Pratique divinatoire et cycle liturgique chez les anciens Mexicains

Jacqueline de Durand-Forest

Resumen


La adivinación y sus innumerables prácticas, verdadera obsesión de la Mesoamérica, influenciaba cada instante de la vida del individuo y del grupo. Incumbía al Tonalpouhqui la consultación y la interpretación del Tonalamatl (Libro del destino). Pronosticaba el futuro, considerando varios criterios, tales c o m o la suerte del signo del día, y la del numeral que le acompañaba, y de las series de dioses protectores. Además, el número importante de "variables" del cual disponía el Tonalpouhqui, le impedía equivocarse seriamente en la interpretación de los acontecimientos, a partir de sus libros. El rol de dueños del destino, conferido a los dioses por los teólogos, difería del que estas mismas deidades desempeñaban en el ciclo litúrgico. Entre las 18 fiestas anuales 11 eran dedicadas a los dioses de la tierra y del agua, 4 a los dioses astrales y 3 a los dioses del fuego y de la caza, los cuales actuaban c o m o los intermediarios de las dos categorías de deidades. Como ejemplo se analizan dos fiestas a la vez generales y corporativas, la fiesta de Ochpaniztli y la de Panquetzaliztli así como la de Atamalcualiztli, celebrada cada ocho años. Muy a menudo aparecen discrepancias entre un Codex y otro, como entre las descripciones escritas en nahuatl y en español que reflejan, sin duda, tradiciones locales diferentes y privilegian tal aspecto o tal atributo de la deidad, o tal vez momentos particulares de la ceremonia.

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DOI: http://dx.doi.org/10.18441/ind.v10i0.163-181

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