentes de la obra y plantea un desafío para futuras investigaciones, que podrían retomar estas problemáticas en nuevas propuestas historiográficas sobre la historia del libro y la edición.

Para finalizar, no queda más que recomendar esta obra. Se trata de un trabajo que, desde lo material, resulta especialmente logrado gracias a la calidad de sus fotografías y de su edición. Al mismo tiempo, su rigurosa investigación invita a pensar nuevos espacios de edición y a reconsiderar los usos de los impresos en Latinoamérica en la investigación histórica.

Sebastián Hernández Toledo (Universidad Adolfo Ibáñez, Santiago de Chile)

Índice de títulos reseñados

Aguirre, Carlos / Fisher, William: Vigilar, castigar e imprimir. La producción de libros en la Penitenciaría de Lima (1907-1961) (Sebastián Hernández Toledo) 313

Alvar, Alfredo Esquerra: Cervantes: la verdad del hombre a través de sus documentos (Volker Jaeckel) 279

Amenábar, Alejandro (dir.): El cautivo. Película (Volker Jaeckel) 279

Arenas Posadas, Carlos: El Estado pesebre. Una historia de las élites españolas (Carlos Larrinaga) 299

Bengoechea, Soledad: Barcelona 1919. La huelga patronal que alumbró la dictadura de Primo de Rivera (Carlos Larrinaga) 301

Brezzo, Liliana M. (coord.): Paraguay. Escrituras y representaciones del pasado (Ignacio Telesca) 310

Carrasco Manchado, Ana Isabel / Fuente Pérez, María Jesús / Montero Málaga, Alicia (eds.): El presente de un pasado imaginario. Edad Media y neomedievalismo en la era digital (Jéromine François) 281

Cooley, Mackenzie / Wu, Huiyi (eds.): Knowing an Empire. Early Modern Chinese and Spanish Worlds in Dialogue (Lasse Hölck) 296

Domínguez, María José: Dulcinea plural: España en busca de una imagen (Volker Jaeckel) 279

Grandío, Emilio / Píriz, Carlos (eds.): La España espiada. Redes de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial (Pedro Barruso Barés) 305

Layna Ranz, Francisco: Trinchera, tribuna y periódicos. Lecturas políticas del Quijote (España y Latinoamérica, 1898-1950) (Volker Jaeckel) 279

Megías, José Manuel Lucía: Cervantes íntimo: Amor y sexo en los Siglos de Oro (Volker Jaeckel) 279

Nueda Lozano, Alba (coord.): Hogares rotos. La Guerra Civil y su impacto en las familias españolas (Enrique García García) 303

Pensado, Jaime M.: Love and Despair. How Catholic Activism Shaped Politics and the Counterculture in Modern Mexico (Christian Büschges) 308

Pérez-Magallón, Jesús: “La muerte de don Quijote”. Nacionalismos periféricos, Cervantes y el Quijote (Volker Jaeckel) 279

Silva de la Mora, Raúl: Roberto Bolaño: real infrarrealista (Catherina Saavedra) 287

Vázquez-Fariñas, María / Cabrera-Gallardo, Francisco (eds.): Business Trajectories in the History of Spain. Sectors, Figures and Transformations (Giuseppe Calò) 291

Villares, Ramón: Repensar Iberia. Del iberismo peninsular al horizonte europeo (Xosé Manuel Dasilva) 284


1 Badré, Fréderic. 2003. L’ avenir de la littérature. Paris: Gallimard, p. 123

2 “Déjenlo todo nuevamente: Primer manifiesto infrarrealista”. Ciudad de México, Correspondencia Infra, n.º octubre-noviembre, 1977.

3 Rodríguez Valle, Nieves. 2013. “El coyote: protagonista ambivalente en el imaginario mexicano”. Revista de El Colegio de San Luis, vol. 6: 161-175.

4 Heidegger, Martin. 1986. El ser y el tiempo. Ciudad de México: Fondo de cultura económica, p. 181.

5 Bolaño, Roberto. 1998. Los detectives salvajes. Barcelona: Anagrama, p. 496.

6 Debord, Guy. [1967] 2005. La sociedad del espectáculo. Joaquín Jordá (trad.). Madrid: Pre-Textos.

7 Sontag, Susan. [1977] 1996. Sobre la fotografía. Carlos Gardini (trad.) Barcelona: Edhasa.

8 Han, Byung-Chul. [1977] 1996. La expulsión de lo distinto. Alberto Ciria (trad.). Barcelona: Herder.

9 “Novelas eróticas y libros de autoayuda. ¿Qué leen los presos en las cárceles chilenas?”, La Tercera, Santiago, 7 de marzo de 2026.